NO MÁS
Los gritos abundaban en
aquella habitación cuando el reloj marcaba las nueve de la mañana en punto, la
puerta permanecía cerrada con seguro para que nadie los interrumpiera mientras
que a las afueras de aquel cuarto permanecía Helen preocupada con todo lo que
escuchaba. Nunca se imaginó la mala relación que existía entre los rubios
hermanos Smirnov y que mucho menos, por su culpa estarían discutiendo.
James solía ser calmado
ante estas reacciones de su hermano menor, parecía incluso como si poco le
importara lo que le dijera (aunque de
cierto modo era así), pero también elevaba el tono de su voz para no
sentirse rebajado aunque no fuese necesario. Jhonny estaba completamente
alterado frente a la extraña aparición que tenía este sujeto, y al pedir
explicaciones al respecto James solo giraba en cosas sin sentido, claramente había algo extraño detrás de
todo esto.
Ellos eran tan iguales
pero al mismo tiempo tan diferentes, era raro poder decir que eran hermanos y
que más encima se llevaran tan mal. El momento se volvía cada vez más tenso,
Jhonny estaba perdiendo los estribos y peleaba con su propia conciencia para no
comenzar a lanzarle cosas a la cabeza a James, o pero aún… comenzar a golpearlo.
De todos modos esa discusión no acabaría bien, sea como sea alguien debía
intervenir antes de que las cosas pasaran al siguiente nivel.
–
Ya te dije que
debes relajarte – James sonreía al ver a Jhonny como un toro rabioso.
–
¡Quiero que te
vayas de mi casa! ¡AHORA!
–
No puedo
hacerlo hermanito, tu querida esposa propuso que me quedara y no voy a negarme
a eso…
–
Dime lo que
quieres, no creo que hayas querido venir solo para verme – encogió sus ojos,
enfadado – Sé que tienes otras intenciones… y prefiero que me las digas antes
de que acabe contigo.
James sonrió una vez más y
rápidamente dejó sin movimiento a su hermano con una especie de llave de las
tantas artes marciales que él sabía, dobló su brazo hacía su espalda y puso su
ante brazo en su cuello, podía hablarle claramente al oído sin necesitar más
fuerza que no fuera la justa para mantenerlo en esa posición.
Le pidió que se calmara,
exigió tranquilidad mientras él permanecía en su casa porque no quería más líos
en su desastrosa vida. Había tenido ya suficientes problemas como para que se
sumara uno más, no le especificó bien a lo que había venido a San Petesburgo
pero no quería que siguiera preguntando al respecto, además de que quería
llevar un tiempo con nuevos aires. Estaba usando un tono amenazador y realmente
convincente como para que Jhonny no se negara a ninguna de sus peticiones.
Quedó claro, lo soltó
luego para mirarlo a los ojos de la misma manera en que él lo miraba, directo a
sus azules ojos intentando persuadirlo con vista amenazadora, pero no se podía…
ambos tenían los mismo ojos asesinos y calculadores que el efecto no resultaba
como en otras personas. Par de idiotas
rudos.
Salieron entonces para
almorzar luego de las casi cuatro horas
en que habían permanecido discutiendo encerrados en aquel cuarto,
tranquilizaron a Helen y le dieron una excusa estúpida de que eran problemas de
cuando eran jóvenes… cosas que ni siquiera ellos mismos pudieron explicar
claramente. La mujer al menos quedó más calmada aunque seguía un poco asustada
al respecto, ella jamás había escuchado tan alterado a su marido, aunque bueno…
éste siquiera pasaba tanto tiempo en casa.
Klabin mientras tanto
permanecía en ASO revisando la documentación de otros tantos agentes que
volvían de sus encargos exclusivos de espionaje, ya que para los asesinatos
estaban solo un grupo privilegiado. A eso de las cinco con treinta y dos, Jhonny
apareció por las oficinas preguntando por Phoenix a lo que Klabin prefirió
guardar silencio y no darle aquella información, más que mal a él no le
incumbía.
El sujeto insistía, pero
su superior no pretendía decirle nada al respecto y solo para colmar la
paciencia de Smirnov le preguntó como iban las cosas con su hermano. Jhonny se
dio cuenta entonces de que James estaba aquí porque alguien lo había llamado
con otras intenciones, y que por supuesto había sido Klabin.
–
¿Para que lo
trajiste? – frunció el seño – ¿Cuál es el propósito?
–
Siempre hay
que mantener buenas relaciones con la familia, ¿no lo crees? – rió.
Jhonny ya entendía quien
había traído a su hermano desde el misterio, solo le faltaba averiguar el
porqué. Lo cuál no sería fácil ya que nadie le explicaría al respecto… algo
tramaban contra él y no creo que alguien sea tan estúpido para decirle.
Salió entonces hasta el
cubículo que usaba Phoenix e intentó examinar solo con la mirada algún tipo de
información que le pudiera decir dónde estaba, pero nada. Partió hasta
recepción y usó su autoridad para que la mujer le dijera cuál había sido la
misión encomendada para la chica, incluso le dieron los datos que Jhonny no
había pedido. Ya sabía donde encontrarla.
