sábado, 11 de agosto de 2012

Capitulo 5


PERTURBADA

Los hombres se notaban nerviosos al ver la rara reacción de la chica más valiente que habían visto en su vida. Tal vez el encierro en aquel lugar en Irlanda le había afectado más de la cuenta, lo cuál no era para nada bueno, ya que su personalidad era característica clave de todo su trabajo y así lograr ganarse el respeto de todos sus compañeros.

La misión que fue encomendada para los cuatro agentes presentes fue nada más que vigilar a Krauss por esta noche, mirar su comportamiento y mañana a primera hora sería enviada al campo de entrenamiento de ASO, para poder volver a estar en forma y demostrar que no había perdido su habilidad.

Acabaron la reunión un poco exaltados, Jhonny debía volver a su casa pero no quería dejar sola a Phoenix luego de la reacción que había tenido. Se sentó junto a ella que aún permanecía sentada en las sillas de espera afuera de la oficina de Xavier, la miró con paciencia mientras ella no sabía que pensar.

        Esta noche vendrás a mi casa – le dijo como consuelo.
        ¿Estás seguro?
        Si, no puedes quedarte sola después de lo que te acaba de pasar…

Krauss sintió una mirada dura a sus espaldas, se giró para ver y se dio cuenta de que Lewis la observaba atento para escuchar su respuesta, pero al ver sus ojos asechándole cambió de rumbo su mirada, como si nada. Luego volvió a ver a Jhonny, a lo que aceptó a su oferta.

Salieron de allí bajo una noche fría y dolorosa, Krauss subió al auto de Jhonny con la chaqueta de Thomas en sus hombros como abrigo, el ruso condujo a su gran casa no muy alejada del centro. Llegaron cerca de las diez a la casa, Jhonny hizo entrar a la pelirroja quien fue víctima al encontrarse de frente con la esposa del rubio.

La mujer la abrazo con fuerza, ya que la conocía desde antes, pensando que era una compañera de trabajo de su marido, solo que ella no sabía que su marido era asesino… si no que un empresario importante. Krauss saludó amable, la recordaba pero nunca le agradó ya que Helen era muy amable con ella… eso hacía dudar a la chica.

Cenaron juntos los tres como hace mucho tiempo no lo hacían, todo parecía ir bien durante la comida hasta que un llanto de bebé perturbó la presencia de la pelirroja, quién miró directamente a Jhonny. Él la miró nervioso como insinuando que más tarde le daría explicaciones al respecto.

Phoenix se sintió traicionada y se incomodó por completo, dejó de comer, Helen no estaba presente y entonces decidió ponerse de pie e irse del lugar. Jhonny la siguió hasta la puerta suplicándole que se quedara, más que mal no podía pasar esta noche sola.

        ¡Déjame en paz! – dijo dolida.
        Puedo explicarte… las cosas se salieron de control después de…
        Basta – encogió sus ojos – Ya es suficiente con esto – se calmó – Sigue cenando con esa mujer, dile que tuve que irme porque tuve cosas que hacer lejos de aquí – se dio la media y vuelta y caminó.
        ¡Phoenix…!

Siguió caminando ignorando la voz del rubio, a medida que daba un paso su ira crecía, sus puños se apretaban con fuerza y solo quería salir corriendo, pero no iba a demostrarse débil frente a una situación como esta. Jhonny no quiso seguirla, sabía que si lo hacía empeoraría la situación.

Volvió adentro pensando en qué decirle a su esposa que se extrañaría por la ausencia de Phoenix, tuvo que inventar una excusa barata como que se había enfermado su mejor amiga, siendo que la chica no tenía amigos…

Krauss caminó sin rumbo bajo el manto de la noche estrellada, veía pasar a la gente a su costado tan abrigada que le daba envidia, la noche estaba helada casi congelada. Caminó por las calles hasta llegar al centro de la ciudad y entró en un bar que daba esquina en la avenida principal.

Un aire acogedor golpeó su cara al ingresar, se percató de la presencia de poca gente y se puso a pensar que tenía sentido: ¿Quién querría salir a beber con este frío?

Se sentó en una de las mesas más alejadas de la barra y esperó que uno de los bármanes se acercara para preguntarle su pedido. Ninguno lo hacía, estaban los tres muy ocupados charlando entre ellos… lo que claramente colmaba más la paciencia de la chica. Desconcentraba su ira mirando al resto de pocas personas que estaban en el lugar, pasándola bien, distrayendo sus problemas… disfrutando del ambiente.

Ella se sentía traicionada por Jhonny, le había ocultado un gran detalle de su vida, claro también el matrimonio con aquella mujer. Y por si la duda abunda, la relación del ruso con la pelirroja era una mezcla de emociones con el trabajo, eso era lo complicado de todo… ella no sabía realmente lo que pasaba con Smirnov.

