REIVINDICACIÓN
El resonar de sus tacos se
esparcía por todo el lugar, desde lejos todos sabían que alguien se aproximaba
con ganas de demostrar quien era realmente. Su figura desafiante y
completamente provocativa apareció en la oficina de Xavier, interrumpiendo una
reunión sumamente importante con una mujer a la que Krauss no había visto jamás
en su vida… o al menos no que recuerde.
El superior la miró un
poco confuso al no comprender que hacía allí tan temprano, tan lista, tan
decidida.
Phoenix sabía como
vestirse frente al mundo, su elegante traje ajustado color negro lucía hermosamente
elegante, su blanca blusa resaltaba con una pañoleta también negra atada a su
cuello. Los tacos finos la hacían ver más alta, resaltaba aún más su colorido
cabello bien alisado como pocas veces lo preparaba, un maquillaje oscuro en sus
ojos y un labial color rubí un poco más oscuro que el color de su cabello. El
flequillo que caía por sobre su ojo izquierdo la hacía lucir aún más enojada.
La mujer que acompañaba al
viejo Shire se volteó para mirar a la persona que había interrumpido su
importante junta con el director de ASO, la observó de pies a cabeza y sonrió
aprobándola ¿De qué? Pues nadie
sabía.
–
¿Qué sucede?
¿Por qué irrumpes así en mi oficina? – le dijo Xavier extrañado.
–
Necesito
dinero, equipo… y armas – dijo sin más, seria como una roca.
–
Vaya, que osada – rió la mujer.
–
¿Ves porque te
digo que es maravillosa? – sonrió el anciano mirando a su acompañante.
Krauss no entendió nada,
miró de reojo a la mujer que estaba sentada y quien la observaba atenta y
sonriente, Xavier se puso de pie y rodeó su escritorio, la mujer se puso de pie
amable y chocaron miradas con la pelirroja.
–
Samantha, ella
es Phoenix Krauss… la chica de la que
tanto te hablé – dijo orgulloso como un padre.
–
Es un gusto
Phoenix – estrechó su mano sin que la pelirroja respondiera su saludo.
–
¿Quién es
ella? – levantó sus cejas mirando al jefe.
–
Ella… es Samantha Blair, tu tutora.
–
¿Tutora…?
– sonrió irónica – ¿Para que quiero una tutora?
La mujer no paraba de
sonreír mientras Xavier sabía que sería difícil enfrentar esta situación, Phoenix
no entendía bien del todo, pero el hombre le explicó que esta mujer sería la
que se encargaría de su reintegración a la compañía. La prepararía mentalmente
otra vez para afrontar todo tipo de situaciones complicadas, vivencias bajo
estrés máximo y ese tipo de cosas. Sería algo así como una psicóloga privada
que la ayudaría a convertirse otra vez en la peligrosa chica que tanto asustaba
a la gente.
Krauss se sobresaltó,
encontraba que no era necesario tomar esas medidas con ella, estaban dudando de
sus capacidades… Miraba a la mujer con más rencor aún sin siquiera conocerla,
examinaba con sus ojos cada detalle de su gentil rostro, de esa sonrisa tan
cálida que le daba mala espina, inspeccionaba cada parpadeo que daba con sus
ojos tan oscuros como los de ella. No confiaba en esa mujer para nada.
Golpeó el escritorio de su
jefe y volvió a repetir que necesitaba armas y no una tutora, sabía defenderse
y no necesitaba a nadie que le enseñara como hacerlo. Sí, esa chica era obstinada.
El anciano subió el tono de
su voz y le pidió que esperara afuera para acabar la reunión que tenía con
Samantha sobre dicho tratamiento que comenzarían. La pelirroja obedeció con el
rabo entre las piernas y con un enojo que aumentaba un poco más, apretaba sus
muelas unas contra otras mientras intentaba pensar en como zafarse de esta
situación ya que no le agradaba para nada.
De reojo pudo ver a Lewis
ingresar en el piso, lo miró desde donde estaba y caminó lentamente hasta él
luego de tomar la chaqueta del traje que le había prestado por el frío de ayer.
Estiró su mano con la prenda en ella y miró sin más al hombre.
–
Gracias…
–
Pues… No hay
de qué – sonrió victorioso, como si le pareciera lindo gesto.
En ese preciso momento
Jhonny apareció caminando por el piso, divisando el momento justo en que
aquellos dos intercambiaban sonrisas. Un celo extraño creció en su interior y
no pudo evitar acercarse para averiguar que es lo que estaba pasando.
Phoenix se percató de la
presencia del rubio y se alejó de Thomas para volver a sentarse a la espera de
Xavier, quería estar lejos de Smirnov lo más que pudiera, aún se sentía
traicionada.
Jhonny ignoró su huída y
caminó lentamente junto al cubículo de Lewis para observarle como marcando
territorio al igual que los animales, el hombre lo miró riendo sabiendo lo que
estaba pensando, pero le daba igual. Thomas no se hacía problemas por
absolutamente nada. Luego siguió el paso hasta donde estaba la pelirroja que ni
mirarlo quería, se sentó junto a ella y cuando iba a besarle la mejilla para
saludarle… ella movió su rostro hacía otro lado.
