martes, 28 de agosto de 2012

Capitulo 8


MALA IDEA

Sus pasos se podían solo oír si eras un especial espía con tus sentidos altamente desarrollados, la chica se desplazaba de árbol en árbol para no ser vista. Luego de haberse encontrado con una credencial de otra compañía en el traje de aquel misterioso hombre que yacía muerto… su presentimiento cobraba sentido lógico.

La fría mañana jugaba en su contra, la falta de calor le hacía distraerse rápido, podía confundirse con cualquier mísero ruido, hasta con sus propios pasos en la densa nieve que cubría el césped. Se adentraba cada vez más en las tierras, las miras de un trío de francotiradores la observaban a lo largo de su trayecto por el territorio de St. John. Phoenix podía sentirse presa de miradas, pero las condiciones climáticas no la dejaban trabajar con su cien por ciento de rendimiento… claramente estaba en desventaja.

A las afueras Thomas buscaba aún la manera de entrar sin ser descubierto, o al menos no de correr el riesgo suficiente como para acabar en desventaja frente a dicha competencia. Pero su nombre era reconocido por el gran trabajo que podía brindar a sus misiones… esta no sería una excepción.

Se acercó como cualquier otro transeúnte a los agentes quienes lo observaron con extrema alerta pero con disimulo, Lewis los miró sonriente con aquella ironía que lo destaca todo el tiempo, hizo un leve movimiento como si fuera a ver la hora en su muñeca izquierda y con un rápido actuar tomó sus armas, acabó con los cinco hombres robustos que impedían el paso, disparos certeros en el centro de sus frentes acabaron con cada uno; creyó que había cumplido con todo, pero un ruido al interior de uno de los vehículos lo alertó de que aún no había terminado. Caminó sin apuro, abrió la puerta trasera y le dio al sujeto con seis disparos en su pecho para asegurarse de que esta vez había acabado.

Registró cada uno de los cuerpos para quedarse con las municiones que le harían falta, revisó sus credenciales y se percató del plan cuando revisó la guantera de uno de los autos. El nombre de varios funcionarios les parecían conocidos, pero hubo uno en especial que no le gustó para nada: Alice Graf.

Tomó uno de los teléfonos que tenían los sujetos y marcó apresuradamente el número central de ASO, pidió contacto directo con Xavier, quien no quería atenderlo al pensar que era un traidor.

        ¿Alice…Graf? ¿Estás seguro de lo que me estás diciendo? – dijo alterado al otro lado del teléfono.
        ¿Crees que estaría dándome el tiempo de llamarte si no estuviera seguro? Si no quieres que las cosas se salgan de control será mejor que mandes un buen equipo… Hay otra compañía por estos lugares y Krauss decidió entrar sola, para variar…
        Jhonny va para allá con un grupo, de seguro ya está por llegar, le informaré de tu localización para que se encuentren – guardó silencio un rato – Asegúrate de que Phoenix salga de allí con vida… y que no se encuentre con Graf por nada ¿entendiste?
        Si, señor.

Cuando acabó el contacto con Lewis, el superior no dudó dos veces y se comunicó con Jhonny para informarle sobre la situación a la que debería enfrentarse cuando se encontrase en tierras Irlandesas. Albert, Frederick y el mismo Jhonny sabían que esto sucedería tarde o temprano, ya que todo esto era consecuencia de las erróneas acciones que decidieron tomar antes de la liberación de Phoenix.

Samantha iba con ellos y aunque su entrenamiento no era el mismo que el de los agentes, estaba preparada para enfrentar este tipo de situaciones. Tal vez su temple sería una buena arma para persuadir al enemigo cuando se requiera hacerlo.

Lewis decidió avanzar mientras se aproximaba el grupo de “refuerzos”, no pretendía dejar sola a la pelirroja que avanzaba cada vez más, dejando victimas tras su paso sin piedad. Thomas perseguía sus pasos profundos implantados en la profunda nieve, seguía su rastro como un buen detective, usó sus buenos ojos para darse cuenta de que a la lejanía habían personas con armas de alto calibre dispuestos a dar caza a la pelirroja, sabía que esto iba en serio.

Phoenix avanzaba como una bailarina en pleno teatro, haciendo acrobacias para esquivar los disparos de los pocos agentes que se dedicaron a hacer guardia hasta su llegada, los que por obviedad acaban muertos por disparos directos y mortales. Mordía su labio de vez en cuando, el frío estaba partiéndolos y comenzaba a ser presa de hipotermia en primer grado.

Ella ya se había dado cuenta que la estaban esperando, que solo era cuestión de minutos para que la rodearan y comenzaran a dispararle a quemarropa, solo tenía que esperar… pero no mucho, sus municiones eran limitadas, ya que no iba preparada con el equipo que correspondía. Siquiera traía un plan de respaldo.

Jhonny y el equipo aterrizó en el aeropuerto de Dublín luego de tres horas después de que Lewis contactara a su jefe, el grupo entró acelerado por las tierras siendo guiados por los cadáveres que iban apareciendo en el camino, mientras que registraban todo e iban atentos a cualquier movimiento que pudiera ser sospechoso.

Más adelante, en la densidad del bosque nevado Phoenix permanecía sentada junto a un grueso roble sin muchas hojas, temblando completamente al haber permanecido allí unos diez minutos esperando a que alguno de los agentes que permanecía parados en la entrada se acercara y pudiera acabar con él usando algunas de sus técnicas de pelea cuerpo a cuerpo. Pero nada, ellos estaban esperando a que la chica fuera hacia ellos.