        Buenas noches – se acercó uno de los hombres para anotar su pedido.
        Hola… – dijo un poco asombrada con su inesperada aparición.
        Disculpa por asustarte – le sonrió – ¿Vas a tomar alguna cosa?
        Vodka, uno bueno – esquivó sus ojos verdes oscuros.
        Bien, ¿Algo más?
        No, solo eso por ahora…
        De acuerdo, ya vuelvo – volvió a sonreírle.

Phoenix lo observó atenta, preocupándose de mirar cada movimiento que el hombre hacía mientras caminaba a la barra para preparar su trago. Los hombres que le acompañaban comentaron cosas que la chica no lograba escuchar, a medida que pasaban los segundos sentía su cuerpo más helado… como si su sangre se solidificara.

El hombre no demoró tanto como la chica pensó, se acercó con cuidado hasta su mesa y Phoenix pudo mirarlo mejor. Era alto y atractivo, tenía una argolla en el lado izquierdo de su nariz, un arete en el centro bajo su labio y un cabello algo descuidado, pero le venía bien. No paraba de sonreírle a su clienta y eso hacía sentir cómoda a la chica, aunque no le gustara que fueran tan amables con ella.

        Gracias – dijo sin más.
        No hay de qué, es un verdadero placer – acotó sonriente, poniendo el vaso sobre una servilleta – Que lo disfrutes.

Sonrió otra vez para agradecer su servicio y el hombre se marchó a la barra otra vez, mientras que sus dos amigos seguían sirviéndole al resto de clientes que aún estaban allí. El hombre se apoyó detrás de la barra y la observó con atención mientras ella bebía su vodka, apreciándola a la distancia como si fuera la mujer más guapa que había visto por estos lugares.

Esperó atento a que pidiera la cuenta cuando ella había acabado su trago, dejó el vaso con cuidado sobre la misma servilleta que había permanecido todo el tiempo, buscó en la chaqueta de Lewis si tenía dinero… y no encontró nada. Miró a todas partes sobre la mesa como buscando una excusa para reclamar por el vaso y salirse con la suya, entonces levantó la mano para atraer la atención del hombre que la observaba desde hace rato. Fue donde ella muy gentilmente se inclinó para escuchar lo que tenía que decirle al oído.

        Tengo un problema – susurró complicada.
        ¿Cuál? – se asombró pero no dejó de sonreírle.
        No tengo dinero…

Él la miró aún sonriendo, observó el vaso vacío y pensó un poco apretando sus labios y mirando al techo, como si fuera un completo genio en proceso de algo magnífico. Se sentó en la silla que había frente a ella y puso sus brazos sobre la mesa mientras la observó sonriente.

        Te ofrezco un trato – levantó sus cejas.
        Te escucho – se sorprendió.
        Dime tu nombre y yo pago el trago, además de claro… aceptar otro más que compartirás mientras charlamos – su sonrisa no desaparecía – ¿Te parece?

La chica se sintió intimidada tan solo un poco por la forma en que el sujeto la miraba. Pero no pudo negarse, de verdad no tenía dinero, así que asintió mientras mostró una leve sonrisa.

        Estupendo – se alegró – Ahora cumple la parte del trato…
        No puedo decirte mi nombre – se disculpó sin ganas – Solo si prometes que no se lo dirás a nadie…

El suspenso abundó en su voz, el barman no comprendió bien a que se refirió con aquel misterio, pero asintió emocionado, de verdad quería saber como se llamaba la chica que había llamado su atención esta noche.

        Bueno, no le diré a nadie…
        Phoenix, si alguien te pregunta alguna cosa… no tienes idea de mi nombre – se puso seria.
        ¿Por qué tanto misterio, Phoenix? – dijo su nombre lentamente jugando.
        Créeme que no te gustaría saberlo – levantó las cejas desafiante.
        Está bien, no preguntaré nada más – rió – Mi nombre es Robert – estrechó su mano – Es un verdadero placer conocerte ¿te sirvo otro vodka, o quieres otra cosa?
        No… con otro vodka basta – sonrió convencida.
        Bien, ya vuelvo – le guiñó un ojo.

Sonrió otra vez, un poco extrañada con su reacción tan tranquila al no querer preguntar más cosas sobre ella, era algo que de verdad la chica no esperaba. De por sí cuando alguien impone barreras tu quieres seguir insistiendo hasta averiguar todo lo que quieres, pero él no lo hizo. Además se mostraba amable pese a la fría actitud de Krauss. ¿Qué estaba sucediendo? Se cuestionó y pensó que de verdad estaba perdiendo la cabeza.

