CONFUSIÓN
Dormía con el enemigo. Su
respiración pasiva y tranquila no la dejaba descansar. La situación ya era
bastante extraña al tener que dormir con una mujer que solo ese mismo día había
conocido y, que por alguna extraña razón la hacía desconfiar.
Impaciente Phoenix se
levantó cuando el reloj marcaba las tres con veinte y ocho minutos, sus suaves
pasos a través del pasillo la llevaron hasta el comedor, bajó un escalón y se
sentó en el sofá del living que colindaba con el comedor, miró atenta las
maletas de Samantha… incluso parecía que las maletas aclamaban que las
revisara, pero no quería volverse paranoica y acabar metiendo la pata.
En ese momento, mientras
comenzaba a analizar la situación una sombra apareció en la puerta de entrada,
una silueta densa y oscura permanecía parada bajo el umbral, pidiendo atención. Krauss se sintió
atraída al ente de una manera especial, así que dejó en paz las cosas de la
mujer y se abrigó con un largo sweater, abrió la puerta y siguió a la sombra
que se desvaneció en la entrada del edificio. Permaneció para allí y sintió la
presencia de alguien dentro de la oscuridad.
–
¿Sigues cayendo en la misma trampa? – susurró.
–
Si estás aquí
es por algo – dijo sin ganas.
–
Has acertado
una vez más, niña…
Su rostro tatuado apareció
desde las sombras de la entrada, se detuvo justo en frente de la chica quien lo
observaba sin asombro, tan solo unos diez centímetros los mantenían alejados a
ambos. Sus ojos mantenían miradas fuertes, no eran necesarias largas charlas…
podían comunicarse de una manera especial.
–
Ellos van a
dañarte.
–
¿Razones?
– se extrañó.
–
Aún no las sé…
– sus ojos seguían viéndose – Pero nada bueno pasará si continuas con ellos,
están planeando algo en tu contra y es seguro que las cosas no saldrán bien…
–
No se
atreverían a hacerlo, ellos no pueden conmigo – sonrió de costado.
–
Harán el
intento, de eso no cabe duda, niña…
–
Me prepararé
entonces, no caeré ante nadie nunca más – dijo firme, desconfiando del
ambiente.
–
Puedo
ayudarte, si quieres… – extendió su mano.
Phoenix sonrió dulcemente
por aquel gesto, pero antes de que pudiera decir o pensar cualquier otra cosa
una voz irrumpió en el ambiente, unos pasos provenían desde su espalda y
Samantha se hizo notar. Patrick entrecerró sus ojos frente a la pelirroja y llevó
su mano de vuelta a su costado, pestañeó lentamente y se giró para marcharse.
Samantha se aproximó a la
chica y preguntó por ese hombre tan extraño, Krauss simplemente guardó
silencio. Volvieron a dormirse dentro de lo que se podía, a la mañana siguiente
la pelirroja sería victima de conversaciones desde su comedor, aquellos leves
ruidos alborotaron su sueño y la obligaron a despertarse, caminó lentamente y
se encontró a Jhonny desayunando junto a Samantha, que por alguna razón ya
estaba lista para irse.
Phoenix volvió a su cuarto molesta, tomó ropa y se metió en la
ducha, lavó su cabello con ira hiriendo su cuero cabelludo, además de
rasguñarse el cuello. Se vistió con simples jeans oscuros, unas botas, una
camiseta que la abrigaba lo suficiente y un abrigo largo y negro, se maquilló
densamente como lo hacía siempre y salió del baño a su cuarto, arregló un par
de armas que puso dentro de su cinturón y salió de allí.
Smirnov y Blair salieron
persiguiéndola sin entender que estaba sucediendo con ella, la detuvieron antes
de que subiera a su coche.
–
Ya dije que no quería verte – le dijo con el seño
fruncido.
–
¿Podemos
charlar? – le gritó desesperado, ya estaba harto de que ella huyera.
–
Puedo dejarlos
solos si quieren – sonrió una vez más Samantha.