Un poco más atrás de Phoenix estaba Thomas, quien intentaba dar con lejanos disparos hacía los francotiradores que permanecían en lo alto del psiquiátrico, pero fallaba, no tenía la potencia necesaria como para acabar con ellos, y no podía acercarse más a la chica ya que cada vez que se movía del árbol en que estaba un disparo iba directo hacia él, por suerte tenía reflejos rápidos para esquivarlos.
        Allí están – dijo Frederick encogiendo sus ojos.

        ¿Por qué no se mueven? – se extrañó Albert.
        De seguro se acabaron las municiones… o es porque los francotiradores ya los vieron – Jhonny era sabio.
        ¿Qué haremos entonces? Nosotros tampoco podremos avanzar – acotó Samantha – No creo que esto acabe aquí… ¿O si?

Y antes de que alguno de los agentes pudiera responder su pregunta tan incierta, Phoenix entró en acción.

Sus ojos ardiendo en llamas, despertando la bestia que la volvía peligrosa; el frío desapareció de su cuerpo de una manera extraordinaria, se puso de pie y apretó sus puños, tomó con fuerza las armas que traía y que no tenían más balas, corriendo se aproximo a la entrada como una misión suicida.

Los hombres abrieron fuego como tanto habían esperado y el paro cardiaco apareció en los espectadores, el equipo de Jhonny, Lewis y los observadores alejados pensaron claramente que era el fin… no había oportunidad para que la chica saliera viva de aquello, por primera vez algunos presenciaban la magia de Phoenix Krauss.

Corría sin cesar, se movía a una velocidad perturbadora, asombrando a todos. Esquivó la mayoría de las balas que se dirigían a ella, unas cuantas impactaron en diferentes partes de su cuerpo, pero no se detenía por nada. Sangre salía por su boca mientras no pestañeaba por nada del mundo, como si sus ojos examinaran cada movimiento que se realizara por los sujetos que se encontraban en su frente. Llegó a ellos lanzando sus armas para despistarlos un poco y sus golpes fueron efectivos, le quebró el cuello a seis de ellos y a los otros dos simplemente les rompió el rostro azotando su cabeza contra la pared.

Al llegar a la entrada se apoyó en una pared que no fuera visible desde el punto en donde estaban los francotiradores y calmó su adrenalina apretando con fuerza sus ojos cerrados, tomando en cuenta que había sido herida por casi diez balas a lo largo de su cuerpo. Descansaba tranquila, si es que así puede llamarse mientras a la lejanía los espectadores (a excepción de Jhonny) aún procesaban lo ocurrido, parecía sacado de una película.

        Vaya… – dijo atónita Samantha – Jamás había visto a alguien moverse tan rápido…
        Bajo presión trabaja mejor – sonreía Albert.

Phoenix miró con precisión hacia el bosque en donde se encontraba la gente que venía tras ella por parte de ASO, tragó saliva abruptamente y se puso de pie, poniendo alerta a todos los espectadores, miro hasta lo que parecía ser directo a Jhonny y sonrió de una manera perturbadora, luego de aquello se propuso entrar en el psiquiátrico para acabar con su misión.

Todo el mundo se puso como loco, no podían dejar que entrara sin armas, mucho menos herida de tal manera como lo estaba. Lewis corrió en zig-zag para despistar al par de francotiradores que lo observaban hace rato y entró tras la chica, el equipo de Smirnov se encargó de ubicar a los tiradores e intentar acabar con ellos de alguna manera, ya que las armas que traían era de corto alcance y no tendrían buenos resultados si no se lo proponían.

Dentro del instituto de recapacitación mental los aires estaban calmos, parecía un mal momento… No había nadie a la vista y todas las cámaras de seguridad estaban atentas mirando hacia la entrada. Phoenix no sentía presión en ese instante, el frío congelaba sus miedos y tentaciones, solo se dejaba llevar por las presencias que parecían mostrarle el camino correcto.

Caminó en dirección recta sin pestañear y con el cuerpo y la cara ensangrentada hasta el final del pasillo principal, podía sentir el resonar de sus zapatos duros y sucios por toda la zona con un eco aterrador; giró a la izquierda por donde recuerda a la perfección que allí fue su último chequeo antes de salir y se encontró con otro par de grandes sujetos que querían intimidarla con armas casi al estilo medieval. Sonreían pensando que sería pan comido, si todo salía mal con ellos, atrás de la chica había una mujer apuntando directamente… ella no podría fallar el tiro.

        Vamos a divertirnos un poco – dijo uno de ellos riendo.
        Está bien… divirtámonos – sonrió ampliamente Krauss.

Sus ojos se enfocaron duramente en ambos hombres logrando que se sintieran intimidados por su mirada asesina y sicótica. De la misma nada todo el pasillo cayó en una profunda oscuridad, las luces se fueron, las ventanas se nublaron de unas extrañas sombras que impidieron el paso absoluto de la luz hacia el interior; un grito bestial aceleró el ritmo cardiaco de los tres presentes acompañantes de la chica, no podían ver nada… y eso los asustaba.

Sentían que alguien caminaba a una velocidad lenta, podía oírse una respiración acelerada que irrumpía el pensamiento de cualquiera. Todo acabó con el grito de la mujer cuando unos disparos atravesaron su pecho tres veces, los hombres yacían en el suelo ahorcados con sus propias demoledoras y torturadoras armas. La luz volvió al cabo de unos segundos… Phoenix estaba ilesa, con la mirada cansada e ida, el frío estaba volviendo a ella.

Entonces siguió avanzando por la puerta del costado derecho, el gran portón que la llevaría al centro de actividades en donde tampoco había nadie, la chimenea estaba encendida y la radio emitía un ruido de interferencia. El vapor salía de la boca de Phoenix, se sentía incómoda al recordar todo lo que tuvo que pasar allí, los malos momentos que tuvo que enfrentar a causa de un exilio innecesario… su mente se estaba retorciendo.

