jueves, 9 de agosto de 2012

Capitulo 2


AGONÍA.

El día llegó entregando luz al frío entorno de Irlanda. A las afueras de la ciudad más próxima al psiquiátrico St. John permanecía una constante vigilancia por parte del centro de seguridad de ASO, liderado ni más ni menos que por el mismísimo Jhonny Smirnov, quien esperaba ansioso a que las horas avanzaran para que se aprobara la liberación de Krauss.

El lujoso poder que poseía la organización estaba sufriendo varios problemas dentro de la dirección superior del establecimiento de recapacitación mental, no querían aprobar la salida de la chica que claramente era una amenaza, eso ponía en juego los planes del ruso y obviamente de la asociación.

Dentro de St. John el día se desarrollaba con normalidad (dentro de lo que se le puede llamar), las conversaciones con los pacientes no parecían salirse de contexto… al menos hasta el turno de nuestra vigilada Julia…

        Corre el rumor de que hoy van a sacarte – le decía otra paciente.
        Corren muchos rumores por aquí.
        ¿Pero es verdad? – le miró dudosa.
        No lo sé, cuando entré me dijeron que me sacarían antes de lo que creía… y aún no vienen por mí, ya no sé que pretenden dejándome aquí – le respondió sin ganas.

Alice Graf, una deportada noruega. Con la única mujer que ella se dignaba a hablar, podían mantener una conversación en idiomas que nadie comprendía… era tal vez con quien se sentía más a gusto, incluso mejor que con ella misma. La razón por la que Alice se encontraba aquí era incierta, pero era muy parecida a Phoenix, era inteligente y sabía engañar a la gente, aunque nunca charlaron sobre a qué se dedicaban antes de estar aquí… claramente problemas mentales no eran.

Los enfermeros las observaban desde la lejanía, una chica rubia y una pelirroja charlando en latín. Era una situación extraña, confusa y un poco enfermiza, siquiera mantenían miradas más de cinco segundos, parecía que hablaran contra una pared la una con la otra… eso mantenía nerviosos a los presentes.

Aquella mañana una paciente murió de sobredosis de cloroformo, un acontecimiento que mantenía nervioso a todo el personal… era extraño que un paciente se haya suicidado, aunque para sus compañeros del diario vivir era como salvarse del maldito calvario. Se convirtió en un héroe anónimo.

        ¿Cómo machacaremos este lugar?
        Ya comencé a hacerlo…
        ¿Fuiste tú la responsable por lo de la habitación 501? – la miró de costado, su voz sonaba sin asombro.
        Solo fastidiaba, en realidad a nadie le importa lo que aquí pase – la miró – Y eso tú lo sabes.

Alice levantó las cejas sin querer seguir hablando del tema. Ambas eran de pocas palabras y matar el tiempo en un lugar como éste era casi imposible, la única escapatoria era esperar a que el tiempo avanzara, no había mucho que hacer. Participar dentro de las actividades en grupo no era precisamente lo que ambas deseaban hacer.

        Esquizofrenia-sicótica… no es menor, señor.
        Ese no es su problema – dijo con voz de mando.
        Claro que lo es, esta institución se preocupa de su inquilinos como cualquiera lo haría… no podemos dejar ir un paciente sin haber solucionado su problema – frunció el seño, estaba perdiendo los estribos.
        Ambos sabemos que no todos aquí son enfermos – encogió sus ojos y bajó el tono – Te daré un día más, mañana volveré y quiero todo el maldito papeleo dentro de una bolsa con todos los registros ¿de acuerdo?
        ¿Y si no lo hago? – sonó a desafío.
        Afróntate a las consecuencias… tú sabes que no debes jugar con fuego pequeño – le dio una palmada en el hombro y se dirigió a la puerta – No me hagas comenzar una masacre mañana por la mañana…

El hombre quedó allí una vez más, apretando los labios y frunciendo el seño mientras se maldecía a sí mismo, aceptar un trato con ASO tal vez fue un grave error, más aún aceptar a gente tan peligrosa dentro de las propias instalaciones que alberga a cientos de verdaderos inocentes incapacitados para salvar su propia vida.

Albert Fray salió del edificio con sus gafas oscuras bien puestas, caminando como un hombre desafiante con su abrigo abierto meneado por la fría brisa de Irlanda; atravesó las barreras de protección de la entrada y subió al auto, pidiéndole al chofer que lo llevase hasta la ciudad.

El auto aparcó en la esquina de la avenida principal junto a otro par de oscuros autos blindados y polarizados, bajó con cuidado y se quitó las gafas cuando estuvo frente a frente con Jhonny, quien mostraba cierta preocupación en la mueca de sus cejas rubias y desvanecidas.

