martes, 28 de agosto de 2012

Capitulo 8


MALA IDEA

Sus pasos se podían solo oír si eras un especial espía con tus sentidos altamente desarrollados, la chica se desplazaba de árbol en árbol para no ser vista. Luego de haberse encontrado con una credencial de otra compañía en el traje de aquel misterioso hombre que yacía muerto… su presentimiento cobraba sentido lógico.

La fría mañana jugaba en su contra, la falta de calor le hacía distraerse rápido, podía confundirse con cualquier mísero ruido, hasta con sus propios pasos en la densa nieve que cubría el césped. Se adentraba cada vez más en las tierras, las miras de un trío de francotiradores la observaban a lo largo de su trayecto por el territorio de St. John. Phoenix podía sentirse presa de miradas, pero las condiciones climáticas no la dejaban trabajar con su cien por ciento de rendimiento… claramente estaba en desventaja.

A las afueras Thomas buscaba aún la manera de entrar sin ser descubierto, o al menos no de correr el riesgo suficiente como para acabar en desventaja frente a dicha competencia. Pero su nombre era reconocido por el gran trabajo que podía brindar a sus misiones… esta no sería una excepción.

Se acercó como cualquier otro transeúnte a los agentes quienes lo observaron con extrema alerta pero con disimulo, Lewis los miró sonriente con aquella ironía que lo destaca todo el tiempo, hizo un leve movimiento como si fuera a ver la hora en su muñeca izquierda y con un rápido actuar tomó sus armas, acabó con los cinco hombres robustos que impedían el paso, disparos certeros en el centro de sus frentes acabaron con cada uno; creyó que había cumplido con todo, pero un ruido al interior de uno de los vehículos lo alertó de que aún no había terminado. Caminó sin apuro, abrió la puerta trasera y le dio al sujeto con seis disparos en su pecho para asegurarse de que esta vez había acabado.

Registró cada uno de los cuerpos para quedarse con las municiones que le harían falta, revisó sus credenciales y se percató del plan cuando revisó la guantera de uno de los autos. El nombre de varios funcionarios les parecían conocidos, pero hubo uno en especial que no le gustó para nada: Alice Graf.

Tomó uno de los teléfonos que tenían los sujetos y marcó apresuradamente el número central de ASO, pidió contacto directo con Xavier, quien no quería atenderlo al pensar que era un traidor.

        ¿Alice…Graf? ¿Estás seguro de lo que me estás diciendo? – dijo alterado al otro lado del teléfono.
        ¿Crees que estaría dándome el tiempo de llamarte si no estuviera seguro? Si no quieres que las cosas se salgan de control será mejor que mandes un buen equipo… Hay otra compañía por estos lugares y Krauss decidió entrar sola, para variar…
        Jhonny va para allá con un grupo, de seguro ya está por llegar, le informaré de tu localización para que se encuentren – guardó silencio un rato – Asegúrate de que Phoenix salga de allí con vida… y que no se encuentre con Graf por nada ¿entendiste?
        Si, señor.

Cuando acabó el contacto con Lewis, el superior no dudó dos veces y se comunicó con Jhonny para informarle sobre la situación a la que debería enfrentarse cuando se encontrase en tierras Irlandesas. Albert, Frederick y el mismo Jhonny sabían que esto sucedería tarde o temprano, ya que todo esto era consecuencia de las erróneas acciones que decidieron tomar antes de la liberación de Phoenix.

Samantha iba con ellos y aunque su entrenamiento no era el mismo que el de los agentes, estaba preparada para enfrentar este tipo de situaciones. Tal vez su temple sería una buena arma para persuadir al enemigo cuando se requiera hacerlo.

Lewis decidió avanzar mientras se aproximaba el grupo de “refuerzos”, no pretendía dejar sola a la pelirroja que avanzaba cada vez más, dejando victimas tras su paso sin piedad. Thomas perseguía sus pasos profundos implantados en la profunda nieve, seguía su rastro como un buen detective, usó sus buenos ojos para darse cuenta de que a la lejanía habían personas con armas de alto calibre dispuestos a dar caza a la pelirroja, sabía que esto iba en serio.