Unos ruidos a su espalda llamó su atención como cualquiera lo hubiera echo, pero antes de que pudiera mirar quien estaba tras ella una aguja fue inyectada en su cuello brutalmente, haciéndola caer del dolor y perder el conocimiento luego de sentir una voz que le parecía muy familiar. Lewis ingresó al mismo cuarto luego de sentir que peso muerto había caído, abrió la puerta de par en par sin preocuparse de ser meticuloso; vio caído el cuerpo de Phoenix y miró a la culpable con asombro.

        Has llegado tarde – decía Alice sin emoción alguna en su voz o rostro.

Thomas no sabía que pensar precisamente, pensó mil atrocidades pero ninguna estaba cerca de lo que en verdad había ocurrido. No pudo idear otra estrategia y se lanzó a golpes contra la rubia iluminada, golpes certeros que no daban en el blanco, la chica sabía defenderse a la perfección, interceptaba cada golpe que el inglés daba, incluso parecía que él tenía la jugada en su contra… Pero no se iba a rendir tan fácil, menos ante una mujer. De la misma nada sacó una fuerza asombrosa que mantenía reposando desde su última misión, con hábiles movimientos acabó con la rubia lanzándola lejos y dándole tiempo suficiente para tomar a la pelirroja y largarse de ahí.

A las afueras del lugar el equipo seguía luchando contra los francotiradores que no daban por sentada su localización, se movían de un lugar a otro constantemente para desviar su atención y no ser presas fáciles. Los hombres se estaban preocupando demasiado, más aún al haber perdido de vista hace ya mucho rato al encargo que los había traído hasta Irlanda.

Dentro del edificio, por los fríos pasillos iba Thomas con Phoenix en sus brazos de forma nupcial, cubierta de sangre y heridas; su peso le costaba trabajo correr y encontrar la salida, por los mismo nervios y desesperación parecía perderse cada vez más… alejándose por completo de la puerta principal. Unos pasos comenzaron a indicarle que estaba siendo perseguido, se puso más alerta y comenzó a sentirse sofocado.

Parecía que todo estaba perdido, pero una rara sensación apareció y lo hizo correr con fuerzas hacía una dirección de la que no se había percatado, se giró hacia un costado y miró para atrás para ver como unos cuantos agentes lo seguían con absoluta disposición para acabar con él. Con su hombro derecho y parte superior de su brazo abrió la puerta con fuerza, el blanco del día molestó sus ojos pero no se detuvo; siguió corriendo en dirección recta alertando la vista de los francotiradores. El equipo de Jhonny se percató de sus actuales posiciones y acabaron con ellos cuando trataron de darle a Lewis mientras corría hacía el bosque.

En la puerta quedó Alice parada con sus puños apretados mientras veía como la multitud de ASO huía con el objetivo que debía eliminar, encogía sus ojos para apreciar el rostro de los agentes que sabían quién era ella… el asombro que dejaron escapar la alimentó de ese miedo que le hacía falta.

Smirnov le gritaba a Lewis mientras éste no dejaba de correr, el rubio quería explicaciones sobre que era lo que había ocurrido con Phoenix, pero el inglés no estaba precisamente dispuesto a detenerse y pararse a conversar con él; lo único que en ese momento necesitaban era salir de St. John y buscar un lugar seguro.

Corrieron hasta las afueras, los autos estaban aún ahí, pero explotados tal como los había dejado Thomas antes de entrar, Albert y Frederick los guiaron hasta las camionetas que ellos había traído, los hicieron subir y emprendieron camino… antes de irse del país pasaron a la residencial en donde Krauss y Lewis pasaron la noche, logrando que el enojo de Jhonny creciera aún más al ver que solo había una cama. No hubo tiempo para mayores explicaciones, todos estaban acelerados y esperando que Alice no los estuviera siguiendo, pagaron lo debido en aquella residencial y volvieron a los vehículos.

Partieron directo a la frontera con Inglaterra para buscar una base segura, el antiguo estatuto de Thomas Lewis sería lo que por ahora los tendría a salvo. Una vieja localidad en Liverpool sería por el momento su guarida hasta saber que le había pasado a Krauss y al menos saber… si aún seguía viva.

jueves, 23 de agosto de 2012

Capitulo 7



CONFUSIÓN

Dormía con el enemigo. Su respiración pasiva y tranquila no la dejaba descansar. La situación ya era bastante extraña al tener que dormir con una mujer que solo ese mismo día había conocido y, que por alguna extraña razón la hacía desconfiar.

Impaciente Phoenix se levantó cuando el reloj marcaba las tres con veinte y ocho minutos, sus suaves pasos a través del pasillo la llevaron hasta el comedor, bajó un escalón y se sentó en el sofá del living que colindaba con el comedor, miró atenta las maletas de Samantha… incluso parecía que las maletas aclamaban que las revisara, pero no quería volverse paranoica y acabar metiendo la pata.

En ese momento, mientras comenzaba a analizar la situación una sombra apareció en la puerta de entrada, una silueta densa y oscura permanecía parada bajo el umbral, pidiendo atención. Krauss se sintió atraída al ente de una manera especial, así que dejó en paz las cosas de la mujer y se abrigó con un largo sweater, abrió la puerta y siguió a la sombra que se desvaneció en la entrada del edificio. Permaneció para allí y sintió la presencia de alguien dentro de la oscuridad.

        ¿Sigues cayendo en la misma trampa? – susurró.
        Si estás aquí es por algo – dijo sin ganas.
        Has acertado una vez más, niña…

Su rostro tatuado apareció desde las sombras de la entrada, se detuvo justo en frente de la chica quien lo observaba sin asombro, tan solo unos diez centímetros los mantenían alejados a ambos. Sus ojos mantenían miradas fuertes, no eran necesarias largas charlas… podían comunicarse de una manera especial.