–
Por favor Phoenix…
Jhonny le suplicaba
tiempo, y ella se negó una vez más, subió al auto y aceleró sin mirar atrás,
condujo hasta ASO sin saber lo que ahora haría, solo quería distraerse un poco,
escapar de todos… tener un momento a solas con ella misma. Ingresó en su
cubículo y observó unas carpetas con expedientes dentro, los revisó y luego
miró a sus alrededores, habían ojos mirándola fijamente sin siquiera disimular
un poco. Se sintió incomoda. Sin
más, metió esos papeles dentro de su bolso con implementos y salió del piso,
encontrándose con Thomas en el elevador, quien la tomó del brazo y la metió al
elevador a la fuerza luego de que se fijara en su gran equipaje.
La chica se extrañó, no
entendía nada y el hombre no quiso decir nada hasta que estuvieran en el coche
de Lewis, Krauss pedía explicaciones y el hombre no respondía nada, hasta que
comenzó a alejarse de la ciudad en dirección al bosque fronterizo en donde
saldrían de Rusia para tomar un avión en uno de los países vecinos y volarían a
Irlanda.
–
¿Qué te pasó?
¿Por qué llegaste así a la compañía? – dijo sin mirarla.
–
No te importa
– titubeó – ¿Qué te sucede a ti? ¿A dónde me llevas?
–
Claro que me
importa, llegaste armando caos y chocaste a dos autos afuera de la compañía –
rió como si fuera muy gracioso – Definitivamente algo te pasa – la miró de
reojo.
Frunció el seño como una
niña caprichosa sin su premio, entonces el aire comenzó a fluir extrañamente
entre los dos una vez más, con una confianza extraña que hacía sentir a ambos
diferente.
Thomas detuvo el auto en
el nevado camino que estaban recorriendo, respiró profundo y miró una vez más a
su acompañante fijándose esta vez en los rasguños en su cuello y su mirada
abatida. Le preguntó si alguien le había hecho daño, ella negó con su cabeza
sin expresión alguna en su rostro.
–
¿Puedo
preguntarte algo? Pero quiero que me respondas con la verdad – encogió sus
ojos.
–
Ya lo hiciste – rió la chica, él la acompañó con una sonrisa – Está bien…
–
¿Tú y Smirnov tienen algo…?
Jaque.
Un punto que ella nunca quiso tocar, sin embargo siempre fue una latente
interrogante para la gente que rodeaba a ambos. La chica se sintió mal pero no
lo hizo notar, sonrió irónica como lo hacía a menudo y respondió con un sutil no. Thomas insistió en que había algo
entre ellos, sus actitudes lo demostraban y era un poco obvio, pero en verdad
nunca tuvieron algo concreto, nada más que revolcones y encuentros a
escondidas.
Luego de aquella extraña
charla, el auto volvió a su camino y Krauss volvió a cuestionarse cosas en
silencio, el camino era largo y agotador de tanto ver árboles cubiertos de
nieve blanca y espesa.
En ASO ardía Troya mientras Xavier se enteraba de que Phoenix se había
marchado sin el equipo necesario hacía Irlanda para acabar con las personas que
se le había indicado, más aún su ira era presentada pues Samantha no la había
acompañado. La encargada de dar bitácora de cada movimiento que la pelirroja
hacía, de cada acción que tomaba, el
anciano estaba en llamas.
Jhonny averiguó en
recepción que vieron saliendo a su compañera junto a Thomas Lewis. Le asqueaba
el hecho de que la chica estuviera sola con él, ya que el sujeto o podría
decidir matarla ya que la detestaba… o pudiera aprovecharse de ella, desde que pasó aquello en el departamento de Krauss
que comenzaba a actuar diferente con ella. Miles de cosas pasaban por la mente
del rubio, sentía impotencia al no saber siquiera en donde ahora se
encontraban.
–
¿Qué haremos
entonces? – le preguntó la psicóloga.
–
Ubicar a Lewis
con la GPS – frunció el seño.
–
¿Estás bien? –
se extrañó la mujer.
