PERTURBADA
Los hombres se notaban
nerviosos al ver la rara reacción de la chica más valiente que habían visto en
su vida. Tal vez el encierro en aquel lugar en Irlanda le había afectado más de
la cuenta, lo cuál no era para nada bueno, ya que su personalidad era
característica clave de todo su trabajo y así lograr ganarse el respeto de
todos sus compañeros.
La misión que fue
encomendada para los cuatro agentes presentes fue nada más que vigilar a Krauss
por esta noche, mirar su comportamiento y mañana a primera hora sería enviada al
campo de entrenamiento de ASO, para poder volver a estar en forma y demostrar
que no había perdido su habilidad.
Acabaron la reunión un
poco exaltados, Jhonny debía volver a su casa pero no quería dejar sola a
Phoenix luego de la reacción que había tenido. Se sentó junto a ella que aún
permanecía sentada en las sillas de espera afuera de la oficina de Xavier, la
miró con paciencia mientras ella no sabía que pensar.
–
Esta noche
vendrás a mi casa – le dijo como consuelo.
–
¿Estás seguro?
–
Si, no puedes
quedarte sola después de lo que te acaba de pasar…
Krauss sintió una mirada
dura a sus espaldas, se giró para ver y se dio cuenta de que Lewis la observaba
atento para escuchar su respuesta, pero al ver sus ojos asechándole cambió de
rumbo su mirada, como si nada. Luego volvió a ver a Jhonny, a lo que aceptó a
su oferta.
Salieron de allí bajo una
noche fría y dolorosa, Krauss subió al auto de Jhonny con la chaqueta de Thomas
en sus hombros como abrigo, el ruso condujo a su gran casa no muy alejada del
centro. Llegaron cerca de las diez a la casa, Jhonny hizo entrar a la pelirroja
quien fue víctima al encontrarse de frente con la esposa del rubio.
La mujer la abrazo con
fuerza, ya que la conocía desde antes, pensando que era una compañera de
trabajo de su marido, solo que ella no sabía que su marido era asesino… si no
que un empresario importante. Krauss saludó amable, la recordaba pero nunca le
agradó ya que Helen era muy amable con ella… eso hacía dudar a la chica.
Cenaron juntos los tres
como hace mucho tiempo no lo hacían, todo parecía ir bien durante la comida
hasta que un llanto de bebé perturbó la presencia de la pelirroja, quién miró
directamente a Jhonny. Él la miró nervioso como insinuando que más tarde le
daría explicaciones al respecto.
Phoenix se sintió
traicionada y se incomodó por completo, dejó de comer, Helen no estaba presente
y entonces decidió ponerse de pie e irse del lugar. Jhonny la siguió hasta la
puerta suplicándole que se quedara, más que mal no podía pasar esta noche sola.
–
¡Déjame en
paz! – dijo dolida.
–
Puedo
explicarte… las cosas se salieron de control después de…
–
Basta –
encogió sus ojos – Ya es suficiente con esto – se calmó – Sigue cenando con esa
mujer, dile que tuve que irme porque tuve cosas que hacer lejos de aquí – se
dio la media y vuelta y caminó.
–
¡Phoenix…!
Siguió caminando ignorando
la voz del rubio, a medida que daba un paso su ira crecía, sus puños se
apretaban con fuerza y solo quería salir corriendo, pero no iba a demostrarse
débil frente a una situación como esta. Jhonny no quiso seguirla, sabía que si
lo hacía empeoraría la situación.
Volvió adentro pensando en
qué decirle a su esposa que se extrañaría por la ausencia de Phoenix, tuvo que
inventar una excusa barata como que se había enfermado su mejor amiga, siendo
que la chica no tenía amigos…
Krauss caminó sin rumbo
bajo el manto de la noche estrellada, veía pasar a la gente a su costado tan
abrigada que le daba envidia, la noche estaba helada casi congelada. Caminó por
las calles hasta llegar al centro de la ciudad y entró en un bar que daba
esquina en la avenida principal.
Un aire acogedor golpeó su
cara al ingresar, se percató de la presencia de poca gente y se puso a pensar
que tenía sentido: ¿Quién querría salir a
beber con este frío?
Se sentó en una de las
mesas más alejadas de la barra y esperó que uno de los bármanes se acercara
para preguntarle su pedido. Ninguno lo hacía, estaban los tres muy ocupados
charlando entre ellos… lo que claramente colmaba más la paciencia de la chica.
Desconcentraba su ira mirando al resto de pocas personas que estaban en el
lugar, pasándola bien, distrayendo sus problemas… disfrutando del ambiente.
Ella se sentía traicionada
por Jhonny, le había ocultado un gran detalle de su vida, claro también el
matrimonio con aquella mujer. Y por si la duda abunda, la relación del ruso con
la pelirroja era una mezcla de emociones con el trabajo, eso era lo complicado
de todo… ella no sabía realmente lo que pasaba con Smirnov.
