BIENVENIDO
–
¿Estás loca? –
gritó Jhonny poniéndose de pie.
–
¡Que ni se te
ocurra salir de aquí Krauss! – acotó Albert.
–
¿Por qué? –
frunció el seño la pelirroja.
–
¿No te das
cuenta que tienes como diez balas en tu cuerpo? – dijo irónico Lewis.
La chica guardó silencio y
disimuladamente miró su hombro izquierdo con dolor, justo en esa zona tenía al
menos dos tiros muy cerca el uno del otro. Jhonny se acercó a Phoenix y la tomó
de su brazo con fuerza, él estaba enojado y la llevó hasta el cuarto en donde
había estado este corto tiempo, la obligó a recostarse mientras Samantha aún
permanecía allí asombrada con lo que veía. Albert la tomó de los hombros y la
invitó a salir para que no presenciara lo que pasaría. Ella se negó.
El doctor apareció en la
habitación junto a Thomas y Frederick, Jack y Bill se quedaron fuera para vigilar
y no dejar pasar a nadie, ahora menos que nunca. El profesional de la medicina
descubrió el torso de la chica y los ojos de todos fueron victimas de la piel
dañada por las balas, también el doctor quitó sus pantalones ya que tenía una
bala incrustada en su muslo derecho, no
se explicaba como podía caminar.
–
Lindo cuerpo –
dijo Thomas sonriendo.
–
Cállate – lo
miró enojado Jhonny.
–
Tranquilo niño
bonito – se burló – ¿Me vas a decir que es mentira?
Guardó silencio apretando
sus labios y volvió a mirar a Phoenix que estaba siendo sedada para comenzar la
extracción de las doce balas. No demostraba miedo a lo que sentía ni veía, pero
si dolor.
Del brazo de Frederick
permanecía la psicóloga Blair temiendo a lo que pudiera pasar, aún sabía que le
quedaban por ver muchas cosas en lo que respecta a ASO y sobre todo a Krauss;
Albert estaba junto a esos dos mientras que Smirnov y Lewis estaban cerca del
doctor por si algo comenzaba a complicarse…
Para mala suerte la
anestesia no hizo mucho efecto en la chica, así que el dolor sería más notable.
El doctor comenzó y los gritos se hicieron presente por parte de Phoenix cuando
el bisturí fue presionado con delicadeza sobre el muslo derecho de ella. Con
pinzas sacaron la primera bala que estaba adentrada casi en la mitad del
músculo, luego con grueso hilo coció la herida y la desinfectó.
Así fue exactamente con
las siguientes once balas, pero se vio más complicado el hombre en la zona del
hombro izquierdo en donde tres balas impactaron casi en la misma zona. Las
venas de Krauss perturbaban a todos mientras ella reprimía su doloroso grito,
parecía como si fueran a explotar; tan sólo podía aguantarse y apretar una
almohada que le facilitaron. Tras casi una hora y media, el doctor acabó la
labor y dejaron descansar a la chica que casi se desmaya por toda la sangre que
perdió en el doloroso acto.
Los agentes prepararon las
armas y los vehículos porque pronto se largarían de allí para volver a Rusia en
un avión privado que vendría por ellos. El doctor no guardó su curiosidad y le
preguntó a Lewis sobre qué pasaba con la chica, por alguna razón estaba tan
herida y por otra muy extraña razón aún seguía viva.
Thomas no quiso dar
explicaciones y tampoco le dio una idea clara sobre lo que le había ocurrido,
solo le pagó una gran cantidad de dinero y agradeció su atención. El doctor se
mostró calmado y se mantuvo al margen no preguntando más.
Cuando ya se hacía media
noche, todo estaba listo pero Krauss aún no despertaba de su extraña siesta entonces
Samantha entró nuevamente en ese cuarto y con cuidado intentó despertarla,
Phoenix no quería levantarse y la mujer insistió en que debían irse. Thomas
escuchó como discutían ambas y entró para ver si podía ayudar en algo, logrando
así que la chica cediera luego de largo rato.
Partieron entonces a una
zona franca en ambas camionetas, un terreno baldío y vacío estaba resaltando
por un avión ruso e imponente que los llevaría de vuelta a ASO, embarcaron los
vehículos y emprendieron vuelo en unos minutos.
Los agentes durmieron un
poco, el vuelo no duraría más de una hora, descansaron lo que pudieron y
prestaron atención a las órdenes que Klabin
Bosch les daba. El hombre presente era uno de los superiores de ASO, una de
las tantas ases bajo la manga que Xavier tenía. Y quería asegurarse que Krauss
venía de vuelta en buenas manos, Bosch sabía más que nadie toda la historia de
la chica y más aún el enrollo que tenía junto a Smirnov. Klabin era como su
hermano mayor, a quien tanto detestaba.
–
Cuando llegues
a San Petesburgo tendrás malas noticias – dijo tan serio y malo como solía ser.
