MALA IDEA
Sus pasos se podían solo
oír si eras un especial espía con tus sentidos altamente desarrollados, la
chica se desplazaba de árbol en árbol para no ser vista. Luego de haberse encontrado
con una credencial de otra compañía en el traje de aquel misterioso hombre que
yacía muerto… su presentimiento cobraba sentido lógico.
La fría mañana jugaba en
su contra, la falta de calor le hacía distraerse rápido, podía confundirse con
cualquier mísero ruido, hasta con sus propios pasos en la densa nieve que
cubría el césped. Se adentraba cada vez más en las tierras, las miras de un
trío de francotiradores la observaban a lo largo de su trayecto por el
territorio de St. John. Phoenix podía sentirse presa de miradas, pero las
condiciones climáticas no la dejaban trabajar con su cien por ciento de
rendimiento… claramente estaba en
desventaja.
A las afueras Thomas
buscaba aún la manera de entrar sin ser descubierto, o al menos no de correr el
riesgo suficiente como para acabar en desventaja frente a dicha competencia.
Pero su nombre era reconocido por el gran trabajo que podía brindar a sus
misiones… esta no sería una excepción.
Se acercó como cualquier
otro transeúnte a los agentes quienes lo observaron con extrema alerta pero con
disimulo, Lewis los miró sonriente con aquella ironía que lo destaca todo el
tiempo, hizo un leve movimiento como si fuera a ver la hora en su muñeca
izquierda y con un rápido actuar tomó sus armas, acabó con los cinco hombres
robustos que impedían el paso, disparos certeros en el centro de sus frentes
acabaron con cada uno; creyó que había cumplido con todo, pero un ruido al
interior de uno de los vehículos lo alertó de que aún no había terminado.
Caminó sin apuro, abrió la puerta trasera y le dio al sujeto con seis disparos
en su pecho para asegurarse de que esta vez había acabado.
Registró cada uno de los
cuerpos para quedarse con las municiones que le harían falta, revisó sus
credenciales y se percató del plan cuando revisó la guantera de uno de los
autos. El nombre de varios funcionarios les parecían conocidos, pero hubo uno
en especial que no le gustó para nada: Alice
Graf.
Tomó uno de los teléfonos
que tenían los sujetos y marcó apresuradamente el número central de ASO, pidió
contacto directo con Xavier, quien no quería atenderlo al pensar que era un
traidor.
–
¿Alice…Graf?
¿Estás seguro de lo que me estás diciendo? – dijo alterado al otro lado del
teléfono.
–
¿Crees que estaría dándome el tiempo de llamarte si
no estuviera seguro? Si no quieres que las cosas se salgan de control será
mejor que mandes un buen equipo… Hay otra compañía por estos lugares y Krauss
decidió entrar sola, para variar…
–
Jhonny va para
allá con un grupo, de seguro ya está por llegar, le informaré de tu
localización para que se encuentren – guardó silencio un rato – Asegúrate de
que Phoenix salga de allí con vida… y que no se encuentre con Graf por nada
¿entendiste?
–
Si, señor.
Cuando acabó el contacto
con Lewis, el superior no dudó dos veces y se comunicó con Jhonny para
informarle sobre la situación a la que debería enfrentarse cuando se encontrase
en tierras Irlandesas. Albert, Frederick y el mismo Jhonny sabían que esto
sucedería tarde o temprano, ya que todo esto era consecuencia de las erróneas
acciones que decidieron tomar antes de la liberación de Phoenix.
Samantha iba con ellos y
aunque su entrenamiento no era el mismo que el de los agentes, estaba preparada
para enfrentar este tipo de situaciones. Tal vez su temple sería una buena arma
para persuadir al enemigo cuando se requiera hacerlo.
Lewis decidió avanzar
mientras se aproximaba el grupo de “refuerzos”, no pretendía dejar sola a la
pelirroja que avanzaba cada vez más, dejando victimas tras su paso sin piedad.
