jueves, 23 de agosto de 2012

Capitulo 6



REIVINDICACIÓN

El resonar de sus tacos se esparcía por todo el lugar, desde lejos todos sabían que alguien se aproximaba con ganas de demostrar quien era realmente. Su figura desafiante y completamente provocativa apareció en la oficina de Xavier, interrumpiendo una reunión sumamente importante con una mujer a la que Krauss no había visto jamás en su vida… o al menos no que recuerde.

El superior la miró un poco confuso al no comprender que hacía allí tan temprano, tan lista, tan decidida.
Phoenix sabía como vestirse frente al mundo, su elegante traje ajustado color negro lucía hermosamente elegante, su blanca blusa resaltaba con una pañoleta también negra atada a su cuello. Los tacos finos la hacían ver más alta, resaltaba aún más su colorido cabello bien alisado como pocas veces lo preparaba, un maquillaje oscuro en sus ojos y un labial color rubí un poco más oscuro que el color de su cabello. El flequillo que caía por sobre su ojo izquierdo la hacía lucir aún más enojada.

La mujer que acompañaba al viejo Shire se volteó para mirar a la persona que había interrumpido su importante junta con el director de ASO, la observó de pies a cabeza y sonrió aprobándola ¿De qué? Pues nadie sabía.

        ¿Qué sucede? ¿Por qué irrumpes así en mi oficina? – le dijo Xavier extrañado.
        Necesito dinero, equipo… y armas – dijo sin más, seria como una roca.
        Vaya, que osada – rió la mujer.
        ¿Ves porque te digo que es maravillosa? – sonrió el anciano mirando a su acompañante.

Krauss no entendió nada, miró de reojo a la mujer que estaba sentada y quien la observaba atenta y sonriente, Xavier se puso de pie y rodeó su escritorio, la mujer se puso de pie amable y chocaron miradas con la pelirroja.

        Samantha, ella es Phoenix Krauss… la chica de la que tanto te hablé – dijo orgulloso como un padre.
        Es un gusto Phoenix – estrechó su mano sin que la pelirroja respondiera su saludo.
        ¿Quién es ella? – levantó sus cejas mirando al jefe.
        Ella… es Samantha Blair, tu tutora.
        ¿Tutora…? – sonrió irónica – ¿Para que quiero una tutora?

La mujer no paraba de sonreír mientras Xavier sabía que sería difícil enfrentar esta situación, Phoenix no entendía bien del todo, pero el hombre le explicó que esta mujer sería la que se encargaría de su reintegración a la compañía. La prepararía mentalmente otra vez para afrontar todo tipo de situaciones complicadas, vivencias bajo estrés máximo y ese tipo de cosas. Sería algo así como una psicóloga privada que la ayudaría a convertirse otra vez en la peligrosa chica que tanto asustaba a la gente.

Krauss se sobresaltó, encontraba que no era necesario tomar esas medidas con ella, estaban dudando de sus capacidades… Miraba a la mujer con más rencor aún sin siquiera conocerla, examinaba con sus ojos cada detalle de su gentil rostro, de esa sonrisa tan cálida que le daba mala espina, inspeccionaba cada parpadeo que daba con sus ojos tan oscuros como los de ella. No confiaba en esa mujer para nada.

Golpeó el escritorio de su jefe y volvió a repetir que necesitaba armas y no una tutora, sabía defenderse y no necesitaba a nadie que le enseñara como hacerlo. Sí, esa chica era obstinada.

El anciano subió el tono de su voz y le pidió que esperara afuera para acabar la reunión que tenía con Samantha sobre dicho tratamiento que comenzarían. La pelirroja obedeció con el rabo entre las piernas y con un enojo que aumentaba un poco más, apretaba sus muelas unas contra otras mientras intentaba pensar en como zafarse de esta situación ya que no le agradaba para nada.

De reojo pudo ver a Lewis ingresar en el piso, lo miró desde donde estaba y caminó lentamente hasta él luego de tomar la chaqueta del traje que le había prestado por el frío de ayer. Estiró su mano con la prenda en ella y miró sin más al hombre.
        Gracias…
        Pues… No hay de qué – sonrió victorioso, como si le pareciera lindo gesto.

En ese preciso momento Jhonny apareció caminando por el piso, divisando el momento justo en que aquellos dos intercambiaban sonrisas. Un celo extraño creció en su interior y no pudo evitar acercarse para averiguar que es lo que estaba pasando.

Phoenix se percató de la presencia del rubio y se alejó de Thomas para volver a sentarse a la espera de Xavier, quería estar lejos de Smirnov lo más que pudiera, aún se sentía traicionada.

Jhonny ignoró su huída y caminó lentamente junto al cubículo de Lewis para observarle como marcando territorio al igual que los animales, el hombre lo miró riendo sabiendo lo que estaba pensando, pero le daba igual. Thomas no se hacía problemas por absolutamente nada. Luego siguió el paso hasta donde estaba la pelirroja que ni mirarlo quería, se sentó junto a ella y cuando iba a besarle la mejilla para saludarle… ella movió su rostro hacía otro lado.

