INESTABILIDAD
Los susurros se esparcían
a gran velocidad a lo largo del edificio. Los agentes más importantes yacían
fuera de la oficina de Xavier Shire,
la entidad superior de ASO… él mismo se preocuparía de reintegrar a Phoenix
Krauss a la compañía, era un verdadero honor que el jefe máximo se encargara de
tu caso. La envidia comenzaba a crecer otra vez por parte del resto del
personal.
La chica logró dormir un
par de horas antes de que un asistente golpeara a su puerta con suavidad,
logrando alertarla para que se preparara; tendría una reunión con el superior.
Eso sonaba peligroso, pero a ella le daba igual, sabía que no les convenía
perderla… todo estaba a su favor.
Salió de aquel cuarto
raramente lujoso, vestía unos pantalones ajustados, negro oscuro tal como la
chaquetilla que traía por encima de la blanca blusa que le dijeron que usara.
Unos tacones levemente elevados y su cabello rojo arreglado, no usó maquillaje…
no tenía, pero se sentía lista para ser devorada por la mirada del resto de
personas que afuera la esperaba.
Caminó lentamente hacía la
oficina de Shire, sentía cansancio y no era para menos. Un pasillo bordeado de
hombres de traje la observaban, ella se sentía presa de caprichos… sin tener
razón para ello. Uno de los hombres se dignó a comentar una ironía
característica en el sujeto.
–
Pero miren nada más a quien tenemos de vuelta – sonrió hacia un costado mostrando parte de su
dentadura.
–
¿Cómo te fue
en Irlanda Krauss? – rió otro.
Phoenix miró al primero en
comentar, Thomas Lewis, quien se
había encargado de fastidiarla todo el tiempo que convivían ¿La odiaba? Nadie sabe, pero nunca
coordinaban en opiniones. Él la miró de pies a cabeza unas dos veces, sonreía
para sí mismo, mientras la chica seguía su camino haciendo oídos sordos a todo
el mar de comentarios que los agentes hacían.
Ellos se creían superiores
por tan solo el poder que les daba citar órdenes a un grupo determinado. Tan
solo por eso Phoenix debía mantener la calma, cualquier ataque… y la guerra se
declara.
Albert le abrió la puerta
a la chica para hacerla entrar en la oficina, mientras entró Lewis después
seguido también del hombre que abrió la puerta. Krauss se sentó en la silla
frente al escritorio y a Xavier, los dos hombres se sentaron en un sofá que
había al costado de la oficina, junto a un gran librero y bajo un inmenso
cuadro de la época medieval.
El anciano lucía feliz de
ver a la chica sana, apretó sus manos por sobre el escritorio con jubilo,
también sonrió… cosa muy poco común en él. Le ofreció un café, a lo que la
chica aceptó. Luego de eso sacó los documentos que los hombres habían traído
desde el psiquiátrico y les echó una hojeada, apretó los labios hacia un
costado y miró a Krauss.
Había un péndulo de
pequeñas bolas sobre el escritorio que hipnotizó la mirada de la pelirroja, no
estaba prestándole atención al hombre, pero a éste no le importó… estaba
ocupado leyendo mientras que Lewis y Fray conversaban en un tono reservado, no podían interrumpir al jefe.
–
¿Recuerdas
alguna cosa tortuosa que te hicieron sufrir allí? – preguntó Xavier preocupado.
No obtuvo respuestas, los
ojos de la mujer se habían perdido en dicho péndulo que se movía lentamente,
chocando una bola con la otra.
–
¡Krauss!
– recriminó en un tono más fuerte.
–
¿Si? –
reaccionó luego de mucho rato.
–
¿Te inyectaron
alguna cosa?
–
Varias veces,
aunque los resultados no fueron los estipulados por ellos… las dosis no fueron
suficientes para doblegar mi subconsciente, y lo fueron haciendo cada vez con
mayores cantidades… además de eso, nada – dijo sin más.
