ECLIPSE
Un
mar de inseguridades con justa razón aparecía rápidamente dentro
de la cabeza de Thomas quien no lograba comprender aquella osada
reacción de su compañera. Aunque le parecía extraño no se detuvo,
le gustaba mucho el hecho de que la chica a la cuál estaba
persiguiendo desde que la conocía le arrebatara las ganas de una
vez.
Sus
cuerpos comenzaban a sentirse extasiados mientras el momento avanzaba
como una mala película, lentamente y tal vez los detalles eran un
poco bizarros. Phoenix se detuvo un momento para mirar a los ojos a
Lewis quien aún asombrado ya estaba más emocionado y esperando a
que todo siguiera el rumbo correspondiente que lo llevaría a tener
la gloria ansiada. Entonces mientras esa pausa se hizo presente Lewis
tuvo el valor de preguntarle porque estaba haciendo aquello…
a lo que ella no tuvo el coraje de responder.
- No quiero que esto sea un impulso innecesario – dijo con agallas.
- Tal vez será lo mejor para ambos y así darnos cuenta de lo que realmente vale la pena – dijo ella con una mirada perdida quien sabe en donde.
- ¿De qué hablas…? – rió Thomas un poco nervioso.
Y
fue allí cuando Phoenix pareció volver en sí y mirarlo como lo
hacía siempre, con una sonrisita bien disimulada y unos ojos
encogidos como descifrando sus pensamientos. Se acercó lentamente a
su boca y lamió sus labios con una timidez poco común en ella, lo
que claramente alborotó las hormonas de Lewis y le hizo volver a la
acción que se estaba llevando a cabo.
La
tomó entre sus brazos, Krauss rodeó con sus piernas el torso del
hombre tal como un koala a un árbol, Lewis la llevó con cuidado a
su cuarto mientras se besaban con una pasión asombrosa… la
que podría encender fuego hasta en el lugar más frío.
Se sentó en el borde de la cama y comenzaron a desnudarse poco a
poco a medida que la situación lo ameritaba, mientras que su
confianza lograba tener sentido y más que nada sentirse cómodos
junto al otro. Parecía que ambos habían esperado mucho para que
pasara algo como esto pero nunca ninguno tuvo el valor de hacerlo,
sin embargo solo Thomas había esperado por esto, ya que la pelirroja
solo hacía esto por despecho y muy en el fondo de su subconsciente
era para probarse así misma que podía lograr taparle la boca al
idiota que pensó una vez… que
amó.
Dieron
comienzo al maravilloso acto sexual luego de mucho tiempo en el que
se dedicaron a tocarse y acariciarse el uno al otro como si su cuerpo
fuera algo nuevo para ellos, explorando tal vez el nuevo territorio
que lograrían adaptar a su mundo. Ambos desnudos en la inmensa cama
se movían al compás de los placenteros gemidos emitidos mientras se
entregaban plenamente el uno al otro, callando su deseo entre besos,
entre lamidas… entre caricias que podían calmar a la fiera más
ruidosa. Un espectáculo digno de dioses, siendo maravillados
solamente por aquellos dos, compartiendo una intimidad que parecía
ser un misterio poco cercano a descubrir.
El
sudor se hizo presente a medida que ambos cuerpos se relajaban entre
dulces tactos, haciendo parecer frágil a la chica más peligrosa que
el mismo hombre había conocido…
¿Es que acaso todo esto estaba pasando en realidad?
Thomas no podía dejar de pensar eso una y otra vez, se cuestionaba
en un momento en que solo debía disfrutar de la gloria aclamada,
parecía un poco infantil de su parte pensar que en verdad estaba
teniendo sexo con la que alguna vez había sido su peor enemiga
solamente por apariencia.
Se
entregaron el uno al otro lo que durara el momento, desatando
internamente un duelo fatal de sensaciones encontradas, apagando
demonios que solo lograba confundirlos para su mal… atacándolos
incluso en un momento cómo este.
Acabaron
agotados, reposando en los aposentos de aquel departamento que había
sido abatido por los placenteros sonidos emitidos por aquel par de
agentes. Phoenix parecía una frágil chica junto a Thomas que jugaba
al papel del macho realmente varonil que podía protegerla de
cualquier mal, siendo ella más arriesgada que él. Había un
ambiente de calma luego de que el silencio se hiciera presente, ambos
estaban agotados porque habían dado su mejor desempeño en el
cuadrilátero de perillas, no se dijeron nada más luego de eso.
Krauss se durmió dándole la espalda a Lewis quien aún no entendía
del todo como acabaron desnudos en su cama.
Por
otro lado, los guardias en aquella casa buscaban como idiotas al
supuesto asesino de Charles Smith, quien por obvia razón jamás
sería hallado. Samantha permanecía nerviosa porque en realidad no
tenía ni idea de lo que debía hacer, y mentir no era precisamente
su fuerte, sólo le quedaba hacer una cosa: actuar
como una loca.
