jueves, 9 de agosto de 2012

Capitulo 3

PROBABILIDADES


Un caos estaba a punto de comenzar a primera hora de la mañana, los duros pasos de los representantes de ASO eran pronunciados con fuerza… Sus palabras se harían valer sea como sea en ese mismo lugar.

Bajaron de los vehículos, Albert y Jhonny intercambiaron miradas junto con su otro acompañante Frederick, las puertas de sus vehículos se cerraron casi como una coreografía musical, todas al mismo tiempo. Arreglaron sus gafas oscuras, los broches de sus relucientes abrigos y juntos decidieron entrar a St. John en busca del arma más poderosa que tenían y que claro, no dejarían que nadie les arrebatara.

La puerta de entrada se abrió de par en par, las fuertes palmas de los tres hombres venían con una idea en mente y no darían su brazo a torcer por nada. Caminaron hasta el mesón de recepción y pidieron hablar con el encargado de admisión: William Vleck. La señorita en cuestión se puso nerviosa y por teléfono pidió la presencia de dicho doctor, los tres agentes decidieron esperar de pie en medio de la entrada, logrando así atraer atención de ojos que no entendían la razón de su presencia…

William Vleck apareció nervioso saliendo desde una puerta que llevaba adentro de las instalaciones, Jhonny se percató de su persona y se los hizo saber a sus dos compañeros tocándoles levemente sus hombros. En ningún momento se quitaron las gafas, a ellos les gustaba parecer interesantes…

        Tanto tiempo sin vernos – dijo irónico el rubio.
        Buenos días señores… – titubeó el doctor.
        Hemos venido por lo nuestro – Albert elevó sus cejas imponiéndose ante los presentes.
        Bien… síganme… por favor…

El tono de voz que tenía el hombre era preocupante, se notaba acabado, casi abatido y temiendo por lo que pudiera suceder cuando entrara en una oficina cerrada con tremendo trío de asesinos. Los hombres lo siguieron sigilosos, vigilando cada movimiento que el doctor realizaba… paso tras paso; los hizo entrar a una sala de conferencias en donde se encontraban un aproximado de 15 especialistas reconocidos dentro de la institución.

Los chicos no entendieron lo que sucedía, se miraron entre ellos y luego se quitaron las gafas, las guardaron en los bolsillos de sus abrigos, Jhonny arregló sus cejas rubias, Frederick su cabello elevado con fijador y Albert se notaba molesto con sus labios encogidos. ¿Emboscada? Sería inútil… esta reunión extraordinaria no tenía sentido.

        ¿Qué significa esto? – Albert miró al doctor.
        Hay unas cuantas cosas que ustedes deben tener en claro antes de proseguir a lo que han venido, señores – dijo un hombre al otro extremo de la gran mesa.
        Ya tenemos claro a lo que hemos venido – dijo Jhonny sonriendo como un buen niño – ¿Ustedes creen que un consejo de doctores logrará intimidarnos?

Los quince sujetos se miraron preocupados, claro tenían que ellos tres sin refuerzos podrían acabarlos en un parpadear de ojos… al hacer el trato de proteger a Krauss sabían a lo que se estaban enfrentando, sabían que estaban jugando con fuego y que tarde o temprano acabarían quemándose.

Frederick se acercó a la mesa, apoyó sus manos en la fría madera barnizada que hacía brillar el mueble, observó con atención cada rostro de los hombres que estaban allí presentes y con sus ojos encogidos comenzó a intimidarlos tal como quería.

Charlaron un buen rato sobre las razones por las cuales no podían dejar ir a “Julia Jackson”, los agentes los escucharon atentos, oyendo con atención cada punto que trataron, cada razón que entregaban… en verdad a ellos no les importaba.

        ¿Acabaron? – recriminó Frederick.
        ¿Acaso no entienden? Estamos tratando un asunto de seguridad nacional…

Y antes de que el médico cabecilla acabara la frase un disparo le hizo volar la cabeza, un tiro limpio y certero atravesó el centro de su amplia frente. El cuerpo cayó como un papel jugando contra el viento, las miradas de los otros catorce doctores se volvió temerosa, parecían niños en Halloween.

Sin embargo, los agentes mantenían su calma, sus rostros fríos y sin expresión los observaban a todos, fijándose en el pánico que los abordaba en este momento.

        ¿Alguien más se opone a que nos llevemos a la chica? – dijo Jhonny guardando su arma en el costado del cinturón.

Un silencio se hizo presente en la habitación, los doctores se miraron entre ellos esperando a que alguno tuviera el valor de oponerse a la acción que los presentes estaban a punto de cometer. Pero nadie dijo nada.