        Ellos van a dañarte.
        ¿Razones? – se extrañó.
        Aún no las sé… – sus ojos seguían viéndose – Pero nada bueno pasará si continuas con ellos, están planeando algo en tu contra y es seguro que las cosas no saldrán bien…
        No se atreverían a hacerlo, ellos no pueden conmigo – sonrió de costado.
        Harán el intento, de eso no cabe duda, niña…
        Me prepararé entonces, no caeré ante nadie nunca más – dijo firme, desconfiando del ambiente.
        Puedo ayudarte, si quieres… – extendió su mano.

Phoenix sonrió dulcemente por aquel gesto, pero antes de que pudiera decir o pensar cualquier otra cosa una voz irrumpió en el ambiente, unos pasos provenían desde su espalda y Samantha se hizo notar. Patrick entrecerró sus ojos frente a la pelirroja y llevó su mano de vuelta a su costado, pestañeó lentamente y se giró para marcharse.

Samantha se aproximó a la chica y preguntó por ese hombre tan extraño, Krauss simplemente guardó silencio. Volvieron a dormirse dentro de lo que se podía, a la mañana siguiente la pelirroja sería victima de conversaciones desde su comedor, aquellos leves ruidos alborotaron su sueño y la obligaron a despertarse, caminó lentamente y se encontró a Jhonny desayunando junto a Samantha, que por alguna razón ya estaba lista para irse.

Phoenix volvió a su cuarto molesta, tomó ropa y se metió en la ducha, lavó su cabello con ira hiriendo su cuero cabelludo, además de rasguñarse el cuello. Se vistió con simples jeans oscuros, unas botas, una camiseta que la abrigaba lo suficiente y un abrigo largo y negro, se maquilló densamente como lo hacía siempre y salió del baño a su cuarto, arregló un par de armas que puso dentro de su cinturón y salió de allí.

Smirnov y Blair salieron persiguiéndola sin entender que estaba sucediendo con ella, la detuvieron antes de que subiera a su coche.

        Ya dije que no quería verte – le dijo con el seño fruncido.
        ¿Podemos charlar? – le gritó desesperado, ya estaba harto de que ella huyera.
        Puedo dejarlos solos si quieren – sonrió una vez más Samantha.
        Por favor Phoenix…

Jhonny le suplicaba tiempo, y ella se negó una vez más, subió al auto y aceleró sin mirar atrás, condujo hasta ASO sin saber lo que ahora haría, solo quería distraerse un poco, escapar de todos… tener un momento a solas con ella misma. Ingresó en su cubículo y observó unas carpetas con expedientes dentro, los revisó y luego miró a sus alrededores, habían ojos mirándola fijamente sin siquiera disimular un poco. Se sintió incomoda. Sin más, metió esos papeles dentro de su bolso con implementos y salió del piso, encontrándose con Thomas en el elevador, quien la tomó del brazo y la metió al elevador a la fuerza luego de que se fijara en su gran equipaje.

La chica se extrañó, no entendía nada y el hombre no quiso decir nada hasta que estuvieran en el coche de Lewis, Krauss pedía explicaciones y el hombre no respondía nada, hasta que comenzó a alejarse de la ciudad en dirección al bosque fronterizo en donde saldrían de Rusia para tomar un avión en uno de los países vecinos y volarían a Irlanda.

        ¿Qué te pasó? ¿Por qué llegaste así a la compañía? – dijo sin mirarla.
        No te importa – titubeó – ¿Qué te sucede a ti? ¿A dónde me llevas?
        Claro que me importa, llegaste armando caos y chocaste a dos autos afuera de la compañía – rió como si fuera muy gracioso – Definitivamente algo te pasa – la miró de reojo.

Frunció el seño como una niña caprichosa sin su premio, entonces el aire comenzó a fluir extrañamente entre los dos una vez más, con una confianza extraña que hacía sentir a ambos diferente.

Thomas detuvo el auto en el nevado camino que estaban recorriendo, respiró profundo y miró una vez más a su acompañante fijándose esta vez en los rasguños en su cuello y su mirada abatida. Le preguntó si alguien le había hecho daño, ella negó con su cabeza sin expresión alguna en su rostro.

        ¿Puedo preguntarte algo? Pero quiero que me respondas con la verdad – encogió sus ojos.
        Ya lo hiciste – rió la chica, él la acompañó con una sonrisa – Está bien…
        ¿Tú y Smirnov tienen algo…?

Jaque. Un punto que ella nunca quiso tocar, sin embargo siempre fue una latente interrogante para la gente que rodeaba a ambos. La chica se sintió mal pero no lo hizo notar, sonrió irónica como lo hacía a menudo y respondió con un sutil no. Thomas insistió en que había algo entre ellos, sus actitudes lo demostraban y era un poco obvio, pero en verdad nunca tuvieron algo concreto, nada más que revolcones y encuentros a escondidas.

Luego de aquella extraña charla, el auto volvió a su camino y Krauss volvió a cuestionarse cosas en silencio, el camino era largo y agotador de tanto ver árboles cubiertos de nieve blanca y espesa.

En ASO ardía Troya mientras Xavier se enteraba de que Phoenix se había marchado sin el equipo necesario hacía Irlanda para acabar con las personas que se le había indicado, más aún su ira era presentada pues Samantha no la había acompañado. La encargada de dar bitácora de cada movimiento que la pelirroja hacía, de cada acción que tomaba, el anciano estaba en llamas.