Debía
despistar a aquellos hombres que por muy tontos que parecieran
lograban sospechar de aquella simple mujer que sólo estaba en el
lugar equivocado... en el momento equivocado. Las miradas hacía
Samantha provocaban que ella comenzara a cuestionar su estancia en
aquel lugar, dejando para su mente un colapso poco recurrente para
una profesional de la mente como lo había demostrado en su larga
trayectoria de Psicóloga.
- ¿Entonces...? – preguntó Samantha un poco desorbitada.
- Usted no puede moverse de aquí ya que fue testigo clave – dijo un policía que había llegado hace unos pocos minutos.
- No puedo quedarme aquí por mucho, tengo trabajo que hacer – dijo testaruda.
- ¿De verás? – el policía entrecerró sus ojos – La veo bastante despreocupada ante la muerte de su jefe, señorita...
- Sólo comencé hace unos pocos días, siquiera estaba interesada en formar lazos afectivo con un tipo cómo él – miró el cadáver que yacía hacía un lado.
El
policía la miró extrañado, preguntándose la razón para que la
bella mujer hablara de aquella forma sobre su jefe recién fallecido.
Samantha debió explicar bien lo que había sucedido, todo lo que
respectaba al comportamiento de Charles hacía ella, hacía el resto
de mujeres. En verdad de cierto modo agradecía que un tipo tan
despreciable acabase así, aunque obviamente a los detectives seguía
inquietándoles
la forma de actuar de la asesora.
Decidieron
entonces, llevarla a la estación de policía en donde se
desarrollaría la investigación correspondiente al caso de la muerte
de Charles Smith. Claramente esto alteraba todos los nervios de la
mujer en cuestión, comenzaba a sentirse acabada y desprotegida
¿Cómo ASO lograría sacarla de algo cómo esto? Necesitaba
entrar en contacto con ellos lo antes posible para evitar todo tipo
de retrasos, de hecho ella jamás imaginó que acabaría siendo
sospechosa del caso... Phoenix había cometido un error, tal
vez.
La
noche aterraba a las almas en pena, el viento corría a través de
todo espacio disponible por el que pudiera escurrirse, el desafío de
la oscura inmensidad era demostrar que algo raro estaba pasando y que
nadie se estaba percatando de ello.
Unos silenciosos pasos podían escucharse por las calles.
Un rumbo sin estipular, no estaba claro a donde se dirigía, ni
siquiera sabía si podría lograr su cometido. Patrick hacía guardia
fuera de la estación de policía al enterarse de la reciente
aprensión a la compañera de la pelirroja, él sabía que tarde o
temprano la chica aparecería y podría arribarse a ella una vez más
para convencerla.
Pero
la noche pasó, Samantha debió permanecer en aquel calabozo tras
todas las preguntas que se le hicieron para encontrar al verdadero
responsable sobre el reciente asesinato, lo que mantenía nerviosa a
la mujer ya que no sabía como afrontar este tipo de situaciones, más
que mal ella sólo era una psicóloga no una agente preparada para
esto.
En
las oficinas de ASO, la incertidumbre se hacía presente por parte de
Albert y Frederick al ver actuar de una manera bastante inusual al
rubio Jhonny. Se mantenía sentado frente a su escritorio sin mover
absolutamente ningún musculo, como si apenas respirara... era un
poco obvio que algo le pasaba y su amigos se preocuparon, hicieron
notar su extrañeza al respecto, pero parecía que Smirnov no los
escuchaba. Mantenía apretada su mandíbula, estaba molesto y eso
podía notarse...
- ¿Qué sucede Jhonny? - dijo finalmente Albert.
- ¿Te comieron la lengua? - rió Frederick tras el silencio sepulcral del rubio.
Ambos
se miraron en un silencio incómodo, parecía que la cosa era seria
pero no podían ayudarle en nada ya que él no colaboraba. Volvieron
entonces a sus tareas respectivas con calma, hasta que a eso de las
diez en punto de la mañana ingresaron por la puerta principal del
piso Krauss y Lewis muy complices, provocando en sí una rareza en el
ambiente. Thomas caminaba tras ella tan guardian cómo alguna vez lo
hizo Jhonny, entones al momento en que el ruso los vió, supo
lo que pasaba...
y su ira aumentó notablemente, incluso parecía que ocurriría lo
peor.
- Krauss, Lewis... a mi oficina. – recriminó Klabin cuando los vio entrar.
Los
agentes asintieron sin más y se dirigieron a dicho lugar, cerrando
la puerta a sus espaldas y tomando asiento frente al sustituto del
viejo Xavier. El sujeto revisó las carpetas que tenía sobre el
mueble y felicitó a los agentes por esplendido trabajo, aunque
bastante sorprendido en la velocidad en que se llevó a cabo, aunque
también por el inconveniente de Samantha que permanecía bajo
arresto en la estación de policía; fue lo único que tenían en su
contra y más Phoenix que el mismo Thomas.
Dicho
aquello se dio por concluída la misión y Klabin mandó a un par de
representantes para traer de vuelta a la prisionera psicóloga, ella
no tenía porqué pagar aquella condena, a cambio llevarían a otro
hombre que harían pasar por culpable y que claro... no
tenía nada que ver.