–
Está bien, por
lo que veo… no pudieron tomar nota alguna de tus declaraciones mientras te
mantenían dopada, eso es muy bueno – asintió conforme.
La chica sonrió sin
emoción de alegría. Xavier revisó un poco más los informes y la hizo salir para
estar a solas con el par de hombres que susurraba cosas en el sofá.
Hizo que se sentaran en
las sillas del frente y les pidió que llevaran a Krauss a un chequeo médico
para limpiar su sistema de todas las drogas que le inyectaron en el lugar donde
estuvo por más de un año. Una clínica privada sería lo mejor, así las
impresiones no serían notorias… en alguna parte deberían recordar su rostro por
lo ocurrido hace casi un año y medio. No
podían correr riesgos. Ambos aceptaron por obviedad.
Afuera, cuando Phoenix se
encontraba sentada en una de las tantas sillas de espera, Jhonny llegó
acelerado porque venía retrasado, se sentó junto a ella cuando la vio.
Sonriente tomó su rostro para besar su mejilla y acariciar su cabello.
–
Lamento la demora…
–
No te
preocupes, ya hablé con Xavier – sonrió ella levemente.
Y antes de que ambos
pudieran entablar una conversación contundente, Thomas Lewis apareció junto a
Albert Fray para llevarse a la chica a donde el jefe había mandado.
–
Lo siento
chico lindo, debemos llevarnos a Krauss – sonrió irónico como siempre Lewis.
–
¿A dónde la
llevan? – Jhonny se puso de pie rápidamente.
–
Xavier quiere
hablar contigo – acotó Albert antes de cualquier otra palabra.
Lewis levantó las cejas,
mientras que Jhonny lo observaba molesto, miró luego a su amiga y decidió
entrar a la oficina del viejo… no quería más problemas. Ya tenía suficientes en
dejar a la pelirroja en manos de Thomas.
Entró sin preocupaciones y
tomó asiento mirando a su jefe directo a los ojos, tal como le gustaba.
–
Llegas tarde
Smirnov – acotó molesto.
–
Lo lamento, mi
hija enfermó y tuve que ir por medicinas – se excusó.
–
Nada de eso
Smirnov, se supone que tú debías traerme a la chica ¿Y quién lo hizo? Fray, quien no tenía nada que ver con el caso –
alzó la voz.
–
Lo lamento
señor, no volverá a pasar…
–
Más te vale Jhonny,
no hay tiempo que perder – encogió sus ojos – Lleva las cosas al departamento
de Krauss, quiero que se instale lo antes posible…
–
¿Ellos ya se
están moviendo? – se extrañó el rubio.
–
No tengo idea de
cómo se enteraron de que está libre… Ya deben venir camino hacía acá – se
mostró nervioso – No podemos dejar que se la lleven Jhonny.
–
No lo harán
señor, yo me encargaré de ello – asintió decidido.
El viejo charló un poco
más con el rubio sobre el asunto que ahora los distanciaba: Illuminati. Mandó al rubio a dicho
departamento para que arreglara las cosas de la chica, una casa nueva no tan
grande pero con lujos que de seguro ella no pensaba en disfrutar. Eso era
típico.
Las fuertes y blancas
luces de la sala de espera cegaban los oscuros ojos de la pelirroja que
permanecía siendo escoltada por los dos agentes, Thomas a su derecha, Albert a
su izquierda. Sentados esperaron a la enfermera que vendría en búsqueda de la
chica para revisar su sangre y darle el tratamiento requerido para eliminar las
drogas de su sistema.
Albert se quedó en
recepción llenando la cartola con los datos, mientras que Lewis llevó en una
silla de ruedas a la pelirroja media inconciente con la medicina que le dieron
para comenzar con el proceso.
La subieron a una fría
camilla de acero, sin poner algún tipo de género o papel desinfectado para que
su cuerpo no tuviese contacto con el brillante metal. La conectaron a unas
máquinas bombeadores de sangre, la anestesiaron por completo y los médicos
comenzaron a correr de lado a lado para buscar sangre de su grupo, que por
desgracia era el menos común.