Jhonny averiguó en recepción que vieron saliendo a su compañera junto a Thomas Lewis. Le asqueaba el hecho de que la chica estuviera sola con él, ya que el sujeto o podría decidir matarla ya que la detestaba… o pudiera aprovecharse de ella, desde  que pasó aquello en el departamento de Krauss que comenzaba a actuar diferente con ella. Miles de cosas pasaban por la mente del rubio, sentía impotencia al no saber siquiera en donde ahora se encontraban.

        ¿Qué haremos entonces? – le preguntó la psicóloga.
        Ubicar a Lewis con la GPS – frunció el seño.
        ¿Estás bien? – se extrañó la mujer.
        ¡No! – dijo alterado – Claro que no, las cosas si se salen de control… no podrán contarse.

La mujer no entendía a que se refería exactamente con esa frase, pero le perturbaba ver al rubio caminar de lado a lado tocándose la cabeza como si algo terrible pudiera ocurrir. Samantha intentaba calmarlo, pero no podía hacer mucho.

Xavier los citó a ambos a su oficina y les indicó las misiones que se le habían encomendado a Krauss antes de que desapareciera esa mañana, entonces Jhonny tomó la decisión de llevarse a un grupo de agentes e ir en búsqueda de la chica antes de que cualquier cosa pudiera pasar. En sí ya era peligroso de que Phoenix fuera solo con un acompañante a una de sus misiones, ya que muchas otras compañías querían acabar con ella, además de que los Illuminati harían cualquier cosa por llevarla a ellos… El asunto quedaba al azar.

Pudieron localizar el auto de Lewis luego de casi un día después de que desapareciera de ASO, el problema fue que cuando llegaron hasta donde estaba el vehículo éste estaba vacío, sin absolutamente nada en su interior, siquiera algún tipo de documento. Lo que complicaría aún más la búsqueda.

El avión en que los dos fugitivos viajaban aterrizó en Dublín pasado el amanecer, tan solo unas pocas cosas traían, decidieron quedarse a dormir en una residencial… una vieja casa que servía como hotel para turistas con poco dinero, siendo que ellos tenían suficiente como para ir a uno lujoso y maravilloso. Debían mantener apariencias.

        Hay solo una cama… – Phoenix elevó sus cejas con una risa de asombro.
        Vaya… tendré que dormir en el sofá – ironizó Thomas dejando su bolso junto a la cama.
        Es un cuarto – se extrañó – No hay sofás aquí – lo miró riendo.
        Cierto, eso complica aún más las cosas – le siguió el juego.

Por primera vez veía a la pelirroja reír de verdad, entonces se sintió cómodo, como si las cosas no pudieran salir mal después de todo, aunque la compañía los estuvieran buscando desesperadamente pensando en que se relevarían y atacarían. Solo eran ideas de ellos, en verdad Lewis y Krauss solo iban a cumplir sus misiones encomendadas, la gente en ASO solo estaba paranoica, sobre todo Jhonny.


La noche había caído con frío y regocijo en aquel cuarto desmoronado, la brisa podía entrar por el marco de la ventana que estaba justo en frente de la cama, Lewis no quería acostarse antes de que la chica lo hiciera, y ella no quería dormir precisamente. Estaba inquieta y solo quería deshacerse de su estrés apretando el gatillo frente a alguien que lo mereciera, pero el inglés se percató de su forma de actuar y no ocultó su interrogante.

        Debes dormir, mañana podrás comenzar a hacer todo lo que quieres…
        El trabajo no puede esperar – dijo con los ojos cansados.
        Bebe el té, hace frío y no dejaré que salgas así – dijo con voz de mando.

Phoenix lo miró dudando, pero obedeció y bebió aquel extraño té que Thomas le había preparado, logrando así que ella se rindiera en un sueño agobiante producto de las hierbas somníferas que estaban diluidas en el caliente agua. Con una calma extraordinaria sus ojos se cerraron, entonces el hombre presente con cuidado la cobijó y la abrigó con las ropas de la cama, dejó las cosas un poco ordenadas para salir a primera hora en la mañana y se durmió junto a la chica cuando se percató de que todo estaba bien.

Las presencias oscuras y tenebrosas abundaban en el ambiente, podían incluso sentirse como personas más en aquella habitación. El aire que se respiraba era denso y espeso, podía cortarse con un cuchillo… El frío se hacía más intenso y doloroso, podía hacerles pasar a ambos una mala jugada, cualquier cosa podía pasar estando aquellos entes presentes, más aún tan cerca de ellos.

En Rusia, aún la desesperación desbordaba la paciencia de Jhonny, de Xavier y de las cabecillas de la mesa principal de reuniones en ASO. Todo ese movimiento era innecesario, solo que ellos no se habían dado cuenta que estaban provocando un tsunami en un vaso de agua. Samantha había permanecido estos dos días junto al rubio para mantenerlo calmado por ordenes de los superiores, y comenzaba a sentir algo extraño por parte de Jhonny, una atención un poco confusa por su parte hacia la desaparecida pelirroja hacía dudar a la profesional. ¿Es que acaso Jhonny estaba preocupándose demás por Phoenix?

Al cabo de unas pocas horas el sol apareció en el cuarto en donde pasaron la noche el par de fugitivos de ASO, el brillo irrumpió en el rostro de la sedada chica y se percató de la presencia de Lewis junto a ella, y más que eso… fue que ella lo estaba abrazando bajo las sábanas que ni recuerda como aparecieron. Se extrañó bastante y demoró en reaccionar para levantarse y arreglar su cabello, partió al baño y lavó su cara con el exagerada agua fría que la hizo reaccionar. Miró el reloj que marcaba las 08.12 horas, entonces emprendió vuelo cargándose con las armas necesarias y el abrigo, nada más era requerido.