El frío corría con más fuerza mientras ambos hombres permanecían parados charlando sobre la actual situación en la que se encontraban, las aves volaban y entregaban un canto de sufrimiento a medida que se posaban en la orilla del edificio de la calle del frente, parecía que nevaría…

        Hoy no podremos sacarla – dijo sin más.
        ¿Qué mierda pretenden? – Smirnov se mostró enojado.
        Curarla – rió Albert – Como si de verdad fueran poderosos, Krauss es un caso perdido – rió con más ganas – Les di un día más, si no cumplen… tomamos cartas en el asunto.
        A ellos no les conviene que ASO pierda confianza en ellos… están cavando su propia tumba – negó con su cabeza sin comprender - ¡Ellos saben que la chica no está enferma!
        Sabes que solo la quieren por el dinero… les importa una piedra su estado Jhonny, no suenes a ingenuidad que para eso está Alice.
        A estas alturas ya deben haberse conocido…
        No digas eso, ni se te ocurra pensar en ello – lo interrumpió rápidamente.

Intercambiaron miradas dudosas, sufridas y desconcertadas. Jhonny estaba molesto al saber que tenía que esperar un día más para poder volver a tener contacto con su chica preferida, con el arma que lo llevó tan lejos hasta donde hoy se encuentra. No estaba dentro de sus planes abandonarla como ASO había echo con Alice Graf, que por coincidencias de la vida… se había conocido con la pelirroja.

Subió al auto y volvió al hotel para pasar un día más en las frías afueras de la ciudad, llamando a su esposa para indicarle que todo estaba bien y que seguía vivo. También para hablar con su pequeña hija de apenas ocho meses de vida, una noticia más para contarle a su amiga cuando salga del encierro.

La noche se hacía fría y dolorosa a medida que las medicinas eran inyectadas en el cuello de Krauss, aclamando tranquilidad y rigidez, cualquier movimiento podría lograr que la jeringa ingresara por donde no debía y acabar con ella instantáneamente. Las drogas después de mucho tiempo estaban logrando afectar su mente, borrando ciertas ocasiones de su pasado, nombres, fechas importantes, lugares, personas. Eso no le agradaría para nada al superior de la organización en ASO, podría ser un punto en contra y ordenarían su despido… por ende: su muerte.

A ella en sí le daba lo mismo permanecer viva o muerta, ser una rata de experimento o estar corriendo por el mundo mientras persigue a un sujeto para matarlo. Se adapta con el tiempo, le es indiferente todo tipo de situación, no tiene nada que perder, nada en qué apoyarse… ella está sola.

La devolvieron a su habitación completamente dopada, perdiendo el centro de mira, con las pupilas dilatadas y sin poder distinguir figura alguna, su boca no podía cerrarse y su saliva se esparcía cayendo hasta la almohada, su respiración se mantenía calmada… su presión arterial estaba apagándose, su pulso se estaba yendo.

        Su sistema al fin se doblegó – dijo con orgullo una enfermera.
        Podría ser el momento adecuado – acotó el doctor de turno.
        Espere un par de minutos, siquiera puede hablar…
        No podemos esperar, debemos obtener información antes de que recobre el conocimiento – frunció el seño tomando una cartola y un lápiz.
        Tenga cuidado señor – la enferma apretó su brazo esperanzada y preocupada.

Asintió sin más y entró en el cuarto, miró a la ventana polarizada y observó su reflejo atemorizado, tomó una silla y se sentó junto a la camilla, observó a la chica que parecía un animal desahuciado… daba asco y temor al mismo tiempo.

Comenzó a hacerle preguntas sin obtener respuestas, podía fijarse en como las manos de la pelirroja se movían desesperadamente bajo la camisa de fuerza ajustada, de seguro si no estuviera usando aquello él ya estaría muerto al otro lado del cuarto. Agradeció aquel artefacto y prosiguió preguntando, ella lo miraba conciente pero no podía reaccionar porque el medicamento le impedía moverse, no tenía control de su cuerpo.

        Vamos chica… dime algo que pueda servirme… sé a la perfección que no estás aquí por milagro… ¿qué te trajo hasta St. John…? – suplicó en un susurro.
        ¡¡¡Vete de aquí…!!! – gritó ella aguantando el dolor con una voz aterradora.

El doctor se asombró bastante, su corazón saltó hasta su garganta logrando asustarse como nunca en su vida, el impacto fue tremendo. Lanzó por reflejo todo lo que tenía en sus manos, se puso de pie rápidamente lanzando la silla al otro lado de la habitación.

La chica apretaba sus ojos con fuerza como reteniendo algo en su interior, apretando sus piernas la una con la otra, el doctor notó que sus manos ahora se movían con más fuerza bajo la camisa… ¿Qué le estaba pasando?

La curiosidad de investigar era más fuerte y el doctor no abandonó la habitación cuando la enfermera se lo pidió dando golpes en la ventana polarizada, él quería averiguar que estaba pasando, y de seguro no terminaría bien.

        ¿Qué te sucede? – dijo esperando una respuesta.