–
¿Por qué? – lo
miró Jhonny.
–
Hay alguien esperándote
allá y al parecer no venía con buenas noticias…
–
¿Le pasó algo
a Helen? – se extrañó y Phoenix lo miró con ira desde la distancia.
–
No tiene que
ver con ella – rió Klabin – Espera que lleguemos y verás.
Frunció el seño y no
entendió nada de lo que quiso decir aquel sujeto, luego miró a Krauss y notó su
disgusto cuando nombró a su esposa. No sabía que pensar.
Llegaron a tierras rusas y
abandonaron el avión con cuidado y rapidez, Xavier citó a los agentes a su
oficina, Jhonny, Frederick, Albert y Samantha entraron primero, donde Xavier
pidió bitácora de todo lo que vieron e hicieron, cómo encontraron a la chica,
la situación en que se vio desenvuelta la mini-batalla, todo.
Luego entraron Lewis y
Krauss en donde recibieron una gran llamada de atención, Xavier los regañó como
a niños pequeños. Ninguno quiso guardar silencio y cada vez la conversación se
iba poniendo caliente.
–
¡No quiero que
vuelvan a irse solos otra vez!
–
Sé cuidarme
sola – gritó Krauss.
–
¿Por eso casi
mueres? – frunció el seño el viejo – ¿Cuándo vas a entender que siempre
necesitarás apoyo? ¡Casi no puedes contar la historia dos veces Phoenix!
–
Por eso yo la
acompañé… – la defendió el inglés.
–
¡Tú te fuiste
sin permiso! No me vengas a decir que fuiste a defenderla Lewis, porque ambos
sabemos que eso no es cierto – volvió a gritar Xavier – Tendré que castigarlos
a ambos, no me gusta que corran peligro, mucho menos mis mejores armas. Tienen
que entender que son buenos, pero no invencibles…
Thomas estaba tranquilo
porque sabía que un regaño como este le llegaría, pero Krauss estaba indignada
porque nunca le habían llamado la atención de esta manera… ella siempre hacía
un trabajo perfecto. Apretaba sus labios con fuerza mientras fruncía el seño
mirando a Xavier, el anciano no quería escuchar sus explicaciones, solo
agradecía el que estuviera viva. Nada
más le importaba.
Luego de aquello, hizo
entrar a Klabin para pedirle informe de todo y entregarle nuevas órdenes que
debía llevar a cabo si o si, ya que el jefe estaba enojado y disgustado con
todo lo que estaba sucediendo.
–
¿Trajiste a
James?
–
Si señor, esta
esperando la orden para venir… ya he informado a Jhonny de la presencia de
alguien que quiere charlar con él – sonrió Klabin.
–
Me parece
bien, necesito mantener a Smirnov alejado de Krauss por un buen tiempo… al
menos hasta que las cosas se calmen. No sé lo que pasó entre ellos, pero
gracias a eso y a la actitud de la chica casi la perdemos frente a Alice – se
tocó el mentón preocupado.
–
¿Fue Alice…? – se asombró Klabin.
–
Sí… no podemos
dejar que Phoenix se acerque nuevamente a esa mujer o se va todo a la mierda
¿entiendes? Necesitamos tranquilizar a la chica y que deje de actuar tan
precipitadamente.
–
Haré lo mejor
que pueda señor – asintió.
–
Más te vale,
no quiero que comiences a actuar extraño tú también – frunció el seño.
Klabin asintió una vez más
y se retiró, cuando salió de la oficina vio como Lewis charlaba con la
pelirroja en un tono de preocupación, mientras que a lo lejos Jhonny miraba a
la chica con los ojos encogidos esperando para acercarse. Klabin sonrió.
Krauss estaba dispuesta a
irse, Jhonny y Samantha la siguieron desde cerca. Se encontraron a las afueras
del edificio de ASO y comenzaron a discutir. Phoenix seguían enfadada con el
rubio mientras que él insistía que había una conversación pendiente para darle
explicaciones que ella no quería escuchar. Samantha intentaba calmar a ambos
pero era imposible, ellos estaban solo para escucharse el uno al otro.
Cuando todo parecía que
iba a acabar peor, una voz trajo silencio entre los dos gritones. Un hombre
alto, con buen cuerpo, de un cabello tan rubio como el de Jhonny y los mismos
azules y profundos ojos, alzó la voz para saludar a ambos con una sonrisa
cálida, pero que obviamente ocultaba otras intenciones. El traje que traía
puesto lo hacía lucir aún más formal de lo que en verdad era.
El silencio que guardó
Jhonny no era bueno, frunció el seño de inmediato y Phoenix no demostraba nada
en su rostro, siquiera asombro, solo aprovechó aquella interrupción y salió de
allí. Samantha quedó mirando al sujeto con la boca abierta como si fuera el
hombre más maravilloso que hubiera conocido, luego se percató de la ida de la
pelirroja y salió tras ella. Dejando así
a ambos hombres solos mirándose entre sí.