–
Buenas noches – se acercó uno de los hombres para anotar su pedido.
–
Hola… – dijo
un poco asombrada con su inesperada aparición.
–
Disculpa por
asustarte – le sonrió – ¿Vas a tomar alguna cosa?
–
Vodka, uno
bueno – esquivó sus ojos verdes oscuros.
–
Bien, ¿Algo
más?
–
No, solo eso
por ahora…
–
De acuerdo, ya
vuelvo – volvió a sonreírle.
Phoenix lo observó atenta,
preocupándose de mirar cada movimiento que el hombre hacía mientras caminaba a
la barra para preparar su trago. Los hombres que le acompañaban comentaron
cosas que la chica no lograba escuchar, a medida que pasaban los segundos
sentía su cuerpo más helado… como si su sangre se solidificara.
El hombre no demoró tanto
como la chica pensó, se acercó con cuidado hasta su mesa y Phoenix pudo mirarlo
mejor. Era alto y atractivo, tenía una argolla en el lado izquierdo de su nariz,
un arete en el centro bajo su labio y un cabello algo descuidado, pero le venía
bien. No paraba de sonreírle a su clienta y eso hacía sentir cómoda a la chica,
aunque no le gustara que fueran tan amables con ella.
–
Gracias – dijo
sin más.
–
No hay de qué,
es un verdadero placer – acotó sonriente, poniendo el vaso sobre una servilleta
– Que lo disfrutes.
Sonrió otra vez para
agradecer su servicio y el hombre se marchó a la barra otra vez, mientras que
sus dos amigos seguían sirviéndole al resto de clientes que aún estaban allí.
El hombre se apoyó detrás de la barra y la observó con atención mientras ella
bebía su vodka, apreciándola a la distancia como si fuera la mujer más guapa
que había visto por estos lugares.
Esperó atento a que
pidiera la cuenta cuando ella había acabado su trago, dejó el vaso con cuidado
sobre la misma servilleta que había permanecido todo el tiempo, buscó en la
chaqueta de Lewis si tenía dinero… y no encontró nada. Miró a todas partes
sobre la mesa como buscando una excusa para reclamar por el vaso y salirse con
la suya, entonces levantó la mano para atraer la atención del hombre que la
observaba desde hace rato. Fue donde ella muy gentilmente se inclinó para
escuchar lo que tenía que decirle al oído.
–
Tengo un problema – susurró complicada.
–
¿Cuál? – se
asombró pero no dejó de sonreírle.
–
No tengo
dinero…
Él la miró aún sonriendo,
observó el vaso vacío y pensó un poco apretando sus labios y mirando al techo,
como si fuera un completo genio en proceso de algo magnífico. Se sentó en la
silla que había frente a ella y puso sus brazos sobre la mesa mientras la
observó sonriente.
–
Te ofrezco un
trato – levantó sus cejas.
–
Te escucho –
se sorprendió.
–
Dime tu nombre
y yo pago el trago, además de claro… aceptar otro más que compartirás mientras
charlamos – su sonrisa no desaparecía – ¿Te parece?
La chica se sintió
intimidada tan solo un poco por la forma en que el sujeto la miraba. Pero no
pudo negarse, de verdad no tenía dinero, así que asintió mientras mostró una
leve sonrisa.
–
Estupendo – se
alegró – Ahora cumple la parte del trato…
–
No puedo
decirte mi nombre – se disculpó sin ganas – Solo si prometes que no se lo dirás
a nadie…
El suspenso abundó en su voz,
el barman no comprendió bien a que se refirió con aquel misterio, pero asintió
emocionado, de verdad quería saber como se llamaba la chica que había llamado
su atención esta noche.
–
Bueno, no le
diré a nadie…
–
Phoenix, si
alguien te pregunta alguna cosa… no tienes idea de mi nombre – se puso seria.
–
¿Por qué tanto misterio, Phoenix? – dijo su nombre lentamente jugando.
–
Créeme que no
te gustaría saberlo – levantó las cejas desafiante.
–
Está bien, no
preguntaré nada más – rió – Mi nombre es Robert – estrechó su mano – Es un
verdadero placer conocerte ¿te sirvo otro vodka, o quieres otra cosa?
–
No… con otro
vodka basta – sonrió convencida.
–
Bien, ya
vuelvo – le guiñó un ojo.
Sonrió otra vez, un poco
extrañada con su reacción tan tranquila al no querer preguntar más cosas sobre
ella, era algo que de verdad la chica no esperaba. De por sí cuando alguien
impone barreras tu quieres seguir insistiendo hasta averiguar todo lo que
quieres, pero él no lo hizo. Además se mostraba amable pese a la fría actitud
de Krauss. ¿Qué estaba sucediendo? Se
cuestionó y pensó que de verdad estaba perdiendo la cabeza.