Las luces se apagaron de improviso causando pánico y terror en el hombre, no había ruido alguno. Pasó así un par de segundos lentamente hasta que la luz volvió y la pelirroja se encontraba sentada en el borde de su camilla mirándolo fijamente. El pulso del doctor sucumbió ante terrorífica imagen, no sabía que pensar, no sabía lo que podía pasar…

        ¿Qué pasa doctor…? ¿Tiene miedo? – sonrió intimidante.
        Pero… ¿Qué… dem…? – su espalda chocó contra la pared, no podía seguir retrocediendo.
        Le advertí que se fuera doctor… – encogió sus ojos sigilosamente.

Con cautela y sin preocupación la chica bajó de la camilla, sus pies descalzos caminaban hacia el doctor lentamente, causando pánico y un estrés colosal en el interior del hombre. Lo único que él quería era salir de la habitación que por una razón muy extraña parecía que no tenía escapatoria… la puerta había desaparecido.

La enfermera del otro lado no podía ver nada, algo había oscurecido la ventana polarizada desde el otro lado, algo desconocido estaba jugando a favor de Krauss.

Movía su cabeza a un costado lentamente, luego al otro como un cazador investigando a su presa. El especialista se escabullía cada vez que la chica lograba acercarse más de la cuenta hasta él, corría de esquina a esquina mientras ella lo perseguía sin apuros, sin preocupaciones… como si pudiera hacer esto toda la noche.

La luz se volvió a apagar unos segundos, una risa malvada se escuchaba entre la oscuridad, él se acorraló en un rincón y el rostro de la chica apareció frente a sus ojos con una mirada bañada en sangre que lo hizo gritar de horror.

        No perturbe una mente que no le pertenece… doctor – su voz era un susurro aterrador.

Y antes de que pudiera reaccionar… la imagen cambió completamente, despertó de un trance extraño, como si nada hubiera pasado.

La chica seguía apretando sus ojos con fuerza, la enfermera golpeó la ventana con cautela como si fuera la primera vez que le advertía que saliera de allí. Parecía que recién había entrado en la habitación.
Un escalofrío recorrió su espalda, miró rápidamente a la chica y se peñiscó la mano para saber si era real, dolió… era real, pero entonces… ¿Qué había pasado?

Sin pensarlo dos veces tomó sus cosas y salió de la habitación acelerado, más que nada asustado por lo que había visto tal vez solo en su propia mente. Llegó donde la enfermera y el comentó lo que le había ocurrido, ella negó todo: nada de lo que el relató había pasado. ¿Su imaginación? Tal vez fue la chica. Y si no… ¿Qué?

Krauss se tranquilizó cuando el hombre abandonó la habitación, se sentía agotada y su ojos volvían a estar tranquilos, poco a poco volvía a ver con claridad. Las sombras aparecieron junto a su cama una vez más, esta vez un grupo de encapuchados la observaba como esperando a que se moviera.

Suspiró cansada por el esfuerzo que la droga la obligaba a hacer para resistir sus efectos, cerró sus ojos agotada y las caricias de manos esqueléticas la arrimaron para lograr un sueño en paz. Las presencias no la abandonaron durante la noche, permanecieron allí para prevenir que una vez más su mente fuera manipulada…

        ¡Juro que esa chica trató de matarme! – gritaba alterado en la oficina.
        ¿Cómo va a hacer eso? Tiene una camisa de fuerza… – rió uno de sus colegas.
        Yo no estoy loco – suplicó alterado – Deben creerme, ¡ella está enferma!
        Walter, tal vez el turno nocturno te está haciendo mal – dijo el superior perturbado por su actuar.
        Estoy seguro de lo que vi – recalcó.

El consejo de la dirección del psiquiátrico St. John comenzaba a dudar de las capacidades de sus doctores, no era el primer caso de mente perturbada a causa de Phoenix Krauss, más bien dicho… Julia. Y el director ya estaba preguntándose para sí mismo las razones de todo esto, ASO estaba insistente con su liberación y cada vez que alguien quería intervenir en su tratamiento… acababa dando relatos de cosas absurdas y extrañas de las cuales solo ellos fueron testigos.

¿Qué estaba pasando realmente con la chica? Valía la pena dejarla un tiempo más para investigarla, pero al mismo tiempo la institución corría riesgo de acabar bajo las llamas, bajo la opresión de una organización con poder suficiente para mandar todo al demonio.
Decisiones… decisiones difíciles de tomar.

El día había llegado, los representantes de ASO se dirigían hacía el psiquiátrico lentamente conduciendo en sus lujosos y oscuros vehículos como personas importantes, con sus gafas oscuras para ocultar las miradas irónicas y certeras que jugarían un papel fundamental esta mañana.

A medida que se acercaban Jhonny apretaba el volante con más fuerza de la necesaria, sus labios oprimían el aire saliendo de su boca, sus ojos se mantenían encogidos en el camino que se hacía extenso, parecía que nunca llegaría al maldito psiquiátrico.

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