AGRADECE
El medio día apenas había
pasado y los agentes de ASO abandonaban la ciudad para seguir su camino con
rumbo a Liverpool, específicamente a la guarida que utilizaba cuando era joven
el agente Thomas Lewis. Se suponía que aquel lugar tenía los implementos
necesarios como para poder sobrevivir, en este caso… tendría medicinas
suficientes como para curar a la herida en guerra (Phoenix).
La preocupación abundaba
en todos al ver tan acabada a la chica, era increíble en la forma que tuvo que
acabar para que los demás pudieran salir de allí con vida. Jhonny quería a toda
costa tenerla entre sus brazos para brindarle algún tipo de cuidado pero Thomas
no quiso soltarla por nada del mundo, él se sentía responsable de alguna manera
por todo lo que le ocurrió y no estaría tranquilo hasta verla repuesta.
Samantha iba en el otro
vehículo junto a Albert, Frederick y el sujeto que manejaba, Bill. Estaba
comunicándose constantemente con Xavier a través de un teléfono satelital para
informarle todo lo sucedido y darle bitácora de cualquier movimiento. El
anciano permanecía preocupado por la situación, no quería errores, no quería bajas de sus mejores
trabajadores… mucho menos que Alice se acercara demasiado a Phoenix por un
asunto que tan solo pocas personas lograban entender.
Los vehículos aceleraron a
todo motor cuando se adentraron en la frontera con el país inglés, el vehículo
en donde venía Smirnov, Lewis, Krauss y el conductor Jack iba a la cabeza, el
otro automóvil lo seguía de cerca con una velocidad considerable para no
toparse. Mientras atravesaban el denso bosque que separa a los países unas
extrañas camionetas se reflejaron en los espejos retrovisores, las que a medida
que se acercaban comenzaban a perturbar el viaje con disparos fallidos desde
armas con poca potencia.
–
¡Pisa el
jodido acelerador Jack! – gritaba Jhonny no queriendo más líos.
–
¡¿Qué crees
que estoy haciendo?!
–
Ustedes avancen, nosotros nos encargamos de esto… – Albert estaba dispuesto a retrasarse un poco.
–
¿Estás seguro?
– respondió el rubio por el radio.
–
Vayan con calma, los alcanzamos en breve, cambio. – rió.
Jhonny sonrió un poco con
ese comentario tan al estilo comandos y le dio la orden a Jack para que
acelerara, dejando atrás al otro grupo de agentes. Thomas seguía perturbado al
no tener respuesta alguna desde la aniquilada pelirroja, así que le pidió a
Smirnov que le prestara la radio para llamar a un hombre que tal vez podría
ayudarlos cuando arribaran.
Una voz rasposa y añeja se
podía oír al otro lado, como si fuera un anciano con poca vida por delante…
como si sus pulmones no recibieran el aire necesario para funcionar
correctamente. Lo que le dejó dando vueltas a Smirnov una idea abstracta sobre
aquel gran profesional que decía que era Thomas.
Desde el otro lado de la
historia, Samantha permanecía alterada al ser víctima de bruscas maniobras por
parte del conductor al intentar esquivar los disparos que los perseguían.
Frederick y Albert hacían su mejor esfuerzo para darle en las llantas del
vehículo y así deshacerse de ellos sin más, tardaron largo rato… pero lo consiguieron.
El camino se hacía largo y
arduo para los viajeros, habían perdido la vista sobre la camioneta en la que
venían sus otros compañeros, Jhonny parecía novia histérica gritando hacia Jack
para que manejara más rápido, Lewis trataba de calmarlo con su ironía… pero no
servía mucho y Jack estaba poniéndose nervioso al sentirse culpable de todo lo
que estaba pasando. Hasta que comenzaron a adentrarse en la ciudad… al fin
habían llegado a Inglaterra.
–
¡No puede ser que todo haya terminado así! – exclamaba con enojo.
