martes, 11 de septiembre de 2012

Capitulo 9


AGRADECE

El medio día apenas había pasado y los agentes de ASO abandonaban la ciudad para seguir su camino con rumbo a Liverpool, específicamente a la guarida que utilizaba cuando era joven el agente Thomas Lewis. Se suponía que aquel lugar tenía los implementos necesarios como para poder sobrevivir, en este caso… tendría medicinas suficientes como para curar a la herida en guerra (Phoenix).

La preocupación abundaba en todos al ver tan acabada a la chica, era increíble en la forma que tuvo que acabar para que los demás pudieran salir de allí con vida. Jhonny quería a toda costa tenerla entre sus brazos para brindarle algún tipo de cuidado pero Thomas no quiso soltarla por nada del mundo, él se sentía responsable de alguna manera por todo lo que le ocurrió y no estaría tranquilo hasta verla repuesta.

Samantha iba en el otro vehículo junto a Albert, Frederick y el sujeto que manejaba, Bill. Estaba comunicándose constantemente con Xavier a través de un teléfono satelital para informarle todo lo sucedido y darle bitácora de cualquier movimiento. El anciano permanecía preocupado por la situación, no quería errores, no quería bajas de sus mejores trabajadores… mucho menos que Alice se acercara demasiado a Phoenix por un asunto que tan solo pocas personas lograban entender.

Los vehículos aceleraron a todo motor cuando se adentraron en la frontera con el país inglés, el vehículo en donde venía Smirnov, Lewis, Krauss y el conductor Jack iba a la cabeza, el otro automóvil lo seguía de cerca con una velocidad considerable para no toparse. Mientras atravesaban el denso bosque que separa a los países unas extrañas camionetas se reflejaron en los espejos retrovisores, las que a medida que se acercaban comenzaban a perturbar el viaje con disparos fallidos desde armas con poca potencia.

        ¡Pisa el jodido acelerador Jack! – gritaba Jhonny no queriendo más líos.
        ¡¿Qué crees que estoy haciendo?!
        Ustedes avancen, nosotros nos encargamos de esto… – Albert estaba dispuesto a retrasarse un poco.
        ¿Estás seguro? – respondió el rubio por el radio.
        Vayan con calma, los alcanzamos en breve, cambio. – rió.

Jhonny sonrió un poco con ese comentario tan al estilo comandos y le dio la orden a Jack para que acelerara, dejando atrás al otro grupo de agentes. Thomas seguía perturbado al no tener respuesta alguna desde la aniquilada pelirroja, así que le pidió a Smirnov que le prestara la radio para llamar a un hombre que tal vez podría ayudarlos cuando arribaran.

Una voz rasposa y añeja se podía oír al otro lado, como si fuera un anciano con poca vida por delante… como si sus pulmones no recibieran el aire necesario para funcionar correctamente. Lo que le dejó dando vueltas a Smirnov una idea abstracta sobre aquel gran profesional que decía que era Thomas.

Desde el otro lado de la historia, Samantha permanecía alterada al ser víctima de bruscas maniobras por parte del conductor al intentar esquivar los disparos que los perseguían. Frederick y Albert hacían su mejor esfuerzo para darle en las llantas del vehículo y así deshacerse de ellos sin más, tardaron largo rato… pero lo consiguieron.

El camino se hacía largo y arduo para los viajeros, habían perdido la vista sobre la camioneta en la que venían sus otros compañeros, Jhonny parecía novia histérica gritando hacia Jack para que manejara más rápido, Lewis trataba de calmarlo con su ironía… pero no servía mucho y Jack estaba poniéndose nervioso al sentirse culpable de todo lo que estaba pasando. Hasta que comenzaron a adentrarse en la ciudad… al fin habían llegado a Inglaterra.

        ¡No puede ser que todo haya terminado así! – exclamaba con enojo.
        Son cosas que me han contado, aún no es nada seguro, su excelencia
        Más te vale averiguar bien lo que está pasando Patrick, no quiero problemas, mucho menos de ese tipo ¿entendiste? – gritaba.
        No se preocupe, usted cuenta conmigo… estaré en contacto.

Inspeccionaba. Miraba con atención y no lograba comprender. Había llegado a St. John hace unos pocos minutos y se encontraba con cadáveres, armas y un ambiente poco agradable. Sabía que aquí se había llevado a cabo una masacre de la cuál hubiera sido bastante útil presenciar, su objetivo era Phoenix y era ella quien había sido el personaje principal de aquella batalla campal. ¿Qué había ocurrido? No sabía que pensar al respecto, muchas cosas pasaban por su mente y debía encontrar algo que le diera una pista al menos sobre esto.

Entró entonces al psiquiátrico que por alguna razón se encontraba vacío, sus inquilinos habían sido desalojados tal vez hace un día o más… no había rastro alguno sobre personas que pudieran ayudarle. Sintió el calor de la chimenea por debajo de la puerta que estaba a su derecha y no quiso esperar, ingresó en aquel amplio cuarto y pacientemente observó, podía sentir que alguien lo estaba vigilando, sentía una presencia más que lo acompañaba en el cuarto.