–
¡No! –
dijo alterado – Claro que no, las cosas si se salen de control… no podrán contarse.
La mujer no entendía a que
se refería exactamente con esa frase, pero le perturbaba ver al rubio caminar
de lado a lado tocándose la cabeza como si algo terrible pudiera ocurrir.
Samantha intentaba calmarlo, pero no podía hacer mucho.
Xavier los citó a ambos a
su oficina y les indicó las misiones que se le habían encomendado a Krauss
antes de que desapareciera esa mañana, entonces Jhonny tomó la decisión de
llevarse a un grupo de agentes e ir en búsqueda de la chica antes de que
cualquier cosa pudiera pasar. En sí ya era peligroso de que Phoenix fuera solo
con un acompañante a una de sus misiones, ya que muchas otras compañías querían
acabar con ella, además de que los Illuminati harían cualquier cosa por
llevarla a ellos… El asunto quedaba al
azar.
Pudieron localizar el auto
de Lewis luego de casi un día después de que desapareciera de ASO, el problema
fue que cuando llegaron hasta donde estaba el vehículo éste estaba vacío, sin
absolutamente nada en su interior, siquiera algún tipo de documento. Lo que
complicaría aún más la búsqueda.
El avión en que los dos
fugitivos viajaban aterrizó en Dublín pasado el amanecer, tan solo unas pocas
cosas traían, decidieron quedarse a dormir en una residencial… una vieja casa
que servía como hotel para turistas con poco dinero, siendo que ellos tenían
suficiente como para ir a uno lujoso y maravilloso. Debían mantener apariencias.
–
Hay solo una cama… – Phoenix elevó sus cejas con una risa de asombro.
–
Vaya… tendré
que dormir en el sofá – ironizó Thomas dejando su bolso junto a la cama.
–
Es un cuarto –
se extrañó – No hay sofás aquí – lo miró riendo.
–
Cierto, eso
complica aún más las cosas – le siguió el juego.
Por primera vez veía a la
pelirroja reír de verdad, entonces se sintió cómodo, como si las cosas no
pudieran salir mal después de todo, aunque la compañía los estuvieran buscando
desesperadamente pensando en que se relevarían y atacarían. Solo eran ideas de
ellos, en verdad Lewis y Krauss solo iban a cumplir sus misiones encomendadas,
la gente en ASO solo estaba paranoica, sobre
todo Jhonny.
La noche había caído con
frío y regocijo en aquel cuarto desmoronado, la brisa podía entrar por el marco
de la ventana que estaba justo en frente de la cama, Lewis no quería acostarse
antes de que la chica lo hiciera, y ella no quería dormir precisamente. Estaba
inquieta y solo quería deshacerse de su estrés apretando el gatillo frente a
alguien que lo mereciera, pero el inglés se percató de su forma de actuar y no
ocultó su interrogante.
–
Debes dormir,
mañana podrás comenzar a hacer todo lo que quieres…
–
El trabajo no
puede esperar – dijo con los ojos cansados.
–
Bebe el té,
hace frío y no dejaré que salgas así – dijo con voz de mando.
Phoenix lo miró dudando,
pero obedeció y bebió aquel extraño té que Thomas le había preparado, logrando
así que ella se rindiera en un sueño agobiante producto de las hierbas
somníferas que estaban diluidas en el caliente agua. Con una calma
extraordinaria sus ojos se cerraron, entonces el hombre presente con cuidado la
cobijó y la abrigó con las ropas de la cama, dejó las cosas un poco ordenadas
para salir a primera hora en la mañana y se durmió junto a la chica cuando se
percató de que todo estaba bien.
Las presencias oscuras y
tenebrosas abundaban en el ambiente, podían incluso sentirse como personas más
en aquella habitación. El aire que se respiraba era denso y espeso, podía cortarse con un cuchillo… El frío
se hacía más intenso y doloroso, podía hacerles pasar a ambos una mala jugada,
cualquier cosa podía pasar estando aquellos entes presentes, más aún tan cerca
de ellos.