Thomas perseguía sus pasos profundos implantados en la profunda nieve, seguía
su rastro como un buen detective, usó sus buenos ojos para darse cuenta de que
a la lejanía habían personas con armas de alto calibre dispuestos a dar caza a
la pelirroja, sabía que esto iba en
serio.
Phoenix avanzaba como una
bailarina en pleno teatro, haciendo acrobacias para esquivar los disparos de
los pocos agentes que se dedicaron a hacer guardia hasta su llegada, los que
por obviedad acaban muertos por disparos directos y mortales. Mordía su labio
de vez en cuando, el frío estaba partiéndolos y comenzaba a ser presa de
hipotermia en primer grado.
Ella ya se había dado
cuenta que la estaban esperando, que solo era cuestión de minutos para que la
rodearan y comenzaran a dispararle a quemarropa, solo tenía que esperar… pero
no mucho, sus municiones eran limitadas, ya que no iba preparada con el equipo
que correspondía. Siquiera traía un plan
de respaldo.
Jhonny y el equipo
aterrizó en el aeropuerto de Dublín luego de tres horas después de que Lewis
contactara a su jefe, el grupo entró acelerado por las tierras siendo guiados
por los cadáveres que iban apareciendo en el camino, mientras que registraban
todo e iban atentos a cualquier movimiento que pudiera ser sospechoso.
Más adelante, en la
densidad del bosque nevado Phoenix permanecía sentada junto a un grueso roble
sin muchas hojas, temblando completamente al haber permanecido allí unos diez
minutos esperando a que alguno de los agentes que permanecía parados en la
entrada se acercara y pudiera acabar con él usando algunas de sus técnicas de
pelea cuerpo a cuerpo. Pero nada,
ellos estaban esperando a que la chica fuera hacia ellos.
Un poco más atrás de
Phoenix estaba Thomas, quien intentaba dar con lejanos disparos hacía los
francotiradores que permanecían en lo alto del psiquiátrico, pero fallaba, no
tenía la potencia necesaria como para acabar con ellos, y no podía acercarse
más a la chica ya que cada vez que se movía del árbol en que estaba un disparo
iba directo hacia él, por suerte tenía reflejos rápidos para esquivarlos.
–
Allí están –
dijo Frederick encogiendo sus ojos.
–
¿Por qué no se
mueven? – se extrañó Albert.
–
De seguro se
acabaron las municiones… o es porque los francotiradores ya los vieron – Jhonny
era sabio.
–
¿Qué haremos
entonces? Nosotros tampoco podremos avanzar – acotó Samantha – No creo que esto
acabe aquí… ¿O si?
Y antes de que alguno de
los agentes pudiera responder su pregunta tan incierta, Phoenix entró en acción.
Sus ojos ardiendo en
llamas, despertando la bestia que la volvía peligrosa; el frío desapareció de
su cuerpo de una manera extraordinaria, se puso de pie y apretó sus puños, tomó
con fuerza las armas que traía y que no tenían más balas, corriendo se aproximo
a la entrada como una misión suicida.
Los hombres abrieron fuego
como tanto habían esperado y el paro cardiaco apareció en los espectadores, el
equipo de Jhonny, Lewis y los observadores alejados pensaron claramente que era
el fin… no había oportunidad para que la chica saliera viva de aquello, por
primera vez algunos presenciaban la magia de Phoenix Krauss.
Corría sin cesar, se movía
a una velocidad perturbadora, asombrando
a todos. Esquivó la mayoría de las balas que se dirigían a ella, unas
cuantas impactaron en diferentes partes de su cuerpo, pero no se detenía por
nada. Sangre salía por su boca mientras no pestañeaba por nada del mundo, como
si sus ojos examinaran cada movimiento que se realizara por los sujetos que se
encontraban en su frente. Llegó a ellos lanzando sus armas para despistarlos un
poco y sus golpes fueron efectivos, le quebró el cuello a seis de ellos y a los
otros dos simplemente les rompió el rostro azotando su cabeza contra la pared.