        Eso pensé – sonrió con cautela – Llévanos a la oficina para entregarnos el papeleo y los registros – le dijo Jhonny al doctor que los llevó hasta esa sala.
        Está bien… síganme – dijo pausadamente con miedo.

Los agentes volvieron a seguirlo, Frederick salió de los últimos para observar a los doctores antes de salir, a él le gustaba intimidar a la gente con su mirada… sus ojos pueden transportar a cualquiera a un mal momento de su vida.

El doctor los llevó hasta la oficina del segundo piso, cerró la puerta con llave y mientras los hombres permanecían parados observando el lugar, buscó los documentos requeridos. Albert se quedó afuera para vigilar cualquier movimiento sospechoso que pudiera aparecer.

        ¿Estás lista? Ya vienen por ti, no quieren retrasos – le decía la enfermera de mala gana.
        No es necesario que me vigiles, ya no tengo la camisa de fuerza – sonrió perversa una vez más.
        Solo apresúrate ¿vale? No hay tiempo que perder o de seguro ellos me vuelan la cabeza – no le tomó importancia a sus palabras.
        No si lo hago yo primero… – susurró mientras se vestía.
        ¿Qué dijiste?

La chica la miro de mala manera, no respondió nada y la enfermera salió de la habitación sin darle mucho cuidado al comportamiento de la pelirroja. Terminó de vestirse y golpeó delicadamente el vidrio polarizado para dar la señal de que estaba lista, la enfermera luego de unos segundos abrió la puerta y junto a ella caminó por el largo pasillo que la llevaría a la recepción del segundo piso. El edificio era largo, extenso e inmenso… podrían caminar más rápido, pero para ambas no había apuro alguno, más que mal Phoenix ya se había acostumbrado al lugar.

Mientras caminaba vio por la rejilla de una ventana la rubia cabellera de Alice, quien se percató de su salida y la miró con odio como nunca antes lo había echo, Krauss lo hizo de la misma manera tan solo porque había algo entre ambas que nunca se comentó y creó un rencor sin sentido. Se odiaban por un misterio…

Caminaron hasta la esquina este del edificio y al doblar un mar de sensaciones abarcaron la distancia. La chica se detuvo mientras la enfermera retiraba de una ventanilla las pertenencias de la pelirroja, Krauss se hipnotizó con tres sombras que resaltaban por el blanco brillo que ingresaba por el ventanal del pasillo.

Una melancolía extraña la hipnotizó como a una inocente criatura, una de las sombras se aproximó a velocidad lenta pero imponente, Krauss soltó la bolsa que traía entre sus pálidas manos y se derrumbó en el pecho de Jhonny, quien la abrazó con fuerza. Sus brazos la rodearon con facilidad, era una mujer delgada… más aún después de perder tanto peso en este lugar.

        Te extrañé – le dijo en el oído mientras respiraba en su cuello con un calor pasional.
        Jhonny… – su nombre apareció de entre sus recuerdos.

Las manos de la pelirroja subieron por la espalda del rubio, lo apretaron como pudo, aún se sentía débil por las drogas que tenía en su cuerpo. Apretaba sus ojos con dolor, la presencia del hombre más importante en su vida la hizo recordar que aún era vulnerable a las emociones, aunque no derramó lágrima alguna. Ella nunca lloraba.

Jhonny besó su cabeza mientras ella depositaba suspiros en el pecho del hombre; atrás… Albert y Frederick se aproximaron listos para irse, recibieron las pertenencias de la chica que la enfermera les entregó y salieron del lugar, Albert le tocó el hombro a Smirnov para indicarle que debían irse.

Salieron de allí, Phoenix subió al auto del rubio como copiloto, los compañeros de él guardaron las cosas en la cajuela y subieron a sus vehículos para volver a Rusia tras una jornada agotadora e inexplicable.

El encuentro tras mucho tiempo daba para pensar tantas cosas, Jhonny se sentía completo tras casi un año y medio de la ausencia de su amiga y confidente, ella por otro lado volvía a cuestionar las cosas que tendría que hacer. Su trabajo era sucio, y aunque le gustara… la agotaba.

Los tres autos subieron al avión privado, los agentes también lo hicieron junto a la chica. Emprendieron vuelo en dirección a San Petersburgo para volver a trabajar en los mandados que se les dirigían desde el alto mando de ASO.