El
ambiente ya parecía extraño y pidió que Phoenix se quedara un
momento más en la oficina haciendo así salir a Thomas. Krauss lo
miró sin más y esperó a que preguntara lo que quería saber, sabía
a la perfección que tenía que ver con Jhonny y ella prefirió no
referirse al tema.
- Si quieres saber lo que sucede pues que él te lo diga. No me gustan los chismes y no voy a ponerme a charlar sobre mi vida con un inepto cómo tú – pestañeó lentamente.
- Está bien – dijo doblegando su brazo luego de insistir – Puedes irte...
Sonrió
ella de una manera extraña y se marchó, caminó hasta su cubículo
y se sentó frente a la carpeta que merecía su atención; un extraño
mensaje en latín estaba entre los documentos y una rara sensación
de curiosidad la llevó a ponerse de pie y dirigirse rápidamente
hacía el ventanal de la zona norte, miró hasta el café que hacía
esquina justo al frente y una cabellera rubia la observaba.
“
Sé que tienes dudas... yo puedo ayudarte.
A.”
Alice
estaba allí, ¿Por qué? ¿Qué
quería? Phoenix
no quería sentirse abatida, pero era inevitable... incluso parecía
que en verdad la rubia podía ayudarla, aún no entendía cómo pero
sabía que ella podría hacerlo. Se mantuvo observando a la chica
desde las alturas sin algún tipo de emoción en su rostro, aunque la
intriga la carcomía por dentro se mantenía serena... hasta que
Alice desapareció entre la multitud que a esa hora transitaba.
Mientras que eso ocurría, en la
estación de policía Albert y Willie hablaban con los policías
sobre el supuesto asesinato de la noche anterior, mostrando pruebas
de que la mujer no tenía nada que ver, incluso atrayendo hasta ellos
a ese hombre inocente y libre de culpa que de ahora en adelante no
sería más que un bándalo con mala suerte. Los oficiales no querían
entender, hasta que el convencimiento que los agentes tenían los
hizo sucumbir, pudiendo así llevarse a Samantha de vuelta con ellos
hasta las oficinas de ASO. A las afueras permanecía Patrick
doblegando su brazo al darse cuenta de que Phoenix jamás vendría y
tendría que perseguirla en otra ocasión.
En el transcurso de regreso a la
empresa Samantha le relató todo a sus nuevos compañeros pidiendo
explicaciones, a las que ellos simplemente parecieron no entender.
Cuando arribaron Samantha enfurecida se dirigió a la pelirroja para
recriminarle lo sucedido, a lo que ella prefirió guardar silencio y
hacer oídos sordos antes los gritos sin sentido de la mujer que se
suponía debía ayudarle.
- No es mi culpa que no sepas hacer tu trabajo.
- ¡Tú eres quién aún no está lista para trabajar con otros! - dijo con un tono de superioridad la psicóloga.
- Por eso trabajo sola – bufó molesta con el seño fruncido.
- Pero yo debo evitar eso... para eso estoy aquí – acotó alterada.
- Déjame decirte... que tu trabajo para mi no es necesario – con eso acabó y se marchó.
Camino a la salida los oscuros ojos
de Krauss se atravesaron con los de Jhonny quien la miró con un odio
quevenía desde lo más profundo de sí. Lewis quiso perseguirla pero
ella prefirió salir sola, tomando su abrigo y marchandose hacía el
café de la esquina. En su lugar se quedó Smirnov golpeando el
escritorio enfurecido por el acutar que estaba teniendo la chica para
con él, Lewis por otro lado permanecía preocupado por su extraño
comportamiento provocado de la nada.
Sin
embargo al ingresar a dicho café Phoenix se encontró con James
(hermano
de Jhonny),
quien al verla se puso de pie y la obligó a sentarse con él para
beberse un café y comer panesillos para el frío. La ironía del
hombre hacía ella era un poco sofocante, parecía obviamente que
escondía otras intenciones, a las cuales ella se mantenía a la
defensiva.
- Pareciera que las cosas comenzarán a complicarse más con el tiempo...
Sonreía él mientras lanzaba una
servilleta en llamas hacía la barra en donde servían el café. Los
gritos no tardaron en aparecer, por alguna razón la puerta se había
trabado dejando a todos encerrados en el lugar que comenzaba a
sucumbir bajo el ardiente calor de las llamas que ya habían perdido
el control. El piso parecía que se caía a un pozo sin fin
llevandose con él a las mismas personas que aún permanecían allí,
una oscura sombra abrazó a Phoenix y susurró en su oído que pronto
sería revelada la verdad que cambiaría su vida. Logrando con eso
que ella despertara de aquel extraño trance en el cuál se había
sumergido de un momento a otro.
- ¿Qué sucede? – reía James – Parece que hubieras visto a un fantasma.
Tan irónico y tan certero cómo
siempre.
Una simple sonrisa por parte de la
chica fue lo único que obtuvo, permaneciendo en silencio durante
toda la estancia en aquella cafetería que le había hecho imaginar
cosas surreales que cada vez parecían más terroríficas...

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