–
Son cosas que
me han contado, aún no es nada seguro, su
excelencia…
–
Más te vale averiguar bien lo que está pasando Patrick,
no quiero problemas, mucho menos de ese tipo ¿entendiste? – gritaba.
–
No se
preocupe, usted cuenta conmigo… estaré en contacto.
Inspeccionaba. Miraba con
atención y no lograba comprender. Había llegado a St. John hace unos pocos
minutos y se encontraba con cadáveres, armas y un ambiente poco agradable.
Sabía que aquí se había llevado a cabo una masacre de la cuál hubiera sido
bastante útil presenciar, su objetivo era Phoenix y era ella quien había sido
el personaje principal de aquella batalla campal. ¿Qué había ocurrido? No sabía que pensar al respecto, muchas cosas
pasaban por su mente y debía encontrar algo que le diera una pista al menos
sobre esto.
Entró entonces al
psiquiátrico que por alguna razón se encontraba vacío, sus inquilinos habían
sido desalojados tal vez hace un día o más… no había rastro alguno sobre
personas que pudieran ayudarle. Sintió el calor de la chimenea por debajo de la
puerta que estaba a su derecha y no quiso esperar, ingresó en aquel amplio
cuarto y pacientemente observó, podía sentir que alguien lo estaba vigilando,
sentía una presencia más que lo acompañaba en el cuarto.
Caminó lentamente hacia la
chimenea que aún permanecía encendida, el calor atribuyó una calma a su persona
y con ambos ojos cerrados se giró, sintió un ente terrible y poderoso, así que
abrió los ojos sin miedo y miró directo a la cara a aquella mujer que estaba
frente a él.
–
¿Quién eres…? – dijo ella fríamente.
Patrick se detuvo mirando
el oscuro color de su aura, de su sonrisa apaga y demoníaca. Físicamente era
una mujer atractiva e interesante, con una cabellera rubia digna para envidiar
y un cuerpo esplendido, pese a ello Patrick se contuvo y no dijo una sola
palabra, se dedicó a observarla mientras tras ella una oscura sombra la
protegía… tal como lo había visto en ocasiones anteriores con la susodicha
pelirroja, Krauss.
Cuando los agentes
arribaron en Liverpool se dirigieron a gran velocidad dentro de la guarida que
solía ocupar Thomas, se encontraron con más gente por lo que Lewis tuvo que
buscar un cuarto en que solo pudieran estar ellos y dicho doctor que contactó
mientras viajaban hasta allí.
Un cuarto oscuro fue
iluminado por una ampolleta que alumbraba exageradamente, pusieron a la
pelirroja sobre la mesa de comedor que había y esperaron. El extraño y viejo doctor revisaba su maletín buscando
su estetoscopio, en ese lapso llegaron los agentes que venían en la otra
camioneta, se pararon junto a sus compañeros impidiendo el paso de ingreso para
cualquiera que quisiera entrar y se dedicaron a mirar lo que el anciano estaba
haciendo.
El cuerpo de Phoenix
permanecía sin movimiento alguno, parecía un cadáver en completo poder, su piel
ya no presentaba casi color y sus ojos estaban semiabiertos dejando ver su oscuro
iris; los nervios devoraban a todos los presentes excluyendo claro al doctor
que jamás había visto a la chica sobre la mesa. Dicho doctor comenzó a acomodar
el aparato en el pecho de Phoenix buscando el pulso de su corazón, luego se fue
hasta las muñecas, y finalmente fue al cuello… su rostro de perplejidad no pudo ser oculto ante su asombro.
Jhonny se percató de
aquella reacción al igual que los presentes y no hizo caso a la calma que se le
había pedido, se acercó hasta el doctor y entre gritos le pidió explicaciones
sobre el estado de la mujer.
–
No tiene
pulso… – dijo el hombre algo complicado.