Phoenix avanzaba como una bailarina en pleno teatro, haciendo acrobacias para esquivar los disparos de los pocos agentes que se dedicaron a hacer guardia hasta su llegada, los que por obviedad acaban muertos por disparos directos y mortales. Mordía su labio de vez en cuando, el frío estaba partiéndolos y comenzaba a ser presa de hipotermia en primer grado.

Ella ya se había dado cuenta que la estaban esperando, que solo era cuestión de minutos para que la rodearan y comenzaran a dispararle a quemarropa, solo tenía que esperar… pero no mucho, sus municiones eran limitadas, ya que no iba preparada con el equipo que correspondía. Siquiera traía un plan de respaldo.

Jhonny y el equipo aterrizó en el aeropuerto de Dublín luego de tres horas después de que Lewis contactara a su jefe, el grupo entró acelerado por las tierras siendo guiados por los cadáveres que iban apareciendo en el camino, mientras que registraban todo e iban atentos a cualquier movimiento que pudiera ser sospechoso.

Más adelante, en la densidad del bosque nevado Phoenix permanecía sentada junto a un grueso roble sin muchas hojas, temblando completamente al haber permanecido allí unos diez minutos esperando a que alguno de los agentes que permanecía parados en la entrada se acercara y pudiera acabar con él usando algunas de sus técnicas de pelea cuerpo a cuerpo. Pero nada, ellos estaban esperando a que la chica fuera hacia ellos.

Un poco más atrás de Phoenix estaba Thomas, quien intentaba dar con lejanos disparos hacía los francotiradores que permanecían en lo alto del psiquiátrico, pero fallaba, no tenía la potencia necesaria como para acabar con ellos, y no podía acercarse más a la chica ya que cada vez que se movía del árbol en que estaba un disparo iba directo hacia él, por suerte tenía reflejos rápidos para esquivarlos.
        Allí están – dijo Frederick encogiendo sus ojos.

        ¿Por qué no se mueven? – se extrañó Albert.
        De seguro se acabaron las municiones… o es porque los francotiradores ya los vieron – Jhonny era sabio.
        ¿Qué haremos entonces? Nosotros tampoco podremos avanzar – acotó Samantha – No creo que esto acabe aquí… ¿O si?

Y antes de que alguno de los agentes pudiera responder su pregunta tan incierta, Phoenix entró en acción.

Sus ojos ardiendo en llamas, despertando la bestia que la volvía peligrosa; el frío desapareció de su cuerpo de una manera extraordinaria, se puso de pie y apretó sus puños, tomó con fuerza las armas que traía y que no tenían más balas, corriendo se aproximo a la entrada como una misión suicida.

Los hombres abrieron fuego como tanto habían esperado y el paro cardiaco apareció en los espectadores, el equipo de Jhonny, Lewis y los observadores alejados pensaron claramente que era el fin… no había oportunidad para que la chica saliera viva de aquello, por primera vez algunos presenciaban la magia de Phoenix Krauss.

Corría sin cesar, se movía a una velocidad perturbadora, asombrando a todos. Esquivó la mayoría de las balas que se dirigían a ella, unas cuantas impactaron en diferentes partes de su cuerpo, pero no se detenía por nada. Sangre salía por su boca mientras no pestañeaba por nada del mundo, como si sus ojos examinaran cada movimiento que se realizara por los sujetos que se encontraban en su frente. Llegó a ellos lanzando sus armas para despistarlos un poco y sus golpes fueron efectivos, le quebró el cuello a seis de ellos y a los otros dos simplemente les rompió el rostro azotando su cabeza contra la pared.