Smirnov apretaba sus
labios reteniendo las palabras que en ese momento quería gritarle, sus ojos se
enfocaban abruptamente en la cara de aquel sujeto que había aparecido de la
nada y que por el pasado que había tras ellos… solo podía odiarlo y detestar su
presencia en este momento.
–
¿Qué haces
aquí? – dijo casi gruñendo Jhonny.
–
Pero que
manera de recibirme hermanito… – sonrió el sujeto – ¿No vas a darme un abrazo?
–
¡Dime que
haces aquí! – gritó enojado.
–
Tranquilízate
– su sonrisa no desaparecía – Hace mucho tiempo que no te veía, vine a hacerte
una visita caritativa… Tu esposa es un amor ¿sabías?
Ya puso un cuarto a mi disposición – rió.
Los hermanos Smirnov
volvían a encontrarse tras mucho tiempo distantes, Jhonny lo odiaba porque
básicamente James era un canalla que siempre se quería salir con la suya.
Estuvo mucho tiempo involucrado en ASO, pero también estuvo encargándose de
arruinarle la vida a su hermano menor, haciéndolo caer en estafas, trampas y
varios problemitas… además de siempre querer tener el control sobre Jhonny.
No podía creer que lo
tenía al frente luego de su larga desaparición y que más encima ya había
conocido a Helen y que ésta le propuso quedarse en su casa, estaba
desconcertado en lo absoluto. Así que prefirió seguir su camino a pie y dejar a
James solo, caminó a casa con la cabeza hirviendo para luego discutir con su
esposa sobre cómo pudo haber admitido a ese hombre en casa. Helen no conocía su pasado.
Eran las dos de la
madrugada, James llegaba como si fuera su propia casa y se durmió en donde su
cuñada le había indicado, Jhonny no toleraba aquello y no podía comenzar a
discutir de la manera en que lo hace frente a su esposa. Se fue de allí al bar
que frecuentaba con la pelirroja, fue
atendido por aquel mesero que se interesó en la chica y que no había vuelto a
ver desde entonces…
Por otro lado, en el
departamento de Krauss, Samantha insistía en preguntar quién era el sujeto que
había aparecido antes de que se marcharan, Phoenix no quería decirle nada
porque en verdad a ella no le incumbía y Samantha no era quién para exigirle
saberlo.
–
Es un agente
retirado – respondió para que se callara.
–
¿Cuál es su
nombre? – sonreía Blair.
–
James.
–
¿Por qué
Jhonny lo miraba de esa manera? – encogió sus ojos.
–
Son hermanos.
–
¿De verdad? –
se asombró.
–
Ya cállate y
vete a dormir – Phoenix se enfadó.
Samantha se resignó y
decidió obedecer, quedó con la idea de que tal vez volvería a verlo al día
siguiente y así podría preguntar todas las cosas que ella quisiera. Se
durmieron ambas, Samantha en el sofá porque Phoenix no quería compartir su cama
con ella, seguía sintiendo que la psicóloga solo estaba estorbando allí.
Jhonny bebía y bebía en
aquel bar mientras que por casualidad ingresó en el mismo Thomas, lo miró desde
la puerta y éste sonrió, se acercó para sentarse en su mesa y pidió un whiskey.
Ambos se miraron con rencor y comenzaron a charlar sobre lo que había pasado
con una tensión extraña en cada palabra que salía de sus bocas.
–
Quiero que te alejes de Phoenix – susurró Jhonny.
–
¿Por qué? –
sonrió Thomas.
–
Sólo hazlo.
–
No lo haré,
ella no quiere trabajar contigo… por eso está conmigo ¿te molesta?
–
Claro que sí –
frunció el seño – Sé que tus intenciones con ella no son buenas.
–
¿Acaso las
tuyas lo son?
–
Yo no quiero
matarla…
–
¿Y quién te dijo
que yo quería matarla? – rió con ganas – Se nota que ves muchas películas
Smirnov.
–
Entonces ¿qué
pretendes estando con ella?
–
Digamos… que
nos estamos conociendo – sonrió irónico.
–
Que ni se te ocurra involucrarte con ella Lewis…
–
¿O qué?
Jhonny apretó su vaso con
fuerza y estaba dispuesto a lanzárselo en la cabeza al inglés, mientras que
Lewis solo intentaba sacarle información a través de comentarios certeros.
Las miradas de ambos
involucraban verdaderos sentimientos de recelo, odio y tal vez más allá de la
envidia; Krauss había provocado en ambos una sensación extraña que los
cautivaba hacía ella y que ahora estaba causando líos que no se sabe si
acabarían una vez más en tragedia, como lo habían vivido a las afueras de St.
John.

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