Le dio los buenos días a la encargada de la residencial y salió de allí sin más, siquiera saber como llegar al lugar indicado en los documentos, caminó largos minutos hasta que encontró un mapa de la zona en donde marcaba con letras resaltadas su objetivo: Psiquiátrico St. John.

Tomó un taxi que la llevó hasta la zona más cercana, ya que solo autos particulares podían ingresar en el terreno de dicha institución. Pagó y al dar el primer paso dentro de aquellas tierras un mal presentimiento la abordó de improviso, incluso el viento parecía que le alertaba de algo, miró a sus alrededores nevados y no observó movimiento alguno… lo cual daba para sospechar. Sin más caminó por el largo camino cubierto de hielo peligroso, no había gente en su mira así que no había de qué preocuparse, las aves parecían perseguirla… sus cantos parecían funerarios y la observaban como presa. Los cuervos aparecieron entre la nieve, justo en el camino de Phoenix.

        Esto no pinta bien… – dijo para ella misma a medida que caminaba y se percataba de cada detalle de sus alrededores.

Unos pasos de sospechosa precedencia se oían a la lejanía, los sentidos de la pelirroja se agudizaron tales como los de un buen cazador y con una aeróbica maniobra se escondió tras un grueso árbol. Desabrochó el seguro de una de sus armas y sobrepuso su mano en la misma, aguardó paciente y antes de que el personaje en cuestión apareciera junto a ella, Krauss se dio a la vista y acabó con su vida con simples y rápidos tiros al cuello; una forma de matar más rápido. Se acercó sigilosamente para ver quien era aquel hombre de traje tan pulido, tomó su identificación y su mente se vio acorralada al notar que pertenecía a otra agencia de asesinos. La estaban esperando.

Cuando Lewis despertó y notó la ausencia de la chica, su adrenalina le subió a la cabeza, tomó sus cosas rápidamente y salió corriendo de allí, gritándole a la mujer de recepción que volvería, para que no sacara las cosas del cuarto. Tomó un taxi y se bajó cerca de donde lo hizo Krauss, no podía avanzar más porque una barrera de autos negros bloqueaba el paso para cualquiera que quisiera ingresar a las instalaciones, y Phoenix estaba dentro.

        ¡Una emboscada! – se maldijo casi en silencio – Esto será complicado…

Miró acelerado cada placa de los vehículos que yacían allí estacionados, inspeccionó cada detalle que le pudiera dar alguna pista de quienes eran, pero nada. Observó el muro que tenía a sus espaldas y pensó en las probabilidades que tenía para emplear una buena estrategia y salir del lugar con vida, tanto él… como la chica.

Capitulo 6



REIVINDICACIÓN

El resonar de sus tacos se esparcía por todo el lugar, desde lejos todos sabían que alguien se aproximaba con ganas de demostrar quien era realmente. Su figura desafiante y completamente provocativa apareció en la oficina de Xavier, interrumpiendo una reunión sumamente importante con una mujer a la que Krauss no había visto jamás en su vida… o al menos no que recuerde.

El superior la miró un poco confuso al no comprender que hacía allí tan temprano, tan lista, tan decidida.
Phoenix sabía como vestirse frente al mundo, su elegante traje ajustado color negro lucía hermosamente elegante, su blanca blusa resaltaba con una pañoleta también negra atada a su cuello. Los tacos finos la hacían ver más alta, resaltaba aún más su colorido cabello bien alisado como pocas veces lo preparaba, un maquillaje oscuro en sus ojos y un labial color rubí un poco más oscuro que el color de su cabello. El flequillo que caía por sobre su ojo izquierdo la hacía lucir aún más enojada.

La mujer que acompañaba al viejo Shire se volteó para mirar a la persona que había interrumpido su importante junta con el director de ASO, la observó de pies a cabeza y sonrió aprobándola ¿De qué? Pues nadie sabía.

        ¿Qué sucede? ¿Por qué irrumpes así en mi oficina? – le dijo Xavier extrañado.
        Necesito dinero, equipo… y armas – dijo sin más, seria como una roca.
        Vaya, que osada – rió la mujer.
        ¿Ves porque te digo que es maravillosa? – sonrió el anciano mirando a su acompañante.

Krauss no entendió nada, miró de reojo a la mujer que estaba sentada y quien la observaba atenta y sonriente, Xavier se puso de pie y rodeó su escritorio, la mujer se puso de pie amable y chocaron miradas con la pelirroja.

        Samantha, ella es Phoenix Krauss… la chica de la que tanto te hablé – dijo orgulloso como un padre.
        Es un gusto Phoenix – estrechó su mano sin que la pelirroja respondiera su saludo.
        ¿Quién es ella? – levantó sus cejas mirando al jefe.
        Ella… es Samantha Blair, tu tutora.
        ¿Tutora…? – sonrió irónica – ¿Para que quiero una tutora?

La mujer no paraba de sonreír mientras Xavier sabía que sería difícil enfrentar esta situación, Phoenix no entendía bien del todo, pero el hombre le explicó que esta mujer sería la que se encargaría de su reintegración a la compañía. La prepararía mentalmente otra vez para afrontar todo tipo de situaciones complicadas, vivencias bajo estrés máximo y ese tipo de cosas. Sería algo así como una psicóloga privada que la ayudaría a convertirse otra vez en la peligrosa chica que tanto asustaba a la gente.

Krauss se sobresaltó, encontraba que no era necesario tomar esas medidas con ella, estaban dudando de sus capacidades… Miraba a la mujer con más rencor aún sin siquiera conocerla, examinaba con sus ojos cada detalle de su gentil rostro, de esa sonrisa tan cálida que le daba mala espina, inspeccionaba cada parpadeo que daba con sus ojos tan oscuros como los de ella. No confiaba en esa mujer para nada.