        ¿Vas a seguir así? – dijo Jhonny con un poco de dolor, pero no tuvo respuestas – Tenemos que charlar sobre muchas cosas Phoenix… no quiero que comiences a pensar cosas antes de tiempo – se disculpó cuando no debía hacerlo.
        ¿Antes de tiempo? – susurró irónica.
        Estuviste lejos por más de un año… muchas cosas pasaron, y sinceramente algunas no tienen fundamentos.
        ¡Has lo que quieras! – se dignó a mirarlo – Sigue tu vida, yo la mía y todos bien así, no tienes porque darme explicaciones de nada, después de todo… – guardó silencio y miró al frente – Nosotros no tenemos nada.

Jhonny tragó aire como queriendo decir una cosa más, pero la fría actitud que ahora tenía Phoenix le arrebataron las ganas. Ella se puso de pie cuando Xavier salió de la oficina con la mujer mientras sonreían ansiosos, se detuvieron frente a la chica. Jhonny también se puso de pie al ver a esa mujer allí, él la conocía por pertenecer a la compañía… le parecía extraño su presencia.

        Bien Phoenix – dijo Xavier con los ojos pequeños provocado por su gran sonrisa – Desde hoy comienzas a trabajar con Samantha…
        ¿Y mis armas? – se rehusaba a trabajar con esa mujer.
        Yo me encargaré de llevarte hoy mismo al campo para solucionar ese problema – sonrió la mujer de cabello color negro como la oscuridad.

Dudó un poco más, pero aceptó doblando otra vez su propio carácter. Se dispuso a salir de allí con la mujer camino al campo de reintegración que quedaba en otra parte de la ciudad.

Jhonny se adelantó para preguntar que era lo que estaba pasando y la pelirroja levantó la voz ante Xavier para pedirle un tiempo de independencia… por el momento no quería trabajar bajo el mandato del rubio, no dio mayores explicaciones y el anciano aceptó, ya que no quería perder los estribos con la chica. Smirnov se enfadó por aquella actitud, se tragó todas las palabras que en ese momento quería decirles a todos, se sentía sobrepasado.

Lewis observó todo a la distancia, interesado en el tema que se estaba escuchando. Oír como caía la alianza Krauss-Smirnov, la dupla perfecta que habían mantenido en un pedestal muy alto durante muchos años, no pudo evitar sonreír y salir tras las dos mujeres que habían caminado hasta el estacionamiento.

Sus gafas oscuras, su abrigo negro y largo lo hacían lucir como todo un hombre interesante y atractivo, le gustaba tocarse su barba poco densa para seducir a las mujeres, además de caminar con un estilo especial para imponer actitud.

Con un grito detuvo el auto que Krauss pretendía conducir con Samantha de copiloto, se subió en la parte trasera y les acompañó con el pretexto de que Xavier le había mandado para supervisar la situación, por si algo salía mal…

        ¿Te crees capaz de esto…? – preguntó amable la mujer.
        No porque estuve encerrada significa olvidé conducir – la miró molesta.

Lewis no pudo evitar sonreír, le encantaba tanto cuando la gente discutía, más aún las mujeres… excepto cuando la situación se salía de control, pero este no era el caso.

Emprendieron rumbo ha dicho campo de entrenamiento, el manejo de Krauss con el auto que ahora sería suyo fue el correcto, no tuvo complicaciones y no pasó nada fuera de lo normal. Samantha bajó primero, luego Krauss y finalmente Lewis, entraron al imponente edificio y pasaron por la sección de selección de artillería, la psicóloga le dio un gran bolso a la pelirroja y ella no entendió nada.

        Elige las armas que quieras llevar, ¿no fuiste a eso hoy a la oficina de Xavier? – sonrió.
        ¿Estás segura?
        Claro, confío en tus capacidades. Me hablaron mucho de ti, y quiero ver de que eres capaz ahora Phoenix…

Frente a sus ojos tenía a su disposición un sin número de armas de alto calibre, miró con atención cada una de ellas con una emoción exquisita que la hacía sonreír levemente mientras encogía sus ojos. Metió en el bolso pistolas de mano, una francotiradora, revólveres, rifles, un juego de escopetas cortas y una de cañón largo, además de silenciadores para diferentes tipos de armas.

Thomas y Samantha se impresionaron mucho al ver con que facilidad Phoenix lanzaba las armas adentro, como si estuviera comprando en un supermercado. Luego de aquello la llevaron al centro de tiro… un lugar tan sombrío que hacía tiritar a cualquiera, allí preparaban todos los sentidos de los agentes, agudizaban aún más todas sus capacidades.