A esa misma hora, en el
gran recinto de la “competencia” las modelos se presentaban como unas completas
señoritas luciendo trajes de gala, caminando como unas divas por una alfombra
que se utilizaba para resaltar el camino indicado. Krauss se sentía más
vigilada que de costumbre, unos fotógrafos la capturaban e intentaban
inmortalizar su esbelta figura… ella
llamaba la atención lo quisiera o no. Paso tras paso provocaba una
sensación extraña en el lugar, los ojos de las cuatro personas que servían como
jurado la apuntaban tal vez con más requerimiento y exigencia que a las otras
concursantes ¿por qué? Aún no lograba
comprenderlo, pero por su forma de ser acabaría averiguándolo pronto.
Cerca de las ocho de la
noche la sesión acabó, Lewis y la pelirroja decidieron volver a sus respectivas
moradas sin hablar mucho, aún había un poco de tensión entre ellos por culpa de
la osada acción de Thomas hacía Phoenix la noche anterior, pero eso no podía
detenerlos frente a la misión que se les había encomendado.
Krauss entró en su
departamento y una voz la hizo detenerse frente a la mesa de la pequeña cocina,
a sus espaldas apareció Jhonny altamente indiferente frente a sus ojos
extrañados, se acercó a ella con las manos en los bolsillos de su pantalón,
Phoenix se giró para mirarlo de frente y no comprender qué era lo que hacía
allí. El hombre se acercó a ella lo más que pudo hasta rozar sus narices con
suavidad y misterio, ese que tanto le gustaba a ambos cuando estaban solos…
–
¿Qué haces
aquí…?
–
Vine por ti –
dijo él con una voz ronca y profunda.
–
No te
necesito… No insistas en algo que no volverá a ser igual.
Los profundos ojos de la
chica atravesaron los azules de Jhonny, quien no lo pensó dos veces y tomó el
rostro de Phoenix con fuerza e impactó sus labios con brutalidad y pasión para
hacerle recordar los buenos momentos que solían pasar juntos antes de que todo
cambiara. Pero aunque las cosas tal vez podrían seguir a partir de aquel paso,
Phoenix se retuvo y con sus manos alejó a Jhonny, el cuál la miró extrañado y
con el seño fruncido… No se esperaba ese
tipo de reacción por su parte.
A partir de entonces, los
gritos abordaron el departamento. Jhonny estaba accesible a la explosión del
caos, estaba alterado desde hace rato con todo lo que le estaba pasando y esta
no fue más que una acción que rebalsó su vaso de paciencia.
–
¿Pero qué te
pasa? – gritó.
–
Eres un idiota
que no logra comprender que ya no quiero nada – negó con su cabeza – Esto ya no
puede seguir Jhonny, tú arruinaste todo…
–
¿Yo? – rió con
ganas – ¡Tú estás arruinando todo! Apuesto que es por Lewis que estás así.
–
¿Por qué metes
a Lewis en esto? – rió irónica y calmada Phoenix.
–
Ese sujeto
nunca te dará todo lo que yo te di – le dijo en tono de humillación – Sin mí tú
no eres nada Phoenix, nunca nadie te hará feliz como lo hice yo y si sigues así
te quedarás tan sola como antes de que te recogiera de la puta calle – bufaba
como un animal rabioso, utilizando un
tono hiriente.
La chica guardó silencio
de un momento a otro cuando Jhonny comenzó a sacarle en cara todo el
sufrimiento y la soledad que tuvo que enfrentar antes de conocerlo, vagando por
las calles… matando para sobrevivir en
las viejas calles de Alemania…
–
Acabarás
hundiéndote otra vez, perdiendo el puto control y volviéndote loca ¿eso es lo
que quieres? – rió – Pues hazlo, yo estaré en primera fila aplaudiendo tu
autodestrucción… porque no sabes hacer otra cosa – la repudió.
–
Vete… y no vuelvas nunca más…
–
Bien – gritó –
Porque no quiero ver tu cara otra vez.
La puerta se abrió sola,
tal vez los entes que perseguían constantemente a la pelirroja una vez más
aparecían para ayudarle de cierto modo. Jhonny miró los ojos de Phoenix por una
“última” vez, la mirada perdida y perturbadora lo atacó por unos segundos y
algo lo obligó a irse, a su espalda se cerró la puerta de golpe.
Pasado aquello Phoenix se
sentó junto al refrigerador con sus piernas flectadas. En la ventana grande que
había cerca de ella una sombra tenebrosa apareció y se mantuvo varada allí
largo rato sin moverse, observándola mientras sus demonios peleaban en su mente
retorcida cuestionando cada acción que había cometido.