Golpeó el escritorio de su jefe y volvió a repetir que necesitaba armas y no una tutora, sabía defenderse y no necesitaba a nadie que le enseñara como hacerlo. Sí, esa chica era obstinada.

El anciano subió el tono de su voz y le pidió que esperara afuera para acabar la reunión que tenía con Samantha sobre dicho tratamiento que comenzarían. La pelirroja obedeció con el rabo entre las piernas y con un enojo que aumentaba un poco más, apretaba sus muelas unas contra otras mientras intentaba pensar en como zafarse de esta situación ya que no le agradaba para nada.

De reojo pudo ver a Lewis ingresar en el piso, lo miró desde donde estaba y caminó lentamente hasta él luego de tomar la chaqueta del traje que le había prestado por el frío de ayer. Estiró su mano con la prenda en ella y miró sin más al hombre.
        Gracias…
        Pues… No hay de qué – sonrió victorioso, como si le pareciera lindo gesto.

En ese preciso momento Jhonny apareció caminando por el piso, divisando el momento justo en que aquellos dos intercambiaban sonrisas. Un celo extraño creció en su interior y no pudo evitar acercarse para averiguar que es lo que estaba pasando.

Phoenix se percató de la presencia del rubio y se alejó de Thomas para volver a sentarse a la espera de Xavier, quería estar lejos de Smirnov lo más que pudiera, aún se sentía traicionada.

Jhonny ignoró su huída y caminó lentamente junto al cubículo de Lewis para observarle como marcando territorio al igual que los animales, el hombre lo miró riendo sabiendo lo que estaba pensando, pero le daba igual. Thomas no se hacía problemas por absolutamente nada. Luego siguió el paso hasta donde estaba la pelirroja que ni mirarlo quería, se sentó junto a ella y cuando iba a besarle la mejilla para saludarle… ella movió su rostro hacía otro lado.

        ¿Vas a seguir así? – dijo Jhonny con un poco de dolor, pero no tuvo respuestas – Tenemos que charlar sobre muchas cosas Phoenix… no quiero que comiences a pensar cosas antes de tiempo – se disculpó cuando no debía hacerlo.
        ¿Antes de tiempo? – susurró irónica.
        Estuviste lejos por más de un año… muchas cosas pasaron, y sinceramente algunas no tienen fundamentos.
        ¡Has lo que quieras! – se dignó a mirarlo – Sigue tu vida, yo la mía y todos bien así, no tienes porque darme explicaciones de nada, después de todo… – guardó silencio y miró al frente – Nosotros no tenemos nada.

Jhonny tragó aire como queriendo decir una cosa más, pero la fría actitud que ahora tenía Phoenix le arrebataron las ganas. Ella se puso de pie cuando Xavier salió de la oficina con la mujer mientras sonreían ansiosos, se detuvieron frente a la chica. Jhonny también se puso de pie al ver a esa mujer allí, él la conocía por pertenecer a la compañía… le parecía extraño su presencia.

        Bien Phoenix – dijo Xavier con los ojos pequeños provocado por su gran sonrisa – Desde hoy comienzas a trabajar con Samantha…
        ¿Y mis armas? – se rehusaba a trabajar con esa mujer.
        Yo me encargaré de llevarte hoy mismo al campo para solucionar ese problema – sonrió la mujer de cabello color negro como la oscuridad.

Dudó un poco más, pero aceptó doblando otra vez su propio carácter. Se dispuso a salir de allí con la mujer camino al campo de reintegración que quedaba en otra parte de la ciudad.

Jhonny se adelantó para preguntar que era lo que estaba pasando y la pelirroja levantó la voz ante Xavier para pedirle un tiempo de independencia… por el momento no quería trabajar bajo el mandato del rubio, no dio mayores explicaciones y el anciano aceptó, ya que no quería perder los estribos con la chica. Smirnov se enfadó por aquella actitud, se tragó todas las palabras que en ese momento quería decirles a todos, se sentía sobrepasado.

Lewis observó todo a la distancia, interesado en el tema que se estaba escuchando. Oír como caía la alianza Krauss-Smirnov, la dupla perfecta que habían mantenido en un pedestal muy alto durante muchos años, no pudo evitar sonreír y salir tras las dos mujeres que habían caminado hasta el estacionamiento.

Sus gafas oscuras, su abrigo negro y largo lo hacían lucir como todo un hombre interesante y atractivo, le gustaba tocarse su barba poco densa para seducir a las mujeres, además de caminar con un estilo especial para imponer actitud.

Con un grito detuvo el auto que Krauss pretendía conducir con Samantha de copiloto, se subió en la parte trasera y les acompañó con el pretexto de que Xavier le había mandado para supervisar la situación, por si algo salía mal…

        ¿Te crees capaz de esto…? – preguntó amable la mujer.
        No porque estuve encerrada significa olvidé conducir – la miró molesta.

Lewis no pudo evitar sonreír, le encantaba tanto cuando la gente discutía, más aún las mujeres… excepto cuando la situación se salía de control, pero este no era el caso.

Emprendieron rumbo ha dicho campo de entrenamiento, el manejo de Krauss con el auto que ahora sería suyo fue el correcto, no tuvo complicaciones y no pasó nada fuera de lo normal. Samantha bajó primero, luego Krauss y finalmente Lewis, entraron al imponente edificio y pasaron por la sección de selección de artillería, la psicóloga le dio un gran bolso a la pelirroja y ella no entendió nada.