Le dieron a elegir a la pelirroja un arma, un par de berettas fue su elección. La hicieron entrar en la cámara, se quedó parada en el centro del cuarto blindado y una tenue luz la hacía resaltar dentro de la oscuridad. Desde el otro lado de la ventana polarizada Lewis y Blair la miraban atentos a cada movimiento, estaban seguros de que sería un show maravilloso…

Entonces, los blancos de disparos comenzaron a aparecer sin ser muy visibles dentro de la profunda oscuridad de la habitación, solo se oía el ruido de la máquina que se encargaba de bajarlos y subirlos a una velocidad considerada según la dificultad que se requería. Phoenix comenzó con una de las más difíciles.

Respiró profundo cerrando sus ojos, quitó el seguro de sus armas sin mover nada más que sus pulgares y comenzó la acción. Movía su cabeza hacía la izquierda y lanzó seis disparos precisos, luego a la derecha y seis más; miraba al frente atenta al ruido y sin prestar mayor preocupación disparaba con los brazos extendidos como una verdadera profesional.

La velocidad en que dirigía cada disparo era asombrosa, siquiera parecía preocupada, rodaba a medida que los blancos iban apareciendo por los extremos del cuarto que tan solo ella se suponía que podía ver. Su rostro no presentaba emoción alguna, solo hacía su trabajo.

Cuando las balas de ambas armas se acabaron, cargó casi a la velocidad de la luz cada cartucho vacío y siguió disparando mientras movía sus ojos buscando presas en la oscuridad. Luego de cinco minutos que se pasaron rápidamente… acabó. Las luces se encendieron y ella guardó las armas en el costado de su cinturón.

El asombro por parte de los dos acompañantes de la chica y el supervisor de turno era considerable, los blancos bajaron cuando el cuarto era divisible para todos. Los hombres de papel estarían muertos todos sin excepción de no ser que fueran de verdad, un disparo certero en el centro de la cabeza y un par en el pecho donde se supone que se encuentra el corazón… eran muertes seguras.

        De verdad es buena – dijo asombrada Samantha.
        Por desgracia es una de las mejores – acotó poco sorprendido Lewis – Pensé que después de tanto tiempo podía haber bajado de nivel…
        Esto es como andar en bicicleta – dijo el supervisor – Si eres bueno, lo serás toda la vida; luego de que aprendes nunca lo olvidas – asintió mirando a la chica.

Los dos asintieron porque sabían que el hombre tenía razón, luego de un rato Krauss salió de dicha habitación y apareció junto a ellos quienes aprobaron su rendimiento. Samantha la felicitó como nunca lo hicieron con ella, le sonreía todo el tiempo… pero seguía desconfiando de ella.

Salieron allí después de un largo rato de papeleo, en donde se acreditaba que la chica aún estaba en forma para poder comenzar con su labor de trabajo, es decir, para volver a asesinar a merced. Lewis las invitó a celebrar y accedieron luego de que el hombre insistiera, llegaron al bar en el que Phoenix había pasado la noche anterior ahogando su ira en vasos de vodka.

Una mesa para tres y el mismo tipo en la barra la observó a la lejanía, sonriendo para sí mismo al verla llegar, una emoción de júbilo lo abordó de una manera extraña. Se acercó para tomar el pedido del grupo mientras sonreía a la chica que le respondió de la misma manera.

        Esta vez deberás pagar el trago… – bromeó el hombre.

Asintió en silencio y Lewis aclaró rápidamente que él sería quien pagaría las cosas, defendiéndola de cualquier prejuicio siendo que nadie estaba molestando.

Pasaron allí un buen rato, Lewis pagó la cuenta y salieron de allí sin que el barman pudiera tener contacto alguno con la chica. Thomas le dio una buena cantidad de dinero a Krauss antes de marcharse excusándose diciendo que era dinero de la empresa, siendo que era mentira; ella agradeció sin más con una leve sonrisa y luego subió al auto. Ya se hacía tarde y volvió junto a Samantha a su departamento y se asombró bastante al ver un par de maletas allí, le preguntó a la mujer y claramente le habían dado la orden de no dejar sola a la pelirroja hasta nueva fecha.

        Así que tendrás que soportarme – dijo con una sonrisa amplia que daba miedo.
        ¿Quién eres realmente? – Krauss encogió sus ojos para intimidarla.
        Las cosas se darán con el tiempo Phoenix – la chica sabía que no era de fiar – Me encargaré de entrenarte y mejorar tus fallas – su rostro cambió completamente, su sonrisa desapareció y sus ojos abordaron a la chica como a una victima – No creas que las cosas serán fáciles ahora…

Phoenix no entendió a que se refería con aquello e instantáneamente volvió en sí cuando se dio cuenta que su mente había imaginado aquella conversación tan extraña. Ahora con mayor razón desconfiaría de esa mujer que por alguna causa se le había designado.

Claramente había algo en ella que era de dudosa procedencia, y los extraños poderes que la pelirroja tenía estaban dispuestos a entrar en acción para averiguarlo.

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