Jhonny mientras tanto
llegó a la dirección dada por la compañía, arregló las prendas de la pelirroja
en los grandes closets, llenó la despensa con comida nueva recién salida de la
tienda, le puso sábanas nuevas a la cama, puso jabón en el baño y puso un
mantel en la mesa del comedor. Todo estaba listo para que comenzara a vivir
nuevamente como una persona normal.
Acabado aquello, tomó el
auto y se dirigió a la clínica donde estaban sus compañeros con Phoenix, no
quería abandonarle y la situación actual la estaba alejando de él más de la
cuenta. Eso no le agradaba para nada.
Estacionó el auto junto al
de Thomas que permanecía en el estacionamiento visible y antes de entrar por la
puerta automática, se encontró de frente a los hombres y a la chica en una
silla de ruedas, media inconciente y apagada.
–
¿Qué haces
aquí? – preguntó enojado Lewis.
–
Vengo para
llevar a Phoenix a su departamento… ¿qué
le pasó? – se extrañó el rubio.
–
Tenemos todo
bajo control Smirnov, no debías venir – debatió – Vuelve a la compañía,
nosotros nos encargaremos de Krauss – insistió Thomas aún molesto.
–
Es mí deber
cuidarla, ¿qué te sucede? – recriminó extrañado y ya molesto.
–
Paren – alzó
la voz Albert – Jhonny… volvamos a la compañía, Xavier me ha llamado porque
necesita hablar con nosotros y Frederick – suspiró – Deja que Thomas lleve a la
chica a su casa.
Jhonny apretó sus labios
con fuerza, molesto y enojado con ese hombre que se atrevía a desafiarlo. Los
ojos de Albert terminaron convenciéndolo de volver a la compañía y con miedo
dejar a Phoenix sola con ese sujeto.
Asintió resignado mientras
que en la cara del inglés Lewis apareció una mueca de victoria. Llevó a Phoenix
hasta su auto y la subió en los asientos traseros, dejando la silla de ruedas
cerca de la entrada de la clínica; a la lejanía Jhonny observaba todos sus
movimientos… Albert lo mantenía calmado.
Los dos subieron a su auto
y partieron antes que el inglés. El ruso sabía que era mala idea y se lo hizo
saber a su compañero, él le dijo que estaba paranoico… y en parte era verdad,
aunque tenía un poco de razón para pensar así, ya que Thomas siempre fue la
competencia de Phoenix en lo que respecta a rendimiento profesional.
Cuando llegaron al
edificio donde estaba el departamento, Thomas estacionó el auto con cuidado en
la acera y bajó entre sus brazos a la débil chica, en forma nupcial la llevó
hasta el tercer piso, abrió la puerta como pudo y dejó su cuerpo abatido sobre
la gran cama matrimonial que había en el cuarto del fondo.
Entonces su oportunidad
apareció, lo que había tramado desde hace mucho tiempo al fin se presentaba,
teniendo a la mujer que le dificultaba la vida: débil, sin fuerzas y casi agonizando a causa de las medicinas.
Podría acabar con ella tal como siempre lo quiso. Krauss abrió los ojos sin
ánimos, observó las manos de Lewis que estaban a la altura del borde de la
cama, frente a su rostro, veía como apretaba sus puños pensando en tomar la
decisión correcta.
–
Hazlo…
– susurró apagada.
Thomas no entendió ¿A qué
se refería? ¿De verdad quería terminar
siendo asesinada por ese hombre? Y aquella débil frase, tan delicada y
fortuita despertó un asombro increíble en el calculador hombre. Sentía que algo
le impedía tomar acción ahora, siendo que había sido el momento que esperó por
mucho tiempo… al fin se daba la oportunidad y no podía hacerlo.