El sujeto volvió a la mesa y puso a su disposición el trago, frente a él había un vaso de whiskey a las rocas. Permanecieron charlando hasta que el resto de la gente se marchó, Robert se mostró calmadamente interesado en la chica que pocas palabras dejaba salir desde su boca; lo que obviamente interesó más al hombre del bar.

Hacía mucho tiempo que él la había visto transitar por estos lugares, hasta que desapareció por una larga temporada (durante su estadía en el psiquiátrico), pero ya estaba de vuelta y eso era lo que importaba.

Cuando ya habían pasado las dos de la madrugada y había bebido su cuarto vaso de vodka, Phoenix estipuló suficiente y decidió marcharse agradeciendo la atención. Robert la dejó a las afueras del bar, contento de haber mantenido una charla con aquella chica, emocionado la vio caminar entre la nieve que comenzaba a caer por las heladas, su figura se desvaneció en la oscuridad de la avenida principal…

Krauss caminó lentamente abrigada aún por la chaqueta de Thomas hasta su departamento, tenía el presentimiento de que las cosas se habían calmado… de que tal vez las sombras se habían marchado y podría pasar la noche allí, sin que ninguna cosa la perturbara más.

Subió las escaleras hasta el tercer piso, abrió la puerta con lentitud y entró luego de encender la luz. Alguien estaba sentado en su sofá, pero ella no se asombró. Cerró la puerta a sus espaldas y se quedó parada mirándole fijamente, esperando que se moviera o algo.

        Has llegado tarde… – dijo el sujeto moviendo tan solo sus ojos para observarla.
        ¿Qué haces aquí? – encogió sus ojos un poco molesta.
        Me parece que no deberías asombrarte de encontrarte conmigo, hace mucho tiempo que no nos veíamos y sabías que vendría por ti – se puso de pie y caminó hasta ella.

Se puso de frente y la observó a los ojos fijamente, sus miradas eran fuertes y no eran necesarias palabras, ninguno de los dos demostraba emociones en sus rostros, solo se miraron como si no tuvieran nada más que hacer. Luego él fijó sus ojos en el rojo cabello ondulado que caía por los costados del rostro de Krauss.

        Vete de mi casa, ya te dije que no tengo asuntos pendientes con esa gente tuya.
        ¿Estás segura? ¿Hoy no pasó nada extraño en casa? – dijo desafiante.

Ella apretó sus labios sabiendo que él se enteraba de las cosas que le pasaba de alguna u otra forma. Su rostro tatuado hasta el mínimo detalle no dejaba de intimidarla. El representante de los Illuminati se hacía presente una vez más para convencer a la chica de que abandonase la compañía, a lo que claramente ella se negaba con antelación.

Krauss suspiró y cerró los ojos, con su mano aún en la perilla abrió la puerta y dejó el camino libre, miró otra vez al hombre tatuado y mantuvo la calma.

        Vete de mi casa Patrick…
        Sabes que volveré – dijo sin más.
        Vete… ahora y déjame en paz – sus ojos estaban en llamas.
        Que tengas dulces sueños… niña. – sostuvo su mentón y susurró en su rostro, muy cerca de su boca.

Sus ojos chocaron miradas una vez más y Patrick Jiovinazzo salió de allí. La chica cerró la puerta y caminó hasta su cuarto, se sentó en el borde de la cama y tomó su cabeza con ambas manos mientras apoyaba sus codos en sus rodillas; pensativa comenzaba a cuestionar todo lo que estaba pasando.

Sentía susurros dentro de su cabeza, tenía frío aún. Dejó la chaqueta de Lewis sobre la cama y se cubrió con las sábanas para conciliar el sueño luego de observar largo rato el ventanal que la había aterrado hasta hace unas horas. Su mente podía hacerle malas jugadas y aún dentro de la oscuridad podía divisar que algo se movía entre las cortinas ¿Estaban jugando con ella? ¿Querían advertirle de algo? No podía encontrar una explicación lógica para justificar aquellas presencias. Demonios, ángeles, entes… ¿Qué demonios eran esas cosas? Nunca le temió a nada en particular, pero aquellas cosas habían provocado que su piel se pusiera de gallina.

Esperando a que pasara lo peor se durmió en un profundo limbo que la llevaría a recordar cosas importantes, la noche era corta, debía prepararse para primera hora en la mañana volver a las andadas y reindicarse como asesina de alto rango. Debía demostrar que no había perdido la magia, que aún era buena en lo que hacía. Tan solo la gente se dejaba engañar por las malditas apariencias que a ella no le gustaba disimular.

Se hacía la idea de que al amanecer las cosas mejorarían y que esta noche solo había sido una más entre tantas.

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