Al llegar a suelo ruso eran aproximadamente las cuatro de la madrugada, Jhonny llamó a las oficinas que funcionaban las veinticuatro horas del día, para pedir el permiso necesario de que Phoenix Krauss se quedara esa noche con él y presentarla mañana por la mañana a primera hora, obteniendo como respuesta un no.

        Tendrás que quedarte allá por hoy – se disculpó.
        No esperaba menos de eso imbéciles.
        Vendré por ti apenas pueda, de seguro te llenarán de preguntas…
        Ya estoy acostumbrada – sonrió levemente.

La abrazó a las afueras de ASO, besó su frente, le sonrió y se marchó. Albert y Frederick la llevaron al quinto piso, en donde ella servía como asesina de alto rango, encontrándose con los trabajadores nocturnos quienes se asombraron al verla allí luego de mucho tiempo.

Los agentes dejaron los documentos en la oficina de su superior y un asistente llevó a la pelirroja a los cuartos del edificio para que pasara la noche aquí, segura de cualquier tipo de cosa. Sola, con calefacción y un capuchino para no conciliar el sueño… como siempre.

Se cobijó en la cama y comenzó a leer un libro en latín que había entre sus pertenencias, no la dejarían tener contacto con cualquier otra persona hasta que se de por completa su reintegración durante la mañana que se aproximaba. Debía seguir aislada hasta que al superior se le ocurriera aparecer dentro de la compañía.

        ¿Cómo te fue hoy? – preguntó Helen Smirnov.
        Bien, fue un largo día pero valió la pena – sonrió al sentir sus masajes.
        ¿Encontraron a Phoenix?
        Si… costó para que volviera, pero estará con nosotros pronto, debemos esperar a que Xavier revise los documentos…

La esposa de Jhonny seguía creyendo profundamente que Krauss era solo la mejor amiga, como agente supo esconder secretos que siquiera la persona más cercana sabe. Ahora que la chica estaba libre y por ende estaría más cerca de él las cosas comenzarían a complicarse… sobretodo porque la estima que siente él por ella no es tan sano como se puede imaginar.

        Ya está libre, debes volver a buscarla…
        Dejémosla descansar un par de días, el estrés mental que está enfrentando complicará más las cosas y ni aproximarnos podremos hacer – su voz de preocupación era más densa que la felicidad que lo dominaba.
        No podemos dejar que ASO tome riendas sueltas una vez más, la chica debe estar de nuestro lado… no tenemos tiempo que perder, Patrick – exclamó su superior.
        Iré a preparar mis maletas entonces… una vez más tendré que morir de frío en Rusia – estimó sin ganas.
        Es tu trabajo convencerla, no nos hagas perder el tiempo chico.

Su cuerpo tatuado se reflejaba a lo largo de un ventanal, colgó el teléfono para arreglar sus pertenencias y volar así a la tierra del frío. Aunque con el invierno actual, hasta Italia parecía congelarse más de lo debido.

Guardó su libro sagrado como primer lugar, tomó los artículos benditos cubiertos por unos blancos pañuelos sencillos; un poco de ropa acomodó sobre todo para que pareciera un viaje normal, pero en el fondo él sabía que las cosas se saldrían de control y acabaría fallando una vez más.

El representante de los Illuminati preparó su último desayuno, comió con calma y miró las noticias, no asombrado al ver el titular de la muerte ocurrida dentro del psiquiátrico St. John.

        De vueltas a las andadas – comentó para sí mismo – Así que era allí donde estuvo todo este tiempo… – encogió sus ojos, pensativo.

Apagó el televisor, lanzó todo al suelo enojado consigo mimo y tomó su maleta para salir de su casa dejando un caos en su comedor, tomó el primer taxi que pasó por la avenida y emprendió camino al aeropuerto de Roma, debía llegar pronto a Rusia antes de que Krauss fuera encomendada a otra misión y debiera perseguirla por otra parte del mundo.

Su labor era exhaustiva y complicada, pero le gustaba hacerlo… siempre tenía una aventura nueva que vivir aunque su vida corriera peligro gran parte del tiempo. Los desafíos eran su fuerte, su paciencia era envidiable y claramente todas sus aptitudes lo convertían en el indicado para este arduo trabajo de convencer a la chica para que dejara ASO.

¿Cómo iba a lograrlo? Esa compañía le había dado todo, le salvó la vida a cambio de otras miles que debían ser acabadas, le dieron refugio cuando no tenía hogar… la mantienen libre cuando debería estarse secando en la cárcel hasta la eternidad.

Esa era una carrera que debía correr, era un desafío que debía asumir. Fuerzas poderosas estaban de su lado para ayudarlo con este trabajo convertido en vocación para muy pocos…

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