Todos se miraron con los
ojos hundidos en un mar de confusión. Lo que acababan de oír no tenía sentido…
ella no podía acabar así. Todo había pasado tan rápido que esto parecía una
broma estúpida e incoherente. El ruso Smirnov y el inglés Lewis insistieron que
volviera a examinarla, que viera si quedaba alguna forma aún de poder salvarla.
Siempre hay una salida para todo.
Después de largo rato de
explicar que no podía hacer nada, los agentes tomaron una decisión abrupta y
fue amenazarlo de muerte si no hacía algo para revivir a la chica. El hombre
buscó entre sus cosas y sacó de su bolso una gran jeringa con un líquido
extraño en su interior, caminó hasta Phoenix y abrió un poco el escote de su
blusa y con fuerza inyectó aquello en su pecho, directo a su corazón. En cosa
de milésimas de segundos Krauss
despertó como si hubiera tenido la peor pesadilla de su vida, se levantó para
sentarse mientras escupía litros y litros de sangre por la boca y sus ojos
encerraban a todos en un misterio ya que se llenaron de derrames, en vez de su
ojo ser gran parte blanco y el iris negro… sus ojos estaban bañados en un
profundo rojo oscuro con su iris aún negra, parecía
un monstruo.
Lewis, Samantha y Jhonny
se acercaron para socorrerla y ayudarle en lo que pudieran, la pelirroja no
quería que nadie se acercara. Se quitó la jeringa del pecho y la lanzó lejos
provocándose a sí misma un gran dolor que no pudo ocultar.
–
¿Qué acaba de
hacerle? – preguntó Albert asombrado.
–
Chute de adrenalina
pura… parecía que su corazón estaba apagado por una espora venenosa…
–
¿Espora venenosa…? – se extrañó.
–
Pero eso no
explica el sangramiento excesivo… eso en verdad no tiene sentido – lo miró
bastante desconcertado.
Albert miró como Krauss se
tranquilizaba y se recostaba para calmar su sangramiento, miraba el techo con
sus ojos demoníacos, decía cosas en voz baja como un rezo o algo parecido en un
idioma que no lograba entender, parecía una lengua antigua…
El frío se hizo presente
entre los presentes y decidieron dejar en observación a la chica. La recostaron
en la cama que antes utilizaba el agente Lewis, la abrigaron con todo lo que
pudieron mientras el resto bebía café y comía algo en el comedor de aquella
residencial tan extraña. Jhonny no quería dejar sola a su amiga, así que
permaneció a su lado mientras dormía y se reponía de lo que acababa de pasar.
–
¿Alguien puede
explicarme lo que sucedió recién? – decía Samantha sin comprender.
–
Nunca había
visto algo como eso – dijo el doctor – Era como si estuviera durmiendo y
esperando a ser despertada… no encuentro lógica para ello, el veneno debía
matarla – levantó las cejas asombrado.
–
¿De verdad no
hay una explicación lógica para eso? – preguntó Frederick.
–
Tal vez la
haya… pero yo no tengo la respuesta, me parece muy raro tal como a ustedes…
–
Esa chica es
bastante rara – dijo irónico Thomas.
Comían, se abastecían lo
suficiente como para irse lo más rápido posible. No podían quedarse lejos de la
compañía mucho tiempo porque estaban siendo perseguidos por aquellos sujetos
que querían acabar con Krauss a toda costa. Casi ganan… casi.
El ruso miraba con
atención la vela que adornaba el cuarto e iluminaba el lugar, esperaba con
ansias que despertara Phoenix, pero ella sentía su presencia y solo quería que
se marchara. No tenía ganas de conversar con nadie, mucho menos con Jhonny ya
que las cosas entre ellos andaban mal desde hace unos días.
–
Debes ser
fuerte – dijo como un anhelo.
–
Soy lo bastante fuerte como para que te dediques a
vigilarme…
–
¿Cómo estás? –
sonrió un poco al sentirla despierta.