Al llegar a la entrada se apoyó en una pared que no fuera visible desde el punto en donde estaban los francotiradores y calmó su adrenalina apretando con fuerza sus ojos cerrados, tomando en cuenta que había sido herida por casi diez balas a lo largo de su cuerpo. Descansaba tranquila, si es que así puede llamarse mientras a la lejanía los espectadores (a excepción de Jhonny) aún procesaban lo ocurrido, parecía sacado de una película.

        Vaya… – dijo atónita Samantha – Jamás había visto a alguien moverse tan rápido…
        Bajo presión trabaja mejor – sonreía Albert.

Phoenix miró con precisión hacia el bosque en donde se encontraba la gente que venía tras ella por parte de ASO, tragó saliva abruptamente y se puso de pie, poniendo alerta a todos los espectadores, miro hasta lo que parecía ser directo a Jhonny y sonrió de una manera perturbadora, luego de aquello se propuso entrar en el psiquiátrico para acabar con su misión.

Todo el mundo se puso como loco, no podían dejar que entrara sin armas, mucho menos herida de tal manera como lo estaba. Lewis corrió en zig-zag para despistar al par de francotiradores que lo observaban hace rato y entró tras la chica, el equipo de Smirnov se encargó de ubicar a los tiradores e intentar acabar con ellos de alguna manera, ya que las armas que traían era de corto alcance y no tendrían buenos resultados si no se lo proponían.

Dentro del instituto de recapacitación mental los aires estaban calmos, parecía un mal momento… No había nadie a la vista y todas las cámaras de seguridad estaban atentas mirando hacia la entrada. Phoenix no sentía presión en ese instante, el frío congelaba sus miedos y tentaciones, solo se dejaba llevar por las presencias que parecían mostrarle el camino correcto.

Caminó en dirección recta sin pestañear y con el cuerpo y la cara ensangrentada hasta el final del pasillo principal, podía sentir el resonar de sus zapatos duros y sucios por toda la zona con un eco aterrador; giró a la izquierda por donde recuerda a la perfección que allí fue su último chequeo antes de salir y se encontró con otro par de grandes sujetos que querían intimidarla con armas casi al estilo medieval. Sonreían pensando que sería pan comido, si todo salía mal con ellos, atrás de la chica había una mujer apuntando directamente… ella no podría fallar el tiro.

        Vamos a divertirnos un poco – dijo uno de ellos riendo.
        Está bien… divirtámonos – sonrió ampliamente Krauss.

Sus ojos se enfocaron duramente en ambos hombres logrando que se sintieran intimidados por su mirada asesina y sicótica. De la misma nada todo el pasillo cayó en una profunda oscuridad, las luces se fueron, las ventanas se nublaron de unas extrañas sombras que impidieron el paso absoluto de la luz hacia el interior; un grito bestial aceleró el ritmo cardiaco de los tres presentes acompañantes de la chica, no podían ver nada… y eso los asustaba.

Sentían que alguien caminaba a una velocidad lenta, podía oírse una respiración acelerada que irrumpía el pensamiento de cualquiera. Todo acabó con el grito de la mujer cuando unos disparos atravesaron su pecho tres veces, los hombres yacían en el suelo ahorcados con sus propias demoledoras y torturadoras armas. La luz volvió al cabo de unos segundos… Phoenix estaba ilesa, con la mirada cansada e ida, el frío estaba volviendo a ella.

Entonces siguió avanzando por la puerta del costado derecho, el gran portón que la llevaría al centro de actividades en donde tampoco había nadie, la chimenea estaba encendida y la radio emitía un ruido de interferencia. El vapor salía de la boca de Phoenix, se sentía incómoda al recordar todo lo que tuvo que pasar allí, los malos momentos que tuvo que enfrentar a causa de un exilio innecesario… su mente se estaba retorciendo.