–
¿Vas a seguir
así? – dijo Jhonny con un poco de dolor, pero no tuvo respuestas – Tenemos que
charlar sobre muchas cosas Phoenix… no quiero que comiences a pensar cosas
antes de tiempo – se disculpó cuando no debía hacerlo.
–
¿Antes de
tiempo? – susurró irónica.
–
Estuviste
lejos por más de un año… muchas cosas pasaron, y sinceramente algunas no tienen
fundamentos.
–
¡Has lo que quieras! – se dignó a mirarlo – Sigue tu vida, yo la mía y
todos bien así, no tienes porque darme explicaciones de nada, después de todo…
– guardó silencio y miró al frente – Nosotros no tenemos nada.
Jhonny tragó aire como
queriendo decir una cosa más, pero la fría actitud que ahora tenía Phoenix le
arrebataron las ganas. Ella se puso de pie cuando Xavier salió de la oficina
con la mujer mientras sonreían ansiosos, se detuvieron frente a la chica.
Jhonny también se puso de pie al ver a esa mujer allí, él la conocía por
pertenecer a la compañía… le parecía extraño su presencia.
–
Bien Phoenix –
dijo Xavier con los ojos pequeños provocado por su gran sonrisa – Desde hoy comienzas
a trabajar con Samantha…
–
¿Y mis armas?
– se rehusaba a trabajar con esa mujer.
–
Yo me
encargaré de llevarte hoy mismo al campo para solucionar ese problema – sonrió
la mujer de cabello color negro como la oscuridad.
Dudó un poco más, pero
aceptó doblando otra vez su propio carácter. Se dispuso a salir de allí con la
mujer camino al campo de reintegración que quedaba en otra parte de la ciudad.
Jhonny se adelantó para
preguntar que era lo que estaba pasando y la pelirroja levantó la voz ante
Xavier para pedirle un tiempo de independencia… por el momento no quería
trabajar bajo el mandato del rubio, no dio mayores explicaciones y el anciano
aceptó, ya que no quería perder los estribos con la chica. Smirnov se enfadó
por aquella actitud, se tragó todas las palabras que en ese momento quería
decirles a todos, se sentía sobrepasado.
Lewis observó todo a la
distancia, interesado en el tema que se estaba escuchando. Oír como caía la
alianza Krauss-Smirnov, la dupla
perfecta que habían mantenido en un pedestal muy alto durante muchos años, no
pudo evitar sonreír y salir tras las dos mujeres que habían caminado hasta el
estacionamiento.
Sus gafas oscuras, su
abrigo negro y largo lo hacían lucir como todo un hombre interesante y
atractivo, le gustaba tocarse su barba poco densa para seducir a las mujeres,
además de caminar con un estilo especial para imponer actitud.
Con un grito detuvo el
auto que Krauss pretendía conducir con Samantha de copiloto, se subió en la
parte trasera y les acompañó con el pretexto de que Xavier le había mandado
para supervisar la situación, por si algo
salía mal…
–
¿Te crees
capaz de esto…? – preguntó amable la mujer.
–
No porque
estuve encerrada significa olvidé conducir – la miró molesta.
Lewis no pudo evitar
sonreír, le encantaba tanto cuando la gente discutía, más aún las mujeres…
excepto cuando la situación se salía de control, pero este no era el caso.
Emprendieron rumbo ha
dicho campo de entrenamiento, el manejo de Krauss con el auto que ahora sería
suyo fue el correcto, no tuvo complicaciones y no pasó nada fuera de lo normal.
Samantha bajó primero, luego Krauss y finalmente Lewis, entraron al imponente
edificio y pasaron por la sección de selección de artillería, la psicóloga le
dio un gran bolso a la pelirroja y ella no entendió nada.
–
Elige las
armas que quieras llevar, ¿no fuiste a eso hoy a la oficina de Xavier? –
sonrió.
–
¿Estás segura?
–
Claro, confío
en tus capacidades. Me hablaron mucho de ti, y quiero ver de que eres capaz
ahora Phoenix…
Frente a sus ojos tenía a
su disposición un sin número de armas de alto calibre, miró con atención cada
una de ellas con una emoción exquisita que la hacía sonreír levemente mientras
encogía sus ojos. Metió en el bolso pistolas de mano, una francotiradora,
revólveres, rifles, un juego de escopetas cortas y una de cañón largo, además
de silenciadores para diferentes tipos de armas.
Thomas y Samantha se
impresionaron mucho al ver con que facilidad Phoenix lanzaba las armas adentro,
como si estuviera comprando en un supermercado. Luego de aquello la llevaron al
centro de tiro… un lugar tan sombrío que hacía tiritar a cualquiera, allí
preparaban todos los sentidos de los agentes, agudizaban aún más todas sus
capacidades.
Le dieron a elegir a la
pelirroja un arma, un par de berettas fue
su elección. La hicieron entrar en la cámara, se quedó parada en el centro
del cuarto blindado y una tenue luz la hacía resaltar dentro de la oscuridad.