Con un dolor que por primera vez le llegaba con fuerza
derramó lágrimas pequeñas, saladas y frágiles que corrieron desde sus oscuros
ojos hasta el suelo, un arrebato enorme de destrucción apareció en su interior
pero no se dejó masacrar por aquello…
sabía que las palabras podían dañarla más que cualquier otra cosa. Levantó
la mirada hasta aquella oscura cosa que la vigilaba, se lamentó en silencio y
perdió vitalidad, sus parpados pedían desesperadamente cerrarse pero no lograba
comprender porqué, algo en su pecho se estaba apagando y una sensación de vacío
la hizo sentir presa del miedo, de la soledad… del cariño carente.
–
No puedes abandonar ahora, estás dentro del juego…
–
Estoy harta.
–
Si quieres perder debes terminar, no seas cobarde…
sabes que es una mala decisión…
–
Ya no sé lo
que es malo – rió con dolor.
–
Si lo sabes, sólo no quieres darte cuenta de ello.
No te rindas. Demuéstrales quien eres y porque deben temerte…
–
Ya es tarde
para eso.
–
Para alguien cómo tú nunca es tarde. Puedes
hacerlo…
Se levantó como un alma en
pena, respiró profundo y levantó la mirada hacía el lugar en donde se
encontraba aquella misteriosa sombra, desapareció y caminó hasta la puerta, se
detuvo por su abrigo y partió hasta el lugar en donde se estaba realizando el
supuesto casting de modelaje.
Cómo buena espía, entró
sin problemas, se preocupó de cada detalle de una manera improvisada y precisa,
esquivó las cámaras de seguridad, evadió toda posición de los guardias. Sus
pasos sigilosos la llevaron hasta la oficina central de la cuál aún provenían
ruidos de conversaciones y la luz podía escaparse por debajo de la puerta.
Mantuvo la calma, cerró
los ojos para adentrarse en aquella oficina de una manera bien preparada,
agudizó sus sentidos en absoluta magnitud para escuchar y sentir cada
movimiento que provenía desde adentro. Dos
personas en su interior, una mujer, un hombre y tal vez estaban bebiendo
champaña cara en copas de cristal, él estaba fumando un cigarrillo caro y ella
reía porque él la admiraba por su sensualidad.
Perfecto.
Y sin cubrir su rostro giró la perilla de la puerta para entrar como si nada
estuviese ocurriendo, el hombre se puso de pie asombrado de verla allí a esas
horas, Samantha era la mujer presente y se mostró asombrada también pero no
tanto como Charles. Krauss caminó hasta él, lo miró de frente sin temer a nada
de lo que pudiera pasar y con una agilidad tremenda saltó el escritorio para
inmovilizarlo, sosteniendo su cuello con fuerza y una de sus manos atrapaba uno
de sus brazos.
–
Esto es para que entiendas que no siempre lograrás
todo lo que quieras en la vida. Como te lo da, también te lo quita… puto
bastardo – susurró con ira en su
oído.
Y antes de que el sujeto
pudiera decir o hacer alguna cosa, la pelirroja quebró su cuello con una
habilidad tremenda, tomó la cabeza del hombre y la azotó contra el ventanal
para quebrarlo, luego dejó el cuerpo donde mismo y se dignó a marcharse.
–
¡Espera! ¿Qué
hago ahora? – le dijo Samantha desesperada.
–
Saldré por
atrás, comienza a gritar y diles que el asesino se escapó por la ventana… toca
la perilla de la puerta cuando salga y así tus huellas estarán allí… no
respondas calmada o sospecharan – contestó Phoenix entrecerrando sus ojos.
–
Está… bien –
asintió.
La pelirroja salió de allí
y Samantha comenzó a chillar como una loca, atrayendo así la atención de los
guardias que cumplían una labor estúpida y mal realizada. Krauss caminó
tranquila hasta su departamento mientras desataba su dolor entre sollozos que
lograban marcharse con la brisa que había aquella noche, sentía un peso menos
de cierto modo, pero aún mantenía esa
amargura dentro de su garganta.
Cerró la puerta con fuerza
y se fue a la cama para acabar con el calvario del día, lamentarse entre sueños
no era lo de ella… simplemente sería la última noche en aquel maldito
departamento y volvería a su vida “normal” dentro de unas pocas horas, alejando
el mal momento vivido recientemente. Sin embargo el sueño no pudo abordarla,
sentía que había algo le faltaba hacer como para sentirse completa de cierto
modo y así taparle la boca al idiota que la había insultado directamente.
Se puso de pie y golpeó la
puerta que unía su departamento con el de Lewis, tardó varios minutos para que
éste le abriera y recibiera uno de los besos salvajes de la mujer. Él no se
negó, muy por el contrario… apoyó aquella batalla de carnosidades como si
estuviera esperando aquel momento, Krauss lo empujó contra la pared, lo
acorraló tal como un pervertido a una colegiala. Lewis no entendía bien la
situación pero tampoco se detuvo a preguntar que pasaba, simplemente se dejó
llevar por el momento y disfrutar de la que tal vez sería una noche alborotada
y sin duda… le sería inolvidable.

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