        Elige las armas que quieras llevar, ¿no fuiste a eso hoy a la oficina de Xavier? – sonrió.
        ¿Estás segura?
        Claro, confío en tus capacidades. Me hablaron mucho de ti, y quiero ver de que eres capaz ahora Phoenix…

Frente a sus ojos tenía a su disposición un sin número de armas de alto calibre, miró con atención cada una de ellas con una emoción exquisita que la hacía sonreír levemente mientras encogía sus ojos. Metió en el bolso pistolas de mano, una francotiradora, revólveres, rifles, un juego de escopetas cortas y una de cañón largo, además de silenciadores para diferentes tipos de armas.

Thomas y Samantha se impresionaron mucho al ver con que facilidad Phoenix lanzaba las armas adentro, como si estuviera comprando en un supermercado. Luego de aquello la llevaron al centro de tiro… un lugar tan sombrío que hacía tiritar a cualquiera, allí preparaban todos los sentidos de los agentes, agudizaban aún más todas sus capacidades.

Le dieron a elegir a la pelirroja un arma, un par de berettas fue su elección. La hicieron entrar en la cámara, se quedó parada en el centro del cuarto blindado y una tenue luz la hacía resaltar dentro de la oscuridad. Desde el otro lado de la ventana polarizada Lewis y Blair la miraban atentos a cada movimiento, estaban seguros de que sería un show maravilloso…

Entonces, los blancos de disparos comenzaron a aparecer sin ser muy visibles dentro de la profunda oscuridad de la habitación, solo se oía el ruido de la máquina que se encargaba de bajarlos y subirlos a una velocidad considerada según la dificultad que se requería. Phoenix comenzó con una de las más difíciles.

Respiró profundo cerrando sus ojos, quitó el seguro de sus armas sin mover nada más que sus pulgares y comenzó la acción. Movía su cabeza hacía la izquierda y lanzó seis disparos precisos, luego a la derecha y seis más; miraba al frente atenta al ruido y sin prestar mayor preocupación disparaba con los brazos extendidos como una verdadera profesional.

La velocidad en que dirigía cada disparo era asombrosa, siquiera parecía preocupada, rodaba a medida que los blancos iban apareciendo por los extremos del cuarto que tan solo ella se suponía que podía ver. Su rostro no presentaba emoción alguna, solo hacía su trabajo.

Cuando las balas de ambas armas se acabaron, cargó casi a la velocidad de la luz cada cartucho vacío y siguió disparando mientras movía sus ojos buscando presas en la oscuridad. Luego de cinco minutos que se pasaron rápidamente… acabó. Las luces se encendieron y ella guardó las armas en el costado de su cinturón.

El asombro por parte de los dos acompañantes de la chica y el supervisor de turno era considerable, los blancos bajaron cuando el cuarto era divisible para todos. Los hombres de papel estarían muertos todos sin excepción de no ser que fueran de verdad, un disparo certero en el centro de la cabeza y un par en el pecho donde se supone que se encuentra el corazón… eran muertes seguras.

        De verdad es buena – dijo asombrada Samantha.
        Por desgracia es una de las mejores – acotó poco sorprendido Lewis – Pensé que después de tanto tiempo podía haber bajado de nivel…
        Esto es como andar en bicicleta – dijo el supervisor – Si eres bueno, lo serás toda la vida; luego de que aprendes nunca lo olvidas – asintió mirando a la chica.

Los dos asintieron porque sabían que el hombre tenía razón, luego de un rato Krauss salió de dicha habitación y apareció junto a ellos quienes aprobaron su rendimiento. Samantha la felicitó como nunca lo hicieron con ella, le sonreía todo el tiempo… pero seguía desconfiando de ella.

Salieron allí después de un largo rato de papeleo, en donde se acreditaba que la chica aún estaba en forma para poder comenzar con su labor de trabajo, es decir, para volver a asesinar a merced. Lewis las invitó a celebrar y accedieron luego de que el hombre insistiera, llegaron al bar en el que Phoenix había pasado la noche anterior ahogando su ira en vasos de vodka.

Una mesa para tres y el mismo tipo en la barra la observó a la lejanía, sonriendo para sí mismo al verla llegar, una emoción de júbilo lo abordó de una manera extraña. Se acercó para tomar el pedido del grupo mientras sonreía a la chica que le respondió de la misma manera.

        Esta vez deberás pagar el trago… – bromeó el hombre.

Asintió en silencio y Lewis aclaró rápidamente que él sería quien pagaría las cosas, defendiéndola de cualquier prejuicio siendo que nadie estaba molestando.

Pasaron allí un buen rato, Lewis pagó la cuenta y salieron de allí sin que el barman pudiera tener contacto alguno con la chica. Thomas le dio una buena cantidad de dinero a Krauss antes de marcharse excusándose diciendo que era dinero de la empresa, siendo que era mentira; ella agradeció sin más con una leve sonrisa y luego subió al auto. Ya se hacía tarde y volvió junto a Samantha a su departamento y se asombró bastante al ver un par de maletas allí, le preguntó a la mujer y claramente le habían dado la orden de no dejar sola a la pelirroja hasta nueva fecha.

        Así que tendrás que soportarme – dijo con una sonrisa amplia que daba miedo.
        ¿Quién eres realmente? – Krauss encogió sus ojos para intimidarla.
        Las cosas se darán con el tiempo Phoenix – la chica sabía que no era de fiar – Me encargaré de entrenarte y mejorar tus fallas – su rostro cambió completamente, su sonrisa desapareció y sus ojos abordaron a la chica como a una victima – No creas que las cosas serán fáciles ahora…

Phoenix no entendió a que se refería con aquello e instantáneamente volvió en sí cuando se dio cuenta que su mente había imaginado aquella conversación tan extraña. Ahora con mayor razón desconfiaría de esa mujer que por alguna causa se le había designado.

Claramente había algo en ella que era de dudosa procedencia, y los extraños poderes que la pelirroja tenía estaban dispuestos a entrar en acción para averiguarlo.