Caminó lentamente hacia la chimenea que aún permanecía encendida, el calor atribuyó una calma a su persona y con ambos ojos cerrados se giró, sintió un ente terrible y poderoso, así que abrió los ojos sin miedo y miró directo a la cara a aquella mujer que estaba frente a él.

        ¿Quién eres…? – dijo ella fríamente.

Patrick se detuvo mirando el oscuro color de su aura, de su sonrisa apaga y demoníaca. Físicamente era una mujer atractiva e interesante, con una cabellera rubia digna para envidiar y un cuerpo esplendido, pese a ello Patrick se contuvo y no dijo una sola palabra, se dedicó a observarla mientras tras ella una oscura sombra la protegía… tal como lo había visto en ocasiones anteriores con la susodicha pelirroja, Krauss.

Cuando los agentes arribaron en Liverpool se dirigieron a gran velocidad dentro de la guarida que solía ocupar Thomas, se encontraron con más gente por lo que Lewis tuvo que buscar un cuarto en que solo pudieran estar ellos y dicho doctor que contactó mientras viajaban hasta allí.

Un cuarto oscuro fue iluminado por una ampolleta que alumbraba exageradamente, pusieron a la pelirroja sobre la mesa de comedor que había y esperaron. El extraño y viejo doctor revisaba su maletín buscando su estetoscopio, en ese lapso llegaron los agentes que venían en la otra camioneta, se pararon junto a sus compañeros impidiendo el paso de ingreso para cualquiera que quisiera entrar y se dedicaron a mirar lo que el anciano estaba haciendo.

El cuerpo de Phoenix permanecía sin movimiento alguno, parecía un cadáver en completo poder, su piel ya no presentaba casi color y sus ojos estaban semiabiertos dejando ver su oscuro iris; los nervios devoraban a todos los presentes excluyendo claro al doctor que jamás había visto a la chica sobre la mesa. Dicho doctor comenzó a acomodar el aparato en el pecho de Phoenix buscando el pulso de su corazón, luego se fue hasta las muñecas, y finalmente fue al cuello… su rostro de perplejidad no pudo ser oculto ante su asombro.

Jhonny se percató de aquella reacción al igual que los presentes y no hizo caso a la calma que se le había pedido, se acercó hasta el doctor y entre gritos le pidió explicaciones sobre el estado de la mujer.

        No tiene pulso… – dijo el hombre algo complicado.

Todos se miraron con los ojos hundidos en un mar de confusión. Lo que acababan de oír no tenía sentido… ella no podía acabar así. Todo había pasado tan rápido que esto parecía una broma estúpida e incoherente. El ruso Smirnov y el inglés Lewis insistieron que volviera a examinarla, que viera si quedaba alguna forma aún de poder salvarla. Siempre hay una salida para todo.

Después de largo rato de explicar que no podía hacer nada, los agentes tomaron una decisión abrupta y fue amenazarlo de muerte si no hacía algo para revivir a la chica. El hombre buscó entre sus cosas y sacó de su bolso una gran jeringa con un líquido extraño en su interior, caminó hasta Phoenix y abrió un poco el escote de su blusa y con fuerza inyectó aquello en su pecho, directo a su corazón. En cosa de milésimas de segundos Krauss despertó como si hubiera tenido la peor pesadilla de su vida, se levantó para sentarse mientras escupía litros y litros de sangre por la boca y sus ojos encerraban a todos en un misterio ya que se llenaron de derrames, en vez de su ojo ser gran parte blanco y el iris negro… sus ojos estaban bañados en un profundo rojo oscuro con su iris aún negra, parecía un monstruo.

Lewis, Samantha y Jhonny se acercaron para socorrerla y ayudarle en lo que pudieran, la pelirroja no quería que nadie se acercara. Se quitó la jeringa del pecho y la lanzó lejos provocándose a sí misma un gran dolor que no pudo ocultar.

        ¿Qué acaba de hacerle? – preguntó Albert asombrado.
        Chute de adrenalina pura… parecía que su corazón estaba apagado por una espora venenosa…
        ¿Espora venenosa…? – se extrañó.
        Pero eso no explica el sangramiento excesivo… eso en verdad no tiene sentido – lo miró bastante desconcertado.

Albert miró como Krauss se tranquilizaba y se recostaba para calmar su sangramiento, miraba el techo con sus ojos demoníacos, decía cosas en voz baja como un rezo o algo parecido en un idioma que no lograba entender, parecía una lengua antigua…

El frío se hizo presente entre los presentes y decidieron dejar en observación a la chica. La recostaron en la cama que antes utilizaba el agente Lewis, la abrigaron con todo lo que pudieron mientras el resto bebía café y comía algo en el comedor de aquella residencial tan extraña. Jhonny no quería dejar sola a su amiga, así que permaneció a su lado mientras dormía y se reponía de lo que acababa de pasar.