Desde el otro lado de la ventana polarizada Lewis y Blair la miraban atentos a
cada movimiento, estaban seguros de que sería un show maravilloso…
Entonces, los blancos de
disparos comenzaron a aparecer sin ser muy visibles dentro de la profunda
oscuridad de la habitación, solo se oía el ruido de la máquina que se encargaba
de bajarlos y subirlos a una velocidad considerada según la dificultad que se
requería. Phoenix comenzó con una de las más difíciles.
Respiró profundo cerrando
sus ojos, quitó el seguro de sus armas sin mover nada más que sus pulgares y comenzó la acción. Movía su cabeza
hacía la izquierda y lanzó seis disparos precisos, luego a la derecha y seis
más; miraba al frente atenta al ruido y sin prestar mayor preocupación
disparaba con los brazos extendidos como una verdadera profesional.
La velocidad en que
dirigía cada disparo era asombrosa, siquiera parecía preocupada, rodaba a
medida que los blancos iban apareciendo por los extremos del cuarto que tan
solo ella se suponía que podía ver. Su rostro no presentaba emoción alguna, solo hacía su trabajo.
Cuando las balas de ambas
armas se acabaron, cargó casi a la velocidad de la luz cada cartucho vacío y
siguió disparando mientras movía sus ojos buscando presas en la oscuridad.
Luego de cinco minutos que se pasaron rápidamente… acabó. Las luces se encendieron y ella guardó las armas en el
costado de su cinturón.
El asombro por parte de
los dos acompañantes de la chica y el supervisor de turno era considerable, los
blancos bajaron cuando el cuarto era divisible para todos. Los hombres de papel
estarían muertos todos sin excepción de no ser que fueran de verdad, un disparo
certero en el centro de la cabeza y un par en el pecho donde se supone que se
encuentra el corazón… eran muertes seguras.
–
De verdad es
buena – dijo asombrada Samantha.
–
Por desgracia
es una de las mejores – acotó poco sorprendido Lewis – Pensé que después de
tanto tiempo podía haber bajado de nivel…
–
Esto es como
andar en bicicleta – dijo el supervisor – Si eres bueno, lo serás toda la vida;
luego de que aprendes nunca lo olvidas – asintió mirando a la chica.
Los dos asintieron porque
sabían que el hombre tenía razón, luego de un rato Krauss salió de dicha
habitación y apareció junto a ellos quienes aprobaron su rendimiento. Samantha
la felicitó como nunca lo hicieron con ella, le sonreía todo el tiempo… pero
seguía desconfiando de ella.
Salieron allí después de
un largo rato de papeleo, en donde se acreditaba que la chica aún estaba en
forma para poder comenzar con su labor de trabajo, es decir, para volver a
asesinar a merced. Lewis las invitó a celebrar y accedieron luego de que el
hombre insistiera, llegaron al bar en el que Phoenix había pasado la noche
anterior ahogando su ira en vasos de vodka.
Una mesa para tres y el
mismo tipo en la barra la observó a la lejanía, sonriendo para sí mismo al
verla llegar, una emoción de júbilo lo abordó de una manera extraña. Se acercó
para tomar el pedido del grupo mientras sonreía a la chica que le respondió de
la misma manera.
–
Esta vez
deberás pagar el trago… – bromeó el hombre.
Asintió en silencio y Lewis
aclaró rápidamente que él sería quien pagaría las cosas, defendiéndola de
cualquier prejuicio siendo que nadie estaba molestando.
Pasaron allí un buen rato,
Lewis pagó la cuenta y salieron de allí sin que el barman pudiera tener
contacto alguno con la chica. Thomas le dio una buena cantidad de dinero a
Krauss antes de marcharse excusándose diciendo que era dinero de la empresa,
siendo que era mentira; ella agradeció sin más con una leve sonrisa y luego
subió al auto. Ya se hacía tarde y volvió junto a Samantha a su departamento y
se asombró bastante al ver un par de maletas allí, le preguntó a la mujer y
claramente le habían dado la orden de no dejar sola a la pelirroja hasta nueva fecha.
–
Así que
tendrás que soportarme – dijo con una sonrisa amplia que daba miedo.
–
¿Quién eres
realmente? – Krauss encogió sus ojos para intimidarla.
–
Las cosas se
darán con el tiempo Phoenix – la chica sabía que no era de fiar – Me encargaré
de entrenarte y mejorar tus fallas – su rostro cambió completamente, su sonrisa
desapareció y sus ojos abordaron a la chica como a una victima – No creas que
las cosas serán fáciles ahora…
Phoenix no entendió a que
se refería con aquello e instantáneamente volvió en sí cuando se dio cuenta que
su mente había imaginado aquella conversación tan extraña. Ahora con mayor
razón desconfiaría de esa mujer que por alguna causa se le había designado.
Claramente había algo en
ella que era de dudosa procedencia, y los extraños poderes que la pelirroja
tenía estaban dispuestos a entrar en acción para averiguarlo.

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