En Rusia, aún la
desesperación desbordaba la paciencia de Jhonny, de Xavier y de las cabecillas
de la mesa principal de reuniones en ASO. Todo ese movimiento era innecesario,
solo que ellos no se habían dado cuenta que estaban provocando un tsunami en un
vaso de agua. Samantha había permanecido estos dos días junto al rubio para
mantenerlo calmado por ordenes de los superiores, y comenzaba a sentir algo
extraño por parte de Jhonny, una atención un poco confusa por su parte hacia la
desaparecida pelirroja hacía dudar a la profesional. ¿Es que acaso Jhonny estaba preocupándose demás por Phoenix?
Al cabo de unas pocas
horas el sol apareció en el cuarto en donde pasaron la noche el par de
fugitivos de ASO, el brillo irrumpió en el rostro de la sedada chica y se
percató de la presencia de Lewis junto a ella, y más que eso… fue que ella lo
estaba abrazando bajo las sábanas que ni recuerda como aparecieron. Se extrañó
bastante y demoró en reaccionar para levantarse y arreglar su cabello, partió
al baño y lavó su cara con el exagerada agua fría que la hizo reaccionar. Miró
el reloj que marcaba las 08.12 horas, entonces emprendió vuelo cargándose con
las armas necesarias y el abrigo, nada más era requerido.
Le dio los buenos días a
la encargada de la residencial y salió de allí sin más, siquiera saber como
llegar al lugar indicado en los documentos, caminó largos minutos hasta que
encontró un mapa de la zona en donde marcaba con letras resaltadas su objetivo:
Psiquiátrico St. John.
Tomó un taxi que la llevó
hasta la zona más cercana, ya que solo autos particulares podían ingresar en el
terreno de dicha institución. Pagó y al dar el primer paso dentro de aquellas
tierras un mal presentimiento la abordó de improviso, incluso el viento parecía
que le alertaba de algo, miró a sus alrededores nevados y no observó movimiento
alguno… lo cual daba para sospechar. Sin más caminó por el largo camino
cubierto de hielo peligroso, no había gente en su mira así que no había de qué
preocuparse, las aves parecían
perseguirla… sus cantos parecían funerarios y la observaban como presa. Los
cuervos aparecieron entre la nieve, justo en el camino de Phoenix.
–
Esto no pinta bien… – dijo para ella misma a medida que caminaba y se
percataba de cada detalle de sus alrededores.
Unos pasos de sospechosa
precedencia se oían a la lejanía, los sentidos de la pelirroja se agudizaron
tales como los de un buen cazador y con una aeróbica maniobra se escondió tras
un grueso árbol. Desabrochó el seguro de una de sus armas y sobrepuso su mano
en la misma, aguardó paciente y antes de que el personaje en cuestión
apareciera junto a ella, Krauss se dio a la vista y acabó con su vida con
simples y rápidos tiros al cuello; una
forma de matar más rápido. Se acercó sigilosamente para ver quien era aquel
hombre de traje tan pulido, tomó su identificación y su mente se vio acorralada
al notar que pertenecía a otra agencia de asesinos. La estaban esperando.
Cuando Lewis despertó y
notó la ausencia de la chica, su adrenalina le subió a la cabeza, tomó sus
cosas rápidamente y salió corriendo de allí, gritándole a la mujer de recepción
que volvería, para que no sacara las cosas del cuarto. Tomó un taxi y se bajó
cerca de donde lo hizo Krauss, no podía avanzar más porque una barrera de autos
negros bloqueaba el paso para cualquiera que quisiera ingresar a las
instalaciones, y Phoenix estaba dentro.
–
¡Una emboscada! – se maldijo casi en silencio – Esto será complicado…
Miró acelerado cada placa
de los vehículos que yacían allí estacionados, inspeccionó cada detalle que le
pudiera dar alguna pista de quienes eran, pero nada. Observó el muro que tenía
a sus espaldas y pensó en las probabilidades que tenía para emplear una buena estrategia
y salir del lugar con vida, tanto él… como
la chica.

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