        ¿Alguien puede explicarme lo que sucedió recién? – decía Samantha sin comprender.
        Nunca había visto algo como eso – dijo el doctor – Era como si estuviera durmiendo y esperando a ser despertada… no encuentro lógica para ello, el veneno debía matarla – levantó las cejas asombrado.
        ¿De verdad no hay una explicación lógica para eso? – preguntó Frederick.
        Tal vez la haya… pero yo no tengo la respuesta, me parece muy raro tal como a ustedes…
        Esa chica es bastante rara – dijo irónico Thomas.

Comían, se abastecían lo suficiente como para irse lo más rápido posible. No podían quedarse lejos de la compañía mucho tiempo porque estaban siendo perseguidos por aquellos sujetos que querían acabar con Krauss a toda costa. Casi ganan… casi.

El ruso miraba con atención la vela que adornaba el cuarto e iluminaba el lugar, esperaba con ansias que despertara Phoenix, pero ella sentía su presencia y solo quería que se marchara. No tenía ganas de conversar con nadie, mucho menos con Jhonny ya que las cosas entre ellos andaban mal desde hace unos días.

        Debes ser fuerte – dijo como un anhelo.
        Soy lo bastante fuerte como para que te dediques a vigilarme…
        ¿Cómo estás? – sonrió un poco al sentirla despierta.
        Bien…

Phoenix miraba hacia la pared, dando la espalda a Jhonny mientras éste sonreía levemente al saber que estaba bien y que al menos seguía viva. Quiso acariciarla para brindarle su calor y más que nada para que supiera que la seguía queriendo, pero antes de que pudiera tocarla ella alzó la voz.

        Déjame sola Jhonny…
        ¿Por qué? – dijo luego de mucho rato.
        Sólo vete. – dijo sin más.

Se molestó pero obedeció, se tragó las palabras que quería gritarle antes de salir de allí.

Los demás se percataron de la presencia del rubio y se extrañaron, él se dedico a comer un poco y unirse a la charla sobre lo que harían ahora que tenían a Krauss nuevamente. Durante eso, Thomas se puso de pie y se encargó de comunicarle a Xavier que las cosas estaban bien y que habían recuperado a la chica de las garras de la peligrosa Alice, el anciano se quedó tranquilo pero no estaría conforme hasta que volvieran a San Petesburgo.

Cómo era de esperarse, las sombras aparecieron junto a Phoenix para protegerla una vez más de la situación a la que se estaba enfrentando, Samantha se percató de unas cosas extrañas cuando ingresó en el cuarto para saber como estaba… se aterró como una niña en Halloween.

        ¿Qué demon…? – gritó.
        Tranquila, no te harán nada.

Phoenix apareció de la misma nada sentada en el borde de la cama con sus ojos aún ensangrentados por los derrames que aún no cesaban, con los ojos así asustaba a cualquiera, más aún con esos entes a sus espaldas como verdaderos ángeles de la guarda.

Pese a las explicaciones “tranquilizadoras” de Krauss, Samantha no pudo estar calmada por completo. Aún así se dignó a preguntarle a la chica sus inquietudes sobre la batalla de la cual fue testigo, le lanzó piropos por su tenacidad frente a la situación… pero más que nada quería saber porque nunca se detuvo si estaba siendo abatida, ella quería saber por qué demonios nada podía matarla.

Una sonrisa leve y esos ojos demoniacos volvieron a aterrarla cuando la chica la miró calmada, como si estuviera acostumbrada a esas curiosidades de la gente, no respondió nada, se puso de pie y caminó a la puerta sin responderle nada. Samantha insistió antes de que se fuera. Phoenix se detuvo antes de girar la perilla para salir, giró su rostro para ver a la mujer inquieta y la intimidó tanto como quería. Volvió a sonreír y se fue de allí esta vez sin que nada la detuviera.

Caminó entonces hasta el comedor en donde todos se asombraron de verla en pie luego de que casi muriera, ella mantenía la calma mientras comía un poco de pastel que había sobre la mesa, tragó un poco de café y miró cada uno de los rostros que la observaban.

        Será mejor que nos vayamos – dijo sin preocupaciones.
        No puedes irte en tu estado – dijo exaltado el doctor.
        ¿No sientes tus ojos extraños? – preguntó Jhonny sin comprenderla.

La chica cerró los ojos, respiró profundo y luego los abrió pacientemente, muy lento para que todos apreciaran que habían vuelto a la normalidad de la misma nada. ¿Cómo hizo eso…? Nadie lo entendía.

        Ya estoy mejor. No sé ustedes, pero yo me largo – dijo soberbia con las cejas elevadas.

Todos volvieron a mirarse entre sí mientras el doctor caía sentado a su silla nuevamente con lo que acababa de ver, parecía que sus ojos querían salir corriendo y que se le saldría el corazón por la garganta. Incluso los mismos agentes no comprendían como había logrado aquello.

Hace unos minutos estaba muerta y ya estaba completamente repuesta como para ir a la guerra… ¿Qué demonios le había hecho Alice?

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