Unos ruidos a su espalda llamó su atención como cualquiera lo hubiera echo, pero antes de que pudiera mirar quien estaba tras ella una aguja fue inyectada en su cuello brutalmente, haciéndola caer del dolor y perder el conocimiento luego de sentir una voz que le parecía muy familiar. Lewis ingresó al mismo cuarto luego de sentir que peso muerto había caído, abrió la puerta de par en par sin preocuparse de ser meticuloso; vio caído el cuerpo de Phoenix y miró a la culpable con asombro.

        Has llegado tarde – decía Alice sin emoción alguna en su voz o rostro.

Thomas no sabía que pensar precisamente, pensó mil atrocidades pero ninguna estaba cerca de lo que en verdad había ocurrido. No pudo idear otra estrategia y se lanzó a golpes contra la rubia iluminada, golpes certeros que no daban en el blanco, la chica sabía defenderse a la perfección, interceptaba cada golpe que el inglés daba, incluso parecía que él tenía la jugada en su contra… Pero no se iba a rendir tan fácil, menos ante una mujer. De la misma nada sacó una fuerza asombrosa que mantenía reposando desde su última misión, con hábiles movimientos acabó con la rubia lanzándola lejos y dándole tiempo suficiente para tomar a la pelirroja y largarse de ahí.

A las afueras del lugar el equipo seguía luchando contra los francotiradores que no daban por sentada su localización, se movían de un lugar a otro constantemente para desviar su atención y no ser presas fáciles. Los hombres se estaban preocupando demasiado, más aún al haber perdido de vista hace ya mucho rato al encargo que los había traído hasta Irlanda.

Dentro del edificio, por los fríos pasillos iba Thomas con Phoenix en sus brazos de forma nupcial, cubierta de sangre y heridas; su peso le costaba trabajo correr y encontrar la salida, por los mismo nervios y desesperación parecía perderse cada vez más… alejándose por completo de la puerta principal. Unos pasos comenzaron a indicarle que estaba siendo perseguido, se puso más alerta y comenzó a sentirse sofocado.

Parecía que todo estaba perdido, pero una rara sensación apareció y lo hizo correr con fuerzas hacía una dirección de la que no se había percatado, se giró hacia un costado y miró para atrás para ver como unos cuantos agentes lo seguían con absoluta disposición para acabar con él. Con su hombro derecho y parte superior de su brazo abrió la puerta con fuerza, el blanco del día molestó sus ojos pero no se detuvo; siguió corriendo en dirección recta alertando la vista de los francotiradores. El equipo de Jhonny se percató de sus actuales posiciones y acabaron con ellos cuando trataron de darle a Lewis mientras corría hacía el bosque.

En la puerta quedó Alice parada con sus puños apretados mientras veía como la multitud de ASO huía con el objetivo que debía eliminar, encogía sus ojos para apreciar el rostro de los agentes que sabían quién era ella… el asombro que dejaron escapar la alimentó de ese miedo que le hacía falta.

Smirnov le gritaba a Lewis mientras éste no dejaba de correr, el rubio quería explicaciones sobre que era lo que había ocurrido con Phoenix, pero el inglés no estaba precisamente dispuesto a detenerse y pararse a conversar con él; lo único que en ese momento necesitaban era salir de St. John y buscar un lugar seguro.

Corrieron hasta las afueras, los autos estaban aún ahí, pero explotados tal como los había dejado Thomas antes de entrar, Albert y Frederick los guiaron hasta las camionetas que ellos había traído, los hicieron subir y emprendieron camino… antes de irse del país pasaron a la residencial en donde Krauss y Lewis pasaron la noche, logrando que el enojo de Jhonny creciera aún más al ver que solo había una cama. No hubo tiempo para mayores explicaciones, todos estaban acelerados y esperando que Alice no los estuviera siguiendo, pagaron lo debido en aquella residencial y volvieron a los vehículos.

Partieron directo a la frontera con Inglaterra para buscar una base segura, el antiguo estatuto de Thomas Lewis sería lo que por ahora los tendría a salvo. Una vieja localidad en Liverpool sería por el momento su guarida hasta saber que le había pasado a Krauss y al menos saber… si aún seguía viva.

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