El sujeto volvió a la mesa
y puso a su disposición el trago, frente a él había un vaso de whiskey a las
rocas. Permanecieron charlando hasta que el resto de la gente se marchó, Robert
se mostró calmadamente interesado en la chica que pocas palabras dejaba salir
desde su boca; lo que obviamente interesó más al hombre del bar.
Hacía mucho tiempo que él
la había visto transitar por estos lugares, hasta que desapareció por una larga
temporada (durante su estadía en el
psiquiátrico), pero ya estaba de vuelta y eso era lo que importaba.
Cuando ya habían pasado
las dos de la madrugada y había bebido su cuarto vaso de vodka, Phoenix
estipuló suficiente y decidió marcharse agradeciendo la atención. Robert la
dejó a las afueras del bar, contento de haber mantenido una charla con aquella
chica, emocionado la vio caminar entre la nieve que comenzaba a caer por las
heladas, su figura se desvaneció en la oscuridad de la avenida principal…
Krauss caminó lentamente
abrigada aún por la chaqueta de Thomas hasta su departamento, tenía el
presentimiento de que las cosas se habían calmado… de que tal vez las sombras
se habían marchado y podría pasar la noche allí, sin que ninguna cosa la
perturbara más.
Subió las escaleras hasta
el tercer piso, abrió la puerta con lentitud y entró luego de encender la luz.
Alguien estaba sentado en su sofá, pero ella no se asombró. Cerró la puerta a
sus espaldas y se quedó parada mirándole fijamente, esperando que se moviera o
algo.
–
Has llegado tarde… – dijo el sujeto moviendo tan solo sus ojos para
observarla.
–
¿Qué haces
aquí? – encogió sus ojos un poco molesta.
–
Me parece que
no deberías asombrarte de encontrarte conmigo, hace mucho tiempo que no nos
veíamos y sabías que vendría por ti – se puso de pie y caminó hasta ella.
Se puso de frente y la
observó a los ojos fijamente, sus miradas eran fuertes y no eran necesarias
palabras, ninguno de los dos demostraba emociones en sus rostros, solo se
miraron como si no tuvieran nada más que hacer. Luego él fijó sus ojos en el
rojo cabello ondulado que caía por los costados del rostro de Krauss.
–
Vete de mi
casa, ya te dije que no tengo asuntos pendientes con esa gente tuya.
–
¿Estás segura?
¿Hoy no pasó nada extraño en casa? – dijo desafiante.
Ella apretó sus labios
sabiendo que él se enteraba de las cosas que le pasaba de alguna u otra forma.
Su rostro tatuado hasta el mínimo detalle no dejaba de intimidarla. El
representante de los Illuminati se hacía presente una vez más para convencer a
la chica de que abandonase la compañía, a lo que claramente ella se negaba con
antelación.
Krauss suspiró y cerró los
ojos, con su mano aún en la perilla abrió la puerta y dejó el camino libre,
miró otra vez al hombre tatuado y mantuvo la calma.
–
Vete de mi
casa Patrick…
–
Sabes que
volveré – dijo sin más.
–
Vete… ahora y
déjame en paz – sus ojos estaban en llamas.
–
Que tengas
dulces sueños… niña. – sostuvo su
mentón y susurró en su rostro, muy cerca de su boca.
Sus ojos chocaron miradas
una vez más y Patrick Jiovinazzo salió de allí. La chica cerró la puerta y
caminó hasta su cuarto, se sentó en el borde de la cama y tomó su cabeza con
ambas manos mientras apoyaba sus codos en sus rodillas; pensativa comenzaba a
cuestionar todo lo que estaba pasando.
Sentía susurros dentro de
su cabeza, tenía frío aún. Dejó la
chaqueta de Lewis sobre la cama y se cubrió con las sábanas para conciliar el
sueño luego de observar largo rato el ventanal que la había aterrado hasta hace
unas horas. Su mente podía hacerle malas jugadas y aún dentro de la oscuridad
podía divisar que algo se movía entre las cortinas ¿Estaban jugando con ella? ¿Querían advertirle de algo? No podía
encontrar una explicación lógica para justificar aquellas presencias. Demonios,
ángeles, entes… ¿Qué demonios eran esas
cosas? Nunca le temió a nada en particular, pero aquellas cosas habían
provocado que su piel se pusiera de gallina.
Esperando a que pasara lo
peor se durmió en un profundo limbo que la llevaría a recordar cosas
importantes, la noche era corta, debía prepararse para primera hora en la
mañana volver a las andadas y reindicarse como asesina de alto rango. Debía
demostrar que no había perdido la magia, que aún era buena en lo que hacía. Tan
solo la gente se dejaba engañar por las malditas apariencias que a ella no le
gustaba disimular.
Se hacía la idea de que al
amanecer las cosas mejorarían y que esta noche solo había sido una más entre
tantas.

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