–
Bien…
Phoenix miraba hacia la
pared, dando la espalda a Jhonny mientras éste sonreía levemente al saber que
estaba bien y que al menos seguía viva. Quiso acariciarla para brindarle su
calor y más que nada para que supiera que la seguía queriendo, pero antes de
que pudiera tocarla ella alzó la voz.
–
Déjame sola Jhonny…
–
¿Por qué? –
dijo luego de mucho rato.
–
Sólo vete.
– dijo sin más.
Se molestó pero obedeció,
se tragó las palabras que quería gritarle antes de salir de allí.
Los demás se percataron de
la presencia del rubio y se extrañaron, él se dedico a comer un poco y unirse a
la charla sobre lo que harían ahora que tenían a Krauss nuevamente. Durante
eso, Thomas se puso de pie y se encargó de comunicarle a Xavier que las cosas estaban
bien y que habían recuperado a la chica de las garras de la peligrosa Alice, el
anciano se quedó tranquilo pero no estaría conforme hasta que volvieran a San
Petesburgo.
Cómo era de esperarse, las
sombras aparecieron junto a Phoenix para protegerla una vez más de la situación
a la que se estaba enfrentando, Samantha se percató de unas cosas extrañas
cuando ingresó en el cuarto para saber como estaba… se aterró como una niña en
Halloween.
–
¿Qué demon…? – gritó.
–
Tranquila, no
te harán nada.
Phoenix apareció de la
misma nada sentada en el borde de la cama con sus ojos aún ensangrentados por
los derrames que aún no cesaban, con los ojos así asustaba a cualquiera, más
aún con esos entes a sus espaldas como verdaderos ángeles de la guarda.
Pese a las explicaciones
“tranquilizadoras” de Krauss, Samantha no pudo estar calmada por completo. Aún
así se dignó a preguntarle a la chica sus inquietudes sobre la batalla de la
cual fue testigo, le lanzó piropos por su tenacidad frente a la situación… pero
más que nada quería saber porque nunca se detuvo si estaba siendo abatida, ella
quería saber por qué demonios nada podía matarla.
Una sonrisa leve y esos
ojos demoniacos volvieron a aterrarla cuando la chica la miró calmada, como si
estuviera acostumbrada a esas curiosidades de la gente, no respondió nada, se
puso de pie y caminó a la puerta sin responderle nada. Samantha insistió antes
de que se fuera. Phoenix se detuvo antes de girar la perilla para salir, giró
su rostro para ver a la mujer inquieta y la intimidó tanto como quería. Volvió
a sonreír y se fue de allí esta vez sin que nada la detuviera.
Caminó entonces hasta el
comedor en donde todos se asombraron de verla en pie luego de que casi muriera,
ella mantenía la calma mientras comía un poco de pastel que había sobre la
mesa, tragó un poco de café y miró cada uno de los rostros que la observaban.
–
Será mejor que
nos vayamos – dijo sin preocupaciones.
–
No puedes irte
en tu estado – dijo exaltado el doctor.
–
¿No sientes
tus ojos extraños? – preguntó Jhonny sin comprenderla.
La chica cerró los ojos,
respiró profundo y luego los abrió pacientemente, muy lento para que todos
apreciaran que habían vuelto a la normalidad de la misma nada. ¿Cómo hizo eso…?
Nadie lo entendía.
–
Ya estoy
mejor. No sé ustedes, pero yo me largo – dijo soberbia con las cejas elevadas.
Todos volvieron a mirarse
entre sí mientras el doctor caía sentado a su silla nuevamente con lo que
acababa de ver, parecía que sus ojos querían salir corriendo y que se le
saldría el corazón por la garganta. Incluso los mismos agentes no comprendían
como había logrado aquello.
Hace unos minutos estaba
muerta y ya estaba completamente repuesta como para ir a la guerra… ¿Qué
demonios le había hecho Alice?

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