Al llegar a la entrada se
apoyó en una pared que no fuera visible desde el punto en donde estaban los
francotiradores y calmó su adrenalina apretando con fuerza sus ojos cerrados,
tomando en cuenta que había sido herida por casi diez balas a lo largo de su
cuerpo. Descansaba tranquila, si es que así puede llamarse mientras a la
lejanía los espectadores (a excepción de
Jhonny) aún procesaban lo ocurrido, parecía sacado de una película.
–
Vaya… – dijo
atónita Samantha – Jamás había visto a alguien moverse tan rápido…
–
Bajo presión
trabaja mejor – sonreía Albert.
Phoenix miró con precisión
hacia el bosque en donde se encontraba la gente que venía tras ella por parte
de ASO, tragó saliva abruptamente y se puso de pie, poniendo alerta a todos los
espectadores, miro hasta lo que parecía ser directo a Jhonny y sonrió de una
manera perturbadora, luego de aquello se propuso entrar en el psiquiátrico para
acabar con su misión.
Todo el mundo se puso como
loco, no podían dejar que entrara sin armas, mucho menos herida de tal manera
como lo estaba. Lewis corrió en zig-zag para despistar al par de
francotiradores que lo observaban hace rato y entró tras la chica, el equipo de
Smirnov se encargó de ubicar a los tiradores e intentar acabar con ellos de
alguna manera, ya que las armas que traían era de corto alcance y no tendrían
buenos resultados si no se lo proponían.
Dentro del instituto de
recapacitación mental los aires estaban calmos, parecía un mal momento… No
había nadie a la vista y todas las cámaras de seguridad estaban atentas mirando
hacia la entrada. Phoenix no sentía presión en ese instante, el frío congelaba
sus miedos y tentaciones, solo se dejaba llevar por las presencias que parecían
mostrarle el camino correcto.
Caminó en dirección recta
sin pestañear y con el cuerpo y la cara ensangrentada hasta el final del
pasillo principal, podía sentir el resonar de sus zapatos duros y sucios por toda
la zona con un eco aterrador; giró a la izquierda por donde recuerda a la
perfección que allí fue su último chequeo antes de salir y se encontró con otro
par de grandes sujetos que querían intimidarla con armas casi al estilo
medieval. Sonreían pensando que sería pan comido, si todo salía mal con ellos,
atrás de la chica había una mujer apuntando directamente… ella no podría fallar el tiro.
–
Vamos a
divertirnos un poco – dijo uno de ellos riendo.
–
Está bien…
divirtámonos – sonrió ampliamente Krauss.
Sus ojos se enfocaron
duramente en ambos hombres logrando que se sintieran intimidados por su mirada
asesina y sicótica. De la misma nada todo el pasillo cayó en una profunda
oscuridad, las luces se fueron, las ventanas se nublaron de unas extrañas
sombras que impidieron el paso absoluto de la luz hacia el interior; un grito
bestial aceleró el ritmo cardiaco de los tres presentes acompañantes de la
chica, no podían ver nada… y eso los
asustaba.
Sentían que alguien
caminaba a una velocidad lenta, podía oírse una respiración acelerada que
irrumpía el pensamiento de cualquiera. Todo acabó con el grito de la mujer
cuando unos disparos atravesaron su pecho tres veces, los hombres yacían en el
suelo ahorcados con sus propias demoledoras y torturadoras armas. La luz volvió
al cabo de unos segundos… Phoenix estaba ilesa, con la mirada cansada e ida, el
frío estaba volviendo a ella.
Entonces siguió avanzando
por la puerta del costado derecho, el gran portón que la llevaría al centro de
actividades en donde tampoco había nadie, la chimenea estaba encendida y la
radio emitía un ruido de interferencia. El vapor salía de la boca de Phoenix,
se sentía incómoda al recordar todo lo que tuvo que pasar allí, los malos
momentos que tuvo que enfrentar a causa de un exilio innecesario… su mente se estaba retorciendo.
Unos ruidos a su espalda
llamó su atención como cualquiera lo hubiera echo, pero antes de que pudiera
mirar quien estaba tras ella una aguja fue inyectada en su cuello brutalmente,
haciéndola caer del dolor y perder el conocimiento luego de sentir una voz que
le parecía muy familiar. Lewis ingresó al mismo cuarto luego de sentir que peso
muerto había caído, abrió la puerta de par en par sin preocuparse de ser
meticuloso; vio caído el cuerpo de Phoenix y miró a la culpable con asombro.