Krauss aún tenía
conciencia, mantenía sus ojos entreabiertos, Thomas sintió un frío a sus
espaldas como si la ventana estuviera abierta, pero no miró atrás. Sin saber
que hacer en el momento, tomó la mano de la chica, estaba fría como un hielo.
Fue por una cobija para cubrirla, las sábanas de la cama no eran suficientes
para darle calor al cuerpo frágil que yacía allí.
Cuando el hombre se movió…
Phoenix se percató de la presencia de unas extrañas sombras cerca de la gran
ventana, abrió sus ojos asustada porque lo que veía no era bueno, al menos… no eran las mismas sombras que solían
aparecer para acompañarla, éstas eran diferentes, tenían una presencia
intimidante… algo que incluso a ella le asustó.
–
¿Thomas…? –
alzó la voz nerviosa.
–
¿Si? –
le respondió a la lejanía, se oía su voz aproximándose – ¿Qué sucede? – la miró
atento.
–
Vámonos de
aquí… – dijo perturbada, levantándose sin dejar de ver hacía el ventanal.
–
¿Por qué? – se
extrañó y Phoenix apuntó a la ventana – ¡¿Pero
que mierda es eso?! – gritó atónito.
Thomas miró a Krauss en
silencio mientras ella observaba con horror a dichas sombras, con cuidado él se
le acercó y la tomó en sus brazos otra vez, la llevó hasta el sofá y le dio la
chaqueta de su traje para abrigarla. Se mantuvieron en silencio y comenzaron a
sentir pasos que se aproximaban a ellos. Thomas comenzó a desesperarse.
Phoenix cerró los ojos y
tomó su mano con fuerza, él no comprendió nada. Entonces ella abrió sus ojos
sin que nada haya cambiado, se puso de pie con rapidez y jalando de la mano de
Lewis corrió a la puerta para irse del lugar, parecía que había mejorado de la
nada… como si nada hubiera pasado.
Lewis subió para conducir
con Krauss como copiloto, el auto aceleró a cien por hora en dirección a ASO
para informar lo que había pasado. El hombre interrogó durante todo el camino a
la chica para averiguar qué eran las cosas que habían en su cuarto, ella no
supo explicarle… era inusual que las sombras quisieran atacarla. De por sí
siempre se acercaban a ella para ayudarle o prevenir algo, pero jamás para
dañarla.
Mientras que ellos se
dirigían a la compañía, en la oficina de Xavier, los tres agentes que fueron en
busca de la pelirroja estaban siendo regañados por haber asesinado al director
de St. John frente a catorce hombres, por ende, catorce testigos que debían
eliminar uno a uno. Jhonny había sido el único culpable, pero Frederick y
Albert eran buenos amigos, no iban a dejar que solo lo inculparan a él, más que
mal… ellos participaron de eso.
Cuando acabaron dicha
reunión Lewis apareció con Phoenix en pijama y la chaqueta del traje de Thomas,
Jhonny se molestó bastante una vez más pensando en que él se había sobrepasado
con la chica… pero se dio cuenta de que algo había salido mal cuando Thomas
venía acelerado y tembloroso al igual que Krauss.
La chica se lanzó a los
brazos de Jhonny como una niña pequeña asustada, perturbada. Sus manos
apretaban la espalda del rubio con desesperación.
–
Vienen por mí,
Jhonny – susurró nerviosa.
–
No, no otra vez… – la abrazó con fuerza para protegerla.
Xavier se percató de
aquello, miró a la chica tan nerviosa como era poco común verla, luego chocó
miradas con Frederick, Albert, Thomas y el mismo Jhonny indicándoles que debían
entrar a su oficina una vez más. Una reunión extraordinaria se realizaría en
ese momento para ver que podían hacer para no perder a Phoenix, debían
resguardarla hasta que volviese a estar en forma tanto físicamente como mental
para poder defenderse sola, y dejar de ser la niña débil e ingenua que estaba
demostrando ser con su forma de actuar.

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