–
Has llegado
tarde – decía Alice sin emoción alguna en su voz o rostro.
Thomas no sabía que pensar
precisamente, pensó mil atrocidades pero ninguna estaba cerca de lo que en
verdad había ocurrido. No pudo idear otra estrategia y se lanzó a golpes contra
la rubia iluminada, golpes certeros que no daban en el blanco, la chica sabía
defenderse a la perfección, interceptaba cada golpe que el inglés daba, incluso
parecía que él tenía la jugada en su contra… Pero no se iba a rendir tan fácil,
menos ante una mujer. De la misma
nada sacó una fuerza asombrosa que mantenía reposando desde su última misión,
con hábiles movimientos acabó con la rubia lanzándola lejos y dándole tiempo
suficiente para tomar a la pelirroja y largarse de ahí.
A las afueras del lugar el
equipo seguía luchando contra los francotiradores que no daban por sentada su
localización, se movían de un lugar a otro constantemente para desviar su
atención y no ser presas fáciles. Los hombres se estaban preocupando demasiado,
más aún al haber perdido de vista hace ya mucho rato al encargo que los había
traído hasta Irlanda.
Dentro del edificio, por
los fríos pasillos iba Thomas con Phoenix en sus brazos de forma nupcial,
cubierta de sangre y heridas; su peso le costaba trabajo correr y encontrar la
salida, por los mismo nervios y desesperación parecía perderse cada vez más…
alejándose por completo de la puerta principal. Unos pasos comenzaron a
indicarle que estaba siendo perseguido, se puso más alerta y comenzó a sentirse
sofocado.
Parecía que todo estaba perdido, pero una rara sensación apareció y lo hizo correr
con fuerzas hacía una dirección de la que no se había percatado, se giró hacia
un costado y miró para atrás para ver como unos cuantos agentes lo seguían con
absoluta disposición para acabar con él. Con su hombro derecho y parte superior
de su brazo abrió la puerta con fuerza, el blanco del día molestó sus ojos pero
no se detuvo; siguió corriendo en dirección recta alertando la vista de los
francotiradores. El equipo de Jhonny se percató de sus actuales posiciones y
acabaron con ellos cuando trataron de darle a Lewis mientras corría hacía el
bosque.
En la puerta quedó Alice
parada con sus puños apretados mientras veía como la multitud de ASO huía con
el objetivo que debía eliminar, encogía sus ojos para apreciar el rostro de los
agentes que sabían quién era ella… el asombro que dejaron escapar la alimentó
de ese miedo que le hacía falta.
Smirnov le gritaba a Lewis
mientras éste no dejaba de correr, el rubio quería explicaciones sobre que era
lo que había ocurrido con Phoenix, pero el inglés no estaba precisamente
dispuesto a detenerse y pararse a conversar con él; lo único que en ese momento necesitaban era salir de St. John y buscar
un lugar seguro.
Corrieron hasta las
afueras, los autos estaban aún ahí, pero explotados tal como los había dejado
Thomas antes de entrar, Albert y Frederick los guiaron hasta las camionetas que
ellos había traído, los hicieron subir y emprendieron camino… antes de irse del
país pasaron a la residencial en donde Krauss y Lewis pasaron la noche,
logrando que el enojo de Jhonny creciera aún más al ver que solo había una
cama. No hubo tiempo para mayores explicaciones, todos estaban acelerados y
esperando que Alice no los estuviera siguiendo, pagaron lo debido en aquella
residencial y volvieron a los vehículos.
Partieron directo a la
frontera con Inglaterra para buscar una base segura, el antiguo estatuto de
Thomas Lewis sería lo que por ahora los tendría a salvo. Una vieja localidad en
Liverpool sería por el momento su guarida hasta saber que le había pasado a
Krauss y al menos